Que estas buscando?

Mostrando las entradas con la etiqueta GENERO Y MACHISMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta GENERO Y MACHISMO. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de junio de 2008

El malestar en el lenguaje

 

 

 

Estos días, y a propósito de los miembros y las miembras de la ministra Aído, hemos asistido a un episodio más del malestar en el lenguaje. No estamos a gusto con la gramática. Y lo que importa ahora no es el caso concreto de las miembras, sino la cuestión de fondo. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué los vascos y las vascas, por qué todos y todas, por qué los licenciados y las licenciadas, etc.? Da la impresión, por la virulencia con la que unos y otros exponen sus argumentos, que en realidad se habla de otra cosa. Y, en efecto, se habla de otra cosa. Se habla, por ejemplo, de si las normas gramaticales transmiten ideología, de si fijan comportamientos, de si reflejan posiciones. La mayoría de los entendidos en cuestiones gramaticales aseguran que la lengua no es sexista.
Cuentan para demostrarlo con una cantidad notable de argumentos. Quienes afirman lo contrario, también. Estos días circula por Internet una demostración irónica de que la lengua castellana "no es machista en absoluto", basada, entre otros, en los siguientes ejemplos: Un zorro es un espadachín justiciero; una zorra es una puta. El perro es el mejor amigo del hombre; la perra es una puta. Un aventurero es un tipo valiente, osado, un hombre de mundo; una aventurera es una puta. Un hombre público es un personaje prominente; una mujer pública es una puta. Un adúltero es un hombre infiel; una adúltera es una puta. Un hombre que vende sus servicios es un consultor; una mujer que vende sus servicios es una puta. Y así sucesivamente. El diccionario, por su parte, está lleno de perlas sexistas que describen la realidad con la voluntad de que la realidad no cambie.
Afirmar que el machismo no se refleja en el lenguaje es como decir que la condición de gángster no se percibe en las manifestaciones verbales. Los pistoleros no se expresan como los obispos ni los investigadores como los carreteros. Es imposible que el machismo del que venimos, y en el que en gran medida continuamos instalados, no tenga su repercusión en el habla. Todo lo que pasa por la realidad se manifiesta en las palabras. Bastaría el reconocimiento de la incomodidad a la que nos referíamos al principio para comenzar a entendernos

Tomado de www.diarioinformacion.com

Series de TV dan mayor protagonismo a los hombres, que resuelven conflictos

 

 


En las series de la televisión española se da, en general, un mayor protagonismo a los hombres frente a las mujeres en todas las tramas, además de que ellos son los que desencadenan y resuelven el conflicto.


Estos son los principales resultados de un estudio, difundido hoy y llevado a cabo por el Instituto de la Mujer, titulado 'Tratamiento y representación de las mujeres en las teleseries emitidas por las cadenas de televisión de ámbito nacional', y cuyo objetivo fue el de analizar si las teleseries contribuyen a difundir estereotipos de género en sus contenidos.

El estudio, elaborado por Red2Red Consultores, buscaba además detectar el tipo de mensajes que se transmite y sus posibles contenidos discriminatorios y descubrir otros elementos que puedan contribuir a difundir una imagen sexista de las mujeres.

Para el análisis se han analizado nueve series: 'Ana y los siete', 'Aquí no hay quien viva', 'Hospital Central', 'Los Serrano' 'C.S.I. Miami', 'El Comisario', 'Yo soy Bea', 'House' y 'Prison Break'.

Entre las teleseries percibidas como más discriminatorias que la vida real destacan 'Yo soy Bea', en opinión de las mujeres, y 'Ana y los siete', entre los hombres.

El análisis revela también que las tramas en las que prima la temática sobre sentimientos y relaciones personales y sentimentales suelen estar protagonizadas por mujeres, mientras que en las que se narran historias sobre cuestiones sociales y laborales la presencia más destacada es la masculina.

La mayor presencia masculina en relación a la femenina también es evidente 'por el tratamiento cualitativo de los personajes en la definición de su personalidad, su rol o sus características, donde surgen elementos discriminatorios y estereotipados'.

A la hora de definir los modelos de mujeres y hombres, en ambos casos se ha localizado un modelo al que se ha denominado 'infalible', según pone de relieve el análisis.

'Pero mientras que el 'hombre infalible' parece que se ha construido desde un punto de vista positivo, el de la 'mujer infalible' acuña ciertos aspectos negativos, es decir una mujer nunca puede llegar a ser perfecta del todo y si tiene éxito laboral es porque es demasiado ambiciosa', según el estudio.

Otros de los modelos de comportamiento asignados a las mujeres es el de 'celosas, objetos sexuales y cenicientas', mientras que los modelos masculinos determinados por el estudio son 'perdedores o sensibles', explica una nota difundida por el Ministerio de Igualdad.

'Ellos son líderes en los grupos en los que aparecen, ocupan puestos de mayor responsabilidad en sus trabajos y muestran más determinación en sus decisiones y actuaciones, mientras que las mujeres gobiernan en el ámbito privado, en sus hogares, son menos independientes y suelen ocupar espacios secundarios', según el estudio.

Además los protagonistas masculinos son violentos y líderes, los femeninos son sensibles y coquetos.

Un 45 por ciento de los encuestados para el estudio percibe que los protagonistas masculinos son violentos, un 48 por ciento que son líderes, mientras que un 62 por ciento percibe que ellas son sensibles y un 45 por ciento que son coquetas.

A su vez, el 45 por ciento de los varones consultados ve a los personajes de su mismo sexo como los protagonistas de las tramas laborales y un 46 por ciento de las mujeres considera que la belleza es un elemento primordial en las historias protagonizadas por los personajes femeninos.

Respecto a la percepción sobre la influencia de la televisión, el 60 por ciento de la población encuestada considera que la pequeña pantalla puede contribuir a conseguir una sociedad más igualitaria, mientras que el resto estima que su fin no es la concienciación sobre la igualdad, sino el puro entretenimiento.

Para el análisis se llevó a cabo una encuesta con una muestra de 1.600 personas (735 hombres y 865 mujeres) del conjunto de Comunidades Autónomas, que buscaba analizar las opiniones y valoraciones de la población española en relación a sus teleseries favoritas desde una perspectiva de género.

Tomado de actualidad.terra.es

'Por la erradicación del lenguaje sexista'

 
 
 
 
DON Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebró en Cartagena de Indias (Colombia) en 2007, en un panel en el que se planteó que para cuándo la revisión con perspectiva de género del diccionario de la docta corporación, dijo que había «encargado a un grupo feminista que hiciera proposiciones y las aceptamos casi todas». Pero agregó que no habían aceptado todas las sugerencias «porque no quisimos hacer militancia feminista». Nótese que no entró a valorar si las aportaciones de las feministas lingüistas eran pertinentes o no, sino simplemente que ya valía. Queda la sensación de que las aportaciones eran lingüísticamente correctas porque de no haberlo sido, hubiese tenido la salida más airosa de que 'habían recogido sólo las aceptables'. Ante tamaña arbitrariedad ningún intelectual o autoridad lingüística hizo ninguna observación, ni los medios de comunicación y blogs se llenaron con artículos, cartas al director, comentarios firmados por nombres sonoros sobre el desatino de don Víctor.

Cuando en 2004, se debatió y aprobó en el Parlamento Español la Ley de Violencia de Género, la RAE se pronunció en contra de usar la expresión 'violencia de género' en una Ley Orgánica, alegando que en español «no existe tradición de uso de la palabra sexo como sinónimo de género». Tampoco hubo comentarios a su informe, ni siquiera se preguntó nadie porqué el DRAE recoge términos como 'overbooking', 'free-lance' o 'cameraman' frente a los castizos 'sobreventa', 'autónomo/a' o 'cámara' y todavía no ha incorporado la acepción de 'género' como una construcción cultural que atribuye a cada sexo características sociales y 'comportamentales', resultado de la socialización y el aprendizaje, y que, al menos desde 1975, se está utilizando en todo el mundo hispano -hay cátedras de Género en muchas universidades y doctorados y posgrados-, con una bibliografía amplísima y que ha calado ya en la comunidad hablante.

Sin embargo, cuando una organización feminista, la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, pone en marcha una campaña «Por la erradicación del lenguaje sexista», y en una rueda de prensa habla de la importancia que tiene el lenguaje como constructor de nuestra identidad y de nuestra visión del mundo y que, lógicamente, si vivimos en una sociedad androcéntrica su lenguaje tiene que serlo o estar contaminado porque es su expresión. Y yendo más allá dice que tampoco es cosa de ayer por la mañana sino que el lenguaje cambia y que el español es una lengua románica que por lo tanto deriva del latín y que algo le tocará... entonces se arma.

Eso es coger el rábano por las hojas. O... o demuestra que esa campaña es mucho más necesaria de lo que cabría imaginar, que hay una resistencia militante sexista a que cambie la sociedad y el lenguaje o el lenguaje con la sociedad. Van juntos.

Que proponen términos como 'jóvena', 'miembra', 'lídera' y otros. ¿Y qué? Son propuestas individuales, usos; demos tiempo al tiempo y veremos si triunfan. Don Miguel de Unamuno habló de 'nivolas', voz que no ha triunfado, Juan Ramón Jiménez se negó a usar la 'g' ante 'e', 'i' y fue premio Nobel; el académico Pérez Reverte escribe 'bluyín', cuando todo el mundo dice 'vaqueros' y un poco más arriba iban unas perlas sancionadas por la RAE.

Menos hipocresía.

De los muchos artículos críticos con respecto a esta Campaña que se pueden rastrear en Internet, ninguno critica la campaña en sí misma sino que se quedan en la anécdota y el chascarrillo. Y de todos ellos el más lacerante es el del referido académico Pérez Reverte, por eso, por ser académico. Cabría esperar de una autoridad lingüística que midiera sus palabras.

Con respecto al contenido no dice nada. Pero insulta, insulta mucho, hace valoraciones sesgadas e incluso confunde porque habla de «palabras de género neutro», cuando debería saber que en castellano sólo hay dos géneros gramaticales el masculino y el femenino; el género neutro no existe, hay formas lexicalizadas neutras como lo blanco, lo imbécil -por usar un término que le debe ser muy familiar a juzgar por la cantidad de veces que lo usa en su artículo-.

Este académico se permite valorar la inteligencia y capacidad de comprensión de la presidenta de la Plataforma Andaluza porque no está de acuerdo con su opinión, porque no ha hecho la lectura de la historia de la lengua como él, y eso para él es ignorancia, no otro punto de vista, aunque incluso lo juzgue disparatado. Cierto que está en su derecho a rebatirlo con argumentos y cortesía. Y cabe la pregunta, si en vez de haber sido una mujer y feminista hubiese sido un varón 'intelectuata' que propusiera suprimir la 'h' inicial de las palabras porque es muda, ¿hubiera respondido así? Es decir ¿habría argumentado, o insultado? ¿No nos encontraremos ante un claro ataque misógino (desprecio a las mujeres), sexista (lo masculino vale más que lo femenino) y androcéntrico (el varón es el patrón único)? Luego la campaña es pertinente.

Las abajo firmantes apoyamos la campaña de la Plataforma Andaluza, que se une a otras muchas iniciativas como la de la UNESCO que en 1991 sacó sus Recomendaciones sobre un uso no sexista del lenguaje y que empiezan con el siguiente párrafo:

«El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que influye en nuestra percepción de la realidad. Al transmitir socialmente al ser humano las experiencias acumuladas de generaciones anteriores, el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y determina nuestra visión del mundo». Así que no es una nimiedad el hecho de que en nuestras lenguas románicas el género masculino se presente como el universal no marcado, además del masculino marcado, y de que el femenino sea el particular marcado. Esta simple exposición gramatical nos está dando mucha información sobre la disciplina lingüística y quienes la han fijado. La sociedad se transforma, evoluciona, y esos cambios no sólo deben recogerlos las lenguas, sino que las mismas lenguas deben modificarse para recoger los cambios, cosa que, por cierto, ha sucedido en muchas ocasiones. Hoy no hablamos como en el siglo de Oro, ni siquiera como a principios del siglo XX.

Por último, unas palabras de la antropóloga y feminista mexicana Marcela Lagarde: «Incontables mujeres construimos desde hace por lo menos dos siglos nuestra identidad de género, marca de nuestra condición humana específica. Al dotar a la palabra 'mujer' de una historia hasta ahora misóginamente silenciada e inferiorizada, la hemos resignificado y la hemos hecho imprescindible en todo discurso abarcador. Es evidente que la condición masculina resulta limitadísima y equívoca para representar y simbolizar a las mujeres; además, el uso generalizador y homogeneizador de hombre viene de la pretensión de entronizar a los varones en cuantas identidades someten a su regencia».

Ánimo a la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, y a su campaña 'Por la erradicación del lenguaje sexista'
 
tomado de www.ideal.es

lunes, 16 de junio de 2008

El lenguaje es sexista. ¿Hay que forzar el cambio?

 

 

El idioma es reflejo de una sociedad machista - Pero el feminismo de la ministra Aído choca con la gramática - ¿Hay que respetarla o imponer su transformación?

TEREIXA CONSTENLA

 

La palabra "miembra" es una incorrección. No figura en el diccionario de la Real Academia Española, que fija la norma. Proferirla es una "estupidez", una "sandez" y una muestra de "feminismo salvaje", según Javier Marías, Fernando Savater y Juan Manuel de Prada. Pocas veces un error gramatical -con o sin intención- desató tales diatribas contra una miembro del Gobierno como le está ocurriendo a Bibiana Aído, la primera ministra de Igualdad de la historia de España. "Palabras como guay o fistro no tuvieron tanta dificultad para ser incorporadas al diccionario. Puede haber una cuestión de machismo de fondo", se quejó la ministra días después en una entrevista en la que cometió otro error: la palabra fistro no figura en el diccionario.

 

Lo de "miembras" disgusta hasta a las miembros como Ana María Matute

"No se puede emitir lenguaje con BOE, hay palabras que triunfan y otras no"

El feminismo y la gramática española no se llevan bien. Viene de antiguo. "El lenguaje está creado por el hombre, para el hombre y tiene como objeto el lenguaje del hombre", sostiene la filóloga Pilar Careaga, autora de la obra El libro del buen hablar. Una apuesta por un lenguaje no sexista. Las mujeres se quejan de que no existen si no son nombradas, o que sólo figuran de forma peyorativa en un sistema lingüístico creado en sucesivas etapas de la historia en las que lo femenino no pintaba nada. La igualdad es tan reciente como que las españolas lograron el derecho a votar en 1931, mientras que los varones lo obtuvieron por vez primera en 1890. Los guardianes de la lingüística lo encuentran absurdo. "No tiene sentido pensar que la gramática está contra los hablantes. No es verdad, pero en las lenguas romances el masculino es el término no marcado", tercia el académico Ignacio Bosque.

¿Se puede decir "miembra"? Ya quedó dicho que no, que la RAE considera al sustantivo "miembro" como un nombre común en género, esto es, un término ambidiestro, que sirve para unas y otros (las miembros, los miembros). Un transformista que se feminiza o masculiniza según el contexto. Claro que no siempre fue así. Hasta 2005, la palabra "miembro" era considerada por la Academia un epiceno, un nombre asexuado, sin femenino ni masculino, como "víctima", "bebé" o "criatura". Conclusión: las cosas cambian.

Hasta el académico Salvador Gutiérrez, catedrático de Lingüística General de la Universidad de León, concedió en plena tormenta que lo que hoy suena peregrino, mañana puede ser norma si la población comienza a utilizarlo. "La lengua es el organismo más democrático que existe en el mundo", declaró.

En esa evolución de las lenguas están de acuerdo todos. En que lo hacen atendiendo a patrones de la calle, también. "No se puede emitir lenguaje con BOE, el lenguaje se crea todos los días y hay palabras que triunfan y otras no", sentencia Careaga. Como triunfó "rebeca" para designar a las chaquetas de punto sin cuello que vestía la protagonista de la película que dirigió Alfred Hitchcock a partir de la novela de Daphne du Maurier, Rebeca. "Las palabras van cambiando, pero no se puede hacer por decreto ni pedir a la Academia que las cambie. La Academia refleja la realidad", sostiene Bosque, que coordina los trabajos para la nueva gramática, que sustituirá a la vigente desde 1973 (en realidad, un esbozo de la aprobada en 1931). Un capítulo de la obra se dedicará íntegramente al género.

Hay filólogas, con años de experiencia en el estudio del sexismo en el lenguaje, que sí defienden el uso de la palabra "miembras". "¿Era incorrecto decir abogada antes de que la palabra estuviese en el diccionario de la RAE?", interpela retóricamente Eulalia Lledó. "No", contesta, "la corrección en la lengua no es un valor absoluto. Y no veo nada en contra de la corrección de la palabra miembra".

El Instituto de la Mujer, en su proyecto nombra.en.red, una base de datos para promover la escritura en femenino y en masculino, acepta la clasificación del diccionario de la RAE. Pero no exclusivamente: "No podemos ignorar que son cada vez más las hablantes a las que les gusta denominarse miembras, en contra del criterio de la Academia. Entre las alternativas que sugerimos, se cuentan también aquellas que consideran la posibilidad de que la palabra miembro pase a ser de doble género, femenino y masculino".

Cuando esto lo ha asumido la ministra Aído, en un guiño a las organizaciones de mujeres que luego trató de rectificar y de nuevo reivindicar, la Academia se soliviantó. Lo de miembras disgusta hasta a las miembros. "Me parece increíble que una ministra tenga tan poco rigor, lo encuentro ridículo y negativo. La Academia no inventa, es un notario", sostiene Ana María Matute, la única escritora que pertenece a la institución. La historiadora Carmen Iglesias y la científica Margarita Salas son las otras dos mujeres que se sientan en la Academia, donde el 93% son hombres.

"No cambiaría con más mujeres en la RAE. Hay personas que defienden los cupos y otras, no. Lo importante es dar igualdad de oportunidades y que los puestos se hagan en condiciones de igualdad", asevera el académico Ignacio Bosque.

Distinta es la opinión de Pilar Careaga: "Cambiaría con el 50% de académicas. Pero ocurre que tres varones proponen a alguien que tiene que ser aprobado por una corporación varonil. ¿Es que Almudena Grandes y Maruja Torres son peores que Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte?". Para la filóloga, el crédito de la institución está en entredicho por decisiones actuales y por exclusiones históricas: "Se califica a sí misma una Academia que no fue capaz de acoger a María Moliner, la lexicógrafa por excelencia". Moliner falleció en 1981, tres años después de que fuese admitida la primera académica: la escritora Carmen Conde.

La última persona en ingresar en la RAE ha sido el escritor Javier Marías. Días antes, publicó un artículo en este periódico que tituló: "No esperen por las mujeras". Y decía así: "Es absurdo, además de dictatorial, que diferentes grupos -sean feministas, regionales o étnicos- pretendan, o incluso exijan, que la RAE incorpore tal o cual palabra de su gusto, suprima del diccionario aquella otra de su desagrado, o 'consagre' el uso de cualquier disparate o burrada que les sean gratos a dichos grupos". Concluía señalando que no pueden borrarse vocablos por mucho que disgusten ahora al oído, como "judiada", porque ha existido y se halla en textos clásicos.

Ante palabras cargadas de prejuicios, Eulalia Lledó no propone la supresión, sino la incorporación de una nota pragmática aclaratoria. El diccionario recoge las palabras que la sociedad crea, pero también consagra los usos lingüísticos correctos. "La RAE debería haberse puesto a la cabeza y no ir detrás del proceso de cambio que vivimos. Las palabras tienen que estar al servicio de las personas y no al revés", considera Antonio García, fundador de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (Ahige).

El sexismo del lenguaje comenzó a combatirse a nivel internacional a partir de la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en México en 1975. No es exclusivo de las lenguas latinas. "Hay parámetros sexistas y androcéntricos universales, pero en cada lengua se manifiestan de distinta manera", indica Lledó.

Incluso el inglés, citado a menudo como un ejemplo libre de carga sexista, ha recibido la presión de movimientos sociales en los setenta y los ochenta para eliminar prejuicios. Deborah Cameron, profesora de Lengua y Comunicación en la Universidad de Oxford, pone el ejemplo de la palabra fireman (bombero), gestada a partir de la palabra man (hombre), que ha sido reemplazada con el término firefighter. Cameron advierte de que los vocablos sexistas perviven en distinto grado en el lenguaje cotidiano y en los periódicos. Y concluye: "Las instituciones pueden legislar sobre el lenguaje, pero las reformas sólo funcionan si la mayoría de los hablantes las aceptan. La gente nunca consulta a las autoridades antes de abrir la boca".

Gozar: conocer a una mujer carnalmente

Algunas definiciones de la RAE tienen un claro sesgo sexista.

- Babosear: obsequiar a una mujer en exceso.

- Hombre: individuo que tiene las cualidades consideradas varoniles por excelencia, como el valory la firmeza.

- Huérfano: dicho de una persona de menor edad a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre.

- Mujer: que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia.

- Niñada: hecho o dicho impropio de la edad varonil, y semejante a lo que suelen hacer los niños, que no tienen advertencia ni reflexión.

- Periquear: dicho de una mujer: disfrutar de excesiva libertad.


Bibiana Aido: «A las mujeres se nos juzga por muchas más cosas que a los hombres»

 
 
La ministra más joven de la historia, la primera nacida en democracia, tiene el encargo de Rodríguez Zapatero de hacer realidad la igualdad entre hombres y mujeres, uno de los ejes políticos de su acción de gobierno para esta legislatura. Nacida en Alcalá de los Gazules, de 31 años, prueba estos días las hieles del poder y se curte en el duro ejercicio de la cosa pública en la Villa y Corte, mientras intenta sacar adelante un departamento desde cero y un proyecto político sin precedentes
 
La ministra de Igualdad, en su despacho oficial, en Alcalá, 37. / JULIÁN DE DOMINGO
-¿Vaya semana ha tenido! ¿Se siente en el centro de la diana?

-Los medios de comunicación desarrollan su trabajo, es su obligación hacerlo, y de una comparecencia larga, donde se pusieron de manifiesto muchas de las medidas que queremos emprender en la legislatura llamó la atención la más novedosa, que no era la medida estrella, porque en cuanto a violencia de género la prioridad es la atención a las víctimas e incrementar la sensibilidad y la concienciación social. Entendemos que hay que buscar nuevas fórmulas y hay que incorporar a los hombres a la lucha contra la lacra del maltrato. Dentro de esa idea, una de las medida es un teléfono de asistencia, como existe en otros países europeos y ha sido motivo de profundo debate en el Departamento.

-Su nombramiento como ministra fue en especial sorprendente ¿Qué cree que simboliza?

-Que se incorpora una nueva generación a la política, que ha crecido en democracia, que tiene otras problemáticas distintas, que también hay que saber abordar. Tengo, como sabe, incorporadas las políticas de juventud. Y para las mujeres de este país es importante la creación del Ministerio, porque supone poner al primer nivel de las políticas públicas lo relacionado con la igualdad de género.

-¿Quién es Bibiana Aido? se preguntaba la gente. ¿Quién es?

-Me cuesta trabajo definirme, pero si tengo que hacerlo diré que me considero una mujer comprometida, desde que tengo uso de razón, muy luchadora, muy trabajadora también, muy autoexigente, quizá demasiado; sensible a los problemas sociales, honesta, buena persona, quiero irme a dormir tranquila todas las noches, con la consciencia del deber cumplido.

-¿Considera que cubre alguna cuota? ¿andaluza, joven o mujer en este gobierno?

- Todas y todos somos un poco cuota, en casi todo. En los ámbitos profesionales o políticos siempre se buscan perfiles determinados, según la capacidad, el nivel de responsabilidad, los valores. Influyen muchas cosas, también el sexo. Todos somos un poco cuota y estamos en los sitios en función de una serie de circunstancias. Siempre he estado a favor, porque ha sido el instrumento que ha permitido que las mujeres entren en la política. Y luego hemos demostrado que se puede gobernar un país o una comunidad autónoma con la mitad de mujeres en los gobiernos, o se puede ser alcaldesa y llevarlo bien.

-¿Cómo ha sido recibida como ministra? ¿Ha notado prejuicios por su edad, por su sexo?

-No quiero tener una actitud victimista, con independencia de que esta semana haya sido especialmente intensa. Cada cual tiene que hacer su trabajo y yo el mío, y no perder de vista el objetivo, seguir desarrollando y comunicando las políticas que queremos hacer.

-¿Cree que las mujeres han de trabajar el doble para demostrar lo que valen?

-Sin duda las mujeres tenemos mucho más que demostrar todavía en todos los ámbitos, y sin duda se nos juzga por muchas más cosas que a los hombres, desde por cómo vas vestida, si tienes mala cara, cómo te expresas, si tienes un lapsus o no lo tienes. Somos miradas con lupa. La vara de medir es distinta.

-¿Ser joven puede jugar en su contra?

-Creo que ser joven se quita con la edad y me parece un error total y absoluto partir del presupuesto de que ser joven es sinónimo de incapacidad, cuando tenemos la generación mejor formada de la historia.

-¿Y la falta de currículum, de experiencia política?

-Es verdad que soy joven, pero llevo la mitad de mi vida en política, primero en la política orgánica, en la que no he dejado de estar nunca, luego en una delegación provincial de la Junta de Andalucía, después en la administración regional

-¿Es cierto que las Juventudes Socialistas son tan duras?

-En las Juventudes Socialistas se aprende mucho, es un buen ámbito para bregarte en política. Pero tengo muy buenos recuerdos. Dejé de pertenecer el 2 de febrero, cuando cumplí 31 años. Los compañeros me llamaban no para felicitarme, sino para decirme «hoy dejas de ser de Juventudes». Me llevé 15 años, aprendí mucho y he dejado grandes amigos. Me voy a quedar con los amigos.

-¿Cómo le han recibido las «históricas» del feminismo, mujeres con más experiencia, que pudieran haber sentido que merecían este cargo más que usted?

-Todo lo que sé de género lo he aprendido de ellas y me he sentido muy apoyada desde el primer momento por los grandes nombres del feminismo de este país, porque creo que consideran que su trabajo tiene continuidad en el tiempo.

-¿Y la vieja guardia de su partido?

-Sí, también me he sentido muy respaldada desde el primer día.

-¿Cómo valora las declaraciones de Alfonso Guerra?

- Prefiero no contestar.

-¿Qué diferencias sustanciales hay entre la forma de concebir la política la gente de su generación y los veteranos?

-Yo creo que la política es un instrumento para resolver problemas de la gente, por lo cual hay que estar muy cerca de ella, de la calle, eso es lo principal. No subirse en una nube, no perder las distancias, la perspectiva. Pienso también que hay que tener el pie en el estribo para bajarse cuando haga falta. Esas son las cuestiones compartidas por la gente de mi generación, pero también por muchas otras personas. Que la política sea cercana. Y dignificarla. Se le dedican muchas horas, mucho esfuerzo, se sacrifican muchas cosas del tiempo personal, estás en el ojo del huracán, pones la cara hay que quitar muchos de los mitos que tiene la política.

-Hay también quien piensa que le ha llegado el cargo demasiado pronto.

-Yo digo siempre «caminante no hay camino se hace camino al andar». Hay gente que me dice «dentro de cuatro años serás una ex» Yo creo que en la vida las cosas no se miden de forma lineal.. Dentro de x años podré tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol, y ahora sé cómo se monta un ministerio Hay que tener claro que las responsabilidades políticas son siempre transitorias.

-¿En esta semana ha aprendido mucho?

-Creo que sí. He aprendido que la libertad de expresión es inversamente proporcional a la responsabilidad que tienes. A mayor responsabilidad, menor libertad de expresión.

-¿Y en cuanto a gramática y léxico qué experiencia ha sacado?

-Lo de «miembras» fue un lapsus total. Pero no está mal que se abra el debate, porque el lenguaje es sexista y hay palabras que se han incorporado, aunque ha costado mucho, como médica, jueza Cada paso, cuando hay un término de género por medio, cuesta. No está mal que se abra el debate, pero no es una de las prioridades del ministerio. La lengua está viva, como la sociedad.

-Cuando habla de una nueva masculinidad ¿qué quiere decir?

-La sociedad ha cambiado mucho, pero no nos hemos adaptado a ese nuevo reparto de responsabilidades, a compartir los espacios, y el esfuerzo al final recae sobre las mujeres Conciliamos con nosotras mismas, con nuestras madres o con empleadas de hogar, mujeres también. Tenemos que ir a un nuevo modelo de sociedad y hemos que incorporar a los hombres al discurso de la igualdad, que no es sólo de mujeres, es un discurso de ciudadanía, porque nos jugamos mucho. Los hombres tienen que participar, porque si no los pasos que demos pueden ser en falso.

-La igualdad se sienta en el Consejo de Ministros, me decía Amelia Valcárcel. ¿Le hacen caso los demás?

-Creo que hay una conciencia bastante importante en el Gabinete acerca de incorporar la igualdad, la perspectiva de género, a todo lo que se hace. Es una apuesta clara del presidente.

-La transversalidad ¿es motivo de roces? Supone visar, influir en los proyectos de los de otros, incluir en su programa actuaciones que están en las tareas de otros Ministerios

-Las políticas de igualdad no pueden ser sectoriales, aunque tenemos que hacer políticas específicas de género. Se ha creado la comisión delegada de igualdad, cada ministerio tiene que tener unidades de igualdad, vamos a regular los informes sobre impacto de género, se va a incorporar la perspectiva de género a los presupuestos, que es importante también desde el punto de vista de ahorro del gasto público. En Andalucía detectaron cuando comenzaron a hacerlo que había partidas presupuestarias que perjudicaban la igualdad de sexo y había otras para paliar esas desigualdades. Gracias a ee informe sobre el impacto de género en los presupuestos en Andalucía se impulsaron las medidas para el fomento de guarderías.

-¿Cree que el Ministerio tiene competencias claras y suficientes y el presupuesto adecuado?

-No vamos a ser un Ministerio especialmente inversor, sino que tenemos que hacer realidad esa transversalidad, que es un mandado de la UE y Naciones Unidas, al tiempo que seguir desarrollando nuestras políticas. La hoja la tenemos marcada: la ley de Igualdad, la Integral contra la Violencia de Género; el plan estratégico de igualdad de oportunidades 2008-2011, con medidas de todos los ministerios, ahí hay un cómputo de 621 millones de euros, que es el total que gastan en políticas de igualdad, pero esas políticas las tenemos que dirigir nosotros.

-¿Qué hará contra la desigualdad laboral?

-Sacamos ahora la línea de ayudas a las pymes, que ya contemplaba el Instituto de la Mujer, pero lo fundamental es incorporar los planes de igualdad en la negociación colectiva. Son muchas ya las empresas que se están interesando.

-¿Qué se les va a ofrecer y a cambio de qué?

-Las empresas de más de 250 trabajadores tienen la obligación de negociar planes de igualdad, es decir, de incorporar en la empresa el principio de igualdad de oportunidades e ir implantando medidas como horarios flexibles, reducciones de jornada, guarderías Es la vía más importante, junto con el permiso de paternidad, para lograr avanzar.

-Ha anunciado una Ley de Igualdad en el trato? ¿Qué plazos tiene?

-Queremos llevarla al Consejo de Ministros en el primer trimestre de 2009, para a partir de ahí empezar a trabajarla con las asociaciones, que sea muy participada. Va a dirigirse sobre todo a la no discriminación en el acceso al empleo y en el acceso a bienes y servicios. Por ejemplo, a la hora de alquilar una vivienda.

-¿Qué política quiere hacer para la juventud, el tercer eje de su Departamento?

-Los jóvenes son el futuro pero también parte del presente, son la generación más formada de nuestra historia. Hay que incorporarlos a la sociedad actual. Tenemos también una exigencia desde la óptica de nuestra propia eficiencia económica, de nuestra rentabilidad, porque estamos en la sociedad del conocimiento y no podemos desaprovechar ni la capacitación y el capital humano de las mujeres ni el de los jóvenes. Tienen que incorporarse al mercado laboral, pero en equidad, no sustituir mano de obra cara por barata; o que las mujeres jóvenes no tengan que renunciar a su maternidad al trabajar. Debe también mejorar su acceso a la vivienda, para tener posibilidades reales de emancipación.
 

lunes, 2 de junio de 2008

Los hombres sí lloran

 
Magalys CHAVIANO ÁLVAREZ




Cada vez que escucho la frase no dejo de asombrarme: ¡los hombres no lloran!, resuena en mis oídos, y a continuación me pregunto: ¿la capacidad de llorar es exclusiva de las mujeres?; ¿Tendrá que ver, en exclusiva, con el sexo?; ¿los cromosomas X o Y tienen implicación en aquello de derramar lágrimas?
Erróneamente esa capacidad se asocia con debilidad, pero en raras ocasiones nos detenemos a pensar que el asunto tiene mucho que ver con los sentimientos. De modo que cuando vemos a alguien llorar se trata, sin dudas, de un individuo que está sintiendo algo muy profundo: dolor, tristeza, alegría, emoción...
Los latinos somos considerados gente de sangre caliente, en cambio los europeos son catalogados como personas frías, que no exteriorizan sentimientos, sin embargo, el concepto de hombría es tenido por acá, por nuestras tierras, como sinónimo de rudeza, machismo, donde no cabe ver a un hombre llorar. Ahí es donde nos contradecimos, porque si somos de sangre caliente se supone que derramemos lágrimas con facilidad.
Hace muy poco vi a un hombre llorar, un colega con muchísimos años de vida y de trabajo, la emoción lo embargó en un encuentro donde se hablaba de lo mucho que pone de sí un periodista cuando narra hechos y sucesos, y de cuánto de uno mismo va en cada crónica. Entonces vi a ese hombre enorme en su estatura, con un montón de años a cuestas, como un ser humano común, que siente, se estremece y vive con intensidad.
Julio César, mi hijo de once años, me preguntó recientemente: ¿porqué los varones no pueden llorar?; indagué sobre la génesis de su interrogante, "lo dicen mis amigos de la escuela, y la maestra", entonces comprendí cuan enraizada está en los cubanos la creencia de que los hombres no deben llorar.
Nuestros antepasados, unos 6 millones de años atrás, derramaban lágrimas. Algunos investigadores coinciden en afirmar que ciertos grupos humanos realizaba rituales para llorar a sus muertos, de modo que el asunto tiene su historia.
"...los hombres lloran como las mujeres, porque tienen como ellas débil el alma", dice un poeta y en ello está presente lo que antes afirmaba, aquello de que el llanto muchas veces se asocia con debilidad. ¿Cuántos hombres habrán dejado de exteriorizar sus sentimientos por temor a ser calificados de mujercitas? ¿Cuántos remachos reprimen lágrimas de dolor o alegría para crearse la aureola de tipos duros?
Dígase ser humano y se estará hablando de hombres y mujeres, niños y niñas, muchachas y muchachos, ancianos y ancianas, todos con permiso para llorar, sentir, estremecerse, porque para ello la Naturaleza nos dotó de esa capacidad, la de derramar lágrimas. Hacer uso de ella no va contra ninguna norma, ni tiene nada que ver con hombría, sexo o cromosomas.
Ahora, desde el punto de vista médico, este líquido lubrica los ojos y los protege de sustancias extrañas e infecciones. La protección contra infecciones se produce porque las lágrimas contienen sales y lisozima, una enzima que destruye las bacterias. En otro orden, cuando el flujo de lágrimas es abundante, como ocurre en los caos en que se produce irritación, el exceso de líquido que no puede ser recogido por los conductos lacrimales reboza por los párpados, arrastrando los cuerpos extraños demasiado grandes para atravesar los conductos lacrimales.
De tal modo les puedo aconsejar llorar, es medicina para el alma, porque nos recuerda estar vivos y que sentimos; pero al mismo tiempo es saludable para los ojos, la ventana por la que nos asomamos a este mundo en el que nos definimos como seres humanos.
 

"La violencia hacia la mujer es producto de la desigualdad"

 

JUAN FRANCISCO ALONSO

Los abusos y agresiones de los hombres hacia las mujeres son producto de la desigualdad que históricamente ha existido entre ambos sexos, por lo que "la solución al flagelo de la violencia pasa por conseguir que ambos sexos tengan las mismas posibilidades y oportunidades".

La afirmación la realizó la abogada guatemalteca María Eugenia Solís García, directora de La Cuerda, la única publicación mensual feminista de la nación centroamericana. La también directiva de la Iniciativa de Mujeres por Justicia de Género estuvo la semana pasada en Caracas para asistir como ponente al I Foro sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, organizado por el Tribunal Supremo de Justicia.

"Los motivos de la violencia de género son múltiples. Primero me atrevería a decir que hay una razón importante: El contexto de desigualdades entre hombres y mujeres. La violencia la tenemos que ver como un dispositivo de poder (...). El poder en el mundo está en manos de los hombres. La posición desigual de poder posibilita que el hombre se adueñe del cuerpo y la voluntad de las mujeres", afirmó la experta.

Pese a que en las sociedades latinoamericanas las mujeres juegan un papel fundamental, sobre todo en lo que tiene que ver con la vida familiar, Solís aseguró que esto no las protege de los abusos y malos tratos.

"En nuestras sociedades hay un maternazgo, no un matriarcado y para comprobar esto basta ver dónde está el poder político y económico. Las mujeres más bien tienen una gran responsabilidad o carga en nuestras sociedades, mas no poder", agregó.

Aplaude lo hecho aquí
Solís alabó el contenido de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual recientemente cumplió un año de aprobada; y aseveró que este tipo de instrumentos son necesarios, porque "así se aterrizan o domestican los tratados internacionales".

Asimismo saludó que el texto contemple no sólo sanciones, sino que cree unos tribunales especiales para conocer los delitos de género y una institucionalidad para proteger a las víctimas y reeducar a los agresores.

"Que haya una jurisdicción especializada envía un mensaje poderoso sobre la trascendencia que este asunto tiene para la administración de justicia. Por un lado se le dice a las mujeres que tienen garantizados sus derechos y libertades; y, por el otro que hay una estructura lista para sancionar los incumplimientos y violaciones", agregó.

Los juzgados debían estar inaugurados en marzo pasado. Sin embargo, no será sino hasta el 15 de junio próximo que serán abiertos los primeros.

No obstante, la experta admitió que los nuevos despachos por sí solos no podrán acabar con un flagelo que cada 10 días se cobra la vida de 2 mujeres en el país, según cifras del TSJ, sino que es necesaria la coordinación entre todas las instancias del Poder Público.

"Tiene que haber fiscales especiales y equipos multidisciplinarios para atender estos casos. Tiene que haber una visión de sistema. Todas las instituciones (tribunales, Fiscalía, Policía, etc) deben tener un personal preparado para atender un problema tan complejo como la violencia, el cual no sólo tiene un enfoque jurídico, sino antropológico y psicológico. El personal debe entender que las víctimas padecen una inestabilidad emocional que deben atajar y que hay un peligro de muerte que se debe resolver con albergues", señaló.

Asimismo solicitó de las instituciones públicas y privadas que no se limiten a informar sobre las sanciones que contempla la ley, sino sobre el objetivo de la misma: "Los hombres no pueden hacer lo que quieran con los cuerpos de las mujeres (...). Las mujeres debemos ser educadas, debemos asumir que los golpes, insultos y agresiones no son maneras de expresar amor y que si existen leyes de este tipo es porque no son correctas estas expresiones".

Solís dijo que el modelo previsto en la Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia es único en el mundo. "En Venezuela están innovando. Tienen ese orgullo, pero también esa responsabilidad. Esto es de emular", remató.

Por último, calificó de "capital simbólico importantísimo" el hecho de que el máximo juzgado, el Parlamento, la Fiscalía, la Defensoría y el Consejo Nacional Electoral estén encabezados por mujeres, pues "eso incentivará a las niñas a seguir su ejemplo".

jalonso@eluniversal.com

Tomado de www.eluniversal.com

jueves, 29 de mayo de 2008

Patriarcado, machismo y sexismo

 

Por Guadalupe Cruz Jaimes
El patriarcado es una forma de organización política, económica, religiosa y social, con base en la idea de autoridad y liderazgo del hombre, en la que predominan los varones sobre las mujeres, cita la comunicóloga y estudiosa de temas de género, Nuria Varela en su obra Feminismo para principiantes.

Varela cita a Dolores Reguant, quien señala que "el patriarcado surgió de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, las y los hijos, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetúan como única estructura posible".

El patriarcado es un sistema político, su existencia no quiere decir que las mujeres no tengan ningún tipo de poder o derechos, sin embargo estás se encuentran bajo el predominio de los varones.

"Las formas de patriarcado varían, la vida de las mujeres en algunas partes del mundo está cambiando, pero el patriarcado sigue gozando de buena salud", afirma Varela.

Ejemplo de ello, dice, es la situación de las mujeres en Arabia Saudita, donde no disfrutan de ningún derecho fundamental, a diferencia de las habitantes de Europa, quienes al menos "formal y legalmente" han conseguido sus derechos.

Analizar el patriarcado como un sistema político supuso ver hasta dónde se llegaba el control y dominio de los varones sobre las mujeres. Al darse cuenta de que ese control se extendía también a las familias, a las relaciones sexuales, laborales… las feministas popularizaron la idea de que lo personal es político.

Cuando se organizaron los grupos de autoconciencia, dice la autora, las mujeres se dieron cuenta de que aquello que cada una suponía que sólo le ocurría a ella, por haber hecho una mala elección de pareja, no era nada personal: eran experiencias comunes a todas las mujeres, "fruto de un sistema opresor".

"El objetivo del feminismo es acabar con el patriarcado como forma de organización política", indica.

Hasta antes de que la teoría feminista redefiniera el concepto de patriarcado, éste era considerado "el gobierno de los patriarcas", de ancianos bondadosos cuya autoridad provenía de la sabiduría.

La autora refiere que es a partir del siglo XIX, cuando el término patriarcado comienza a utilizarse "en sentido crítico", debido a las teorías feministas que explican que "la hegemonía masculina en la sociedad es una usurpación".

En los años setenta, el feminismo radical es el que utiliza este término como "pieza clave" de su análisis de la realidad.

El machismo es un término estrechamente ligado al patriarcado, explica Varela, ya que "es un discurso de la desigualdad. Consiste en la discriminación basada en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres".

El machismo "se utiliza para referirse a actos o palabras con las que de forma ofensiva se muestra el sexismo que forma parte de la sociedad", puntualiza.

En tanto, "el sexismo se define como el conjunto de todos y cada uno de los métodos empleados en el seno del patriarcado para poder mantener en situación de inferioridad, subordinación y explotación al sexo dominado: el femenino", señala la autora.

El sexismo abarca todos los ámbitos de la vida y las relaciones humanas.

La autora concluye que el machismo es un piropo mientras que el sexismo es la división de educación por sexos, que oscila entre enseñar a las niñas a coser, hasta la prohibición de estudiar

Tomado de criterios.com

¿Existe el movimiento feminista ?

 
EMPAR PINEDA, Militante feminista y portavoz de la Asociación de Clínicas Autorizadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo

 Podemos seguir hablando de movimiento feminista en el presente ? Puede parecer una pregunta retórica, sin más, pero nada más lejos de mi intención. Cada día tengo más dudas de la pertinencia de su uso en la actualidad. Vayamos por partes.

En nuestro país fue en la década de los '80 del siglo pasado cuando se generalizaron los debates en torno a 'los nuevos movimientos sociales'. Los debates y el trabajo apasionado en su seno. La mayoría de las mujeres que en la década anterior "habíamos caído del lado del feminismo" –como dice una entrañable amiga, vasco-catalana como yo– nutríamos una amplia variedad de grupos feministas enormemente activos. Además de las actividades de cada organización, en aquellos años, todos –o casi todos– los grupos nos juntábamos al calor de alguna de nuestras vindicaciones para desarrollar campañas de sensibilización, movilización y propuestas políticas a los poderes públicos.

Movimiento

Practicando una amplia política de alianzas conseguíamos que estuvieran a nuestro lado, comprometiéndose en las campañas, muchas asociaciones y organizaciones civiles, sindicales y partidos políticos de izquierda. Así en la despenalización y gratuidad de los métodos anticonceptivos. Así en la vindicación del divorcio. Así, ¡cómo no !, en el derecho al aborto. En conjunto, cientos de miles de personas se movilizaron a lo largo y ancho del Estado español. Las propuestas de los grupos feministas se convertían en 'movimiento social' al que miles y miles de mujeres se sentían pertenecer al participar activamente en sus iniciativas. Un movimiento sostenido, con sus picos más altos y con sus, relativamente breves, picos más bajos. Y hablábamos, porque existía, del movimiento feminista.

La situación social, obviamente, no es la misma. Los cambios positivos en todos los órdenes, en particular para las mujeres, son evidentes, gracias, entre otros muchos factores, a la intensa actividad del movimiento feminista. ¡Ha llovido tanto desde entonces ! No se me escapa que estamos en otros tiempos. Por ejemplo, hoy en día no es tan fácil aglutinar a miles de mujeres en torno a las muchas vindicaciones que todavía están pendientes. De hecho, si repasamos las conclusiones de muchas de las Jornadas Feministas realizadas a finales de los años '70 y nos detenemos a recordar las exigencias sociales y políticas que nos planteábamos, veremos que aunque muchas de ellas las hemos conseguido, ninguna lo ha sido en su totalidad, al 100%.

Citaré sólo algunas : logramos la despenalización de los anticonceptivos, pero no la inclusión de todos ellos en la Sanidad Pública ; el divorcio que conseguimos seguía defendiendo la familia por encima de todo y, por ello, había que presentar causas y pasar por un tiempo de separación previa a poder acceder a él –hasta la reciente reforma del Código Civil– ; la educación afectivosexual y anticonceptiva en la enseñanza sigue siendo una asignatura pendiente ; el recurso al aborto como un derecho de las mujeres se quedó en la ya obsoleta despenalización parcial que ni siquiera se cumple en los centros sanitarios del sistema nacional de Salud ; la vieja consigna del sufragismo socialista "a trabajo igual, salario igual" sigue brillando por su ausencia, etc.

Encuentros y jornadas

Podríamos analizar también qué ha pasado con las nuevas exigencias feministas surgidas al calor de las reflexiones que fue haciendo el movimiento en los años '80 y principios de los '90. Estoy pensando en la violencia machista, en las violaciones y demás agresiones sexuales, en el maltrato doméstico ; en nuestra lucha anticentrales nucleares ; pacifista ; por la libertad sexual incluyendo el lesbianismo como opción sexual 'posible' para todas las mujeres y sus corolarios ; en nuestra defensa de las mujeres inmigrantes ; contra los contratos basura y la precariedad laboral en la que viven tantas y tantas mujeres… Pero la brevedad de este artículo lo imposibilita. Tampoco me permite entrar a analizar las iniciativas de las diversas administraciones públicas y cómo han incidido entre nosotras.

En cualquiera de los casos, lo que me interesa rescatar para este debate es que, con el paso de los años, la especialización de muchos de los grupos feministas –antes dedicados a todo lo que concernía a la liberación de las mujeres–, la desaparición de otros o los que se quedaron en el chasis y la constatación de que las únicas grandes movilizaciones de mujeres –de miles de ellas– se dan cuando se celebran jornadas o encuentros feministas de ámbito estatal o local –como las recientísimas de Euskadi–, creo yo que no podemos seguir hablando, pertinentemente, de movimiento feminista. Creo que deberíamos ser más modestas.

La afirmación anterior no niega, ni mucho menos, la existencia y las actividades de numerosos grupos feministas que siguen agrupando a mujeres que se sienten concernidas por la causa feminista, la de nuestra liberación. Tampoco niega que, en ocasiones, y la celebración del 8 de marzo es un buen ejemplo, miles de mujeres salgan a la calle a defender lo logrado con tantos esfuerzos y a plantear nuevas vindicaciones. O las respuestas movilizadoras que se dieron a finales de 2007 y en los primeros meses de éste, saliendo al paso de la ofensiva antiabortista. O la campaña que, por esta causa, siguen haciendo las feministas catalanas.

Sin paternalismos

¿A qué me lleva todo lo anterior ? A diversas conclusiones, o más bien, preocupaciones que quisiera compartir con quienes queráis entrar en esta página de debate. Una de ellas, la más importante para mí, si no queremos que la aventura feminista que iniciamos hace ya más de 30 años se quede en una 'aventura generacional' –un poco larga, eso sí– : salvo en las jornadas feministas, las chavalas jóvenes apenas están en los grupos feministas. ¿No será, por ejemplo, que nuestras posiciones feministas, tal y como las formulábamos antaño, no resisten el paso de los años y no enganchan con ellas ? Entonces, el nuestro era un feminismo transgresor, que hacía de la libertad uno de sus paradigmas.

Creo que ahora no se nos ve así. Tenemos mucho que aprender de las nuevas generaciones –y también algo que enseñarles–, pero ¿estamos dispuestas a escucharlas de verdad, sin paternalismos ni revestidas de una autoridad que no nos reconocen, que las apabulla o, peor aún, las ahuyenta ? ¿Estamos sinceramente preparadas para escuchar sus propuestas, sus puntos de vista cuando no concuerdan con los que defendíamos hace décadas ? ¿Por qué nos revolvemos como gato panza arriba, por ejemplo, cuando muchas de ellas no aceptan que sus compañeros no formen parte de nuestra lucha de liberación ?

Tomado de www.diagonalperiodico.net

lunes, 19 de mayo de 2008

Una nueva masculinidad

 
 
 
Es evidente que las medidas para erradicar la violencia de género hasta ahora han demostrado su ineficacia. No en vano, el 98% de las víctimas mortales en España habían presentado denuncia con anterioridad. El dato es escalofriante.

La todavía corta andadura de la Ley Integral contra la Violencia de Género, ha permitido cumplir algunos objetivos. Es el caso de la difusión adecuada del problema, que ha permitido hacer la pedagogía necesaria para enfocarlo como un problema social y no desde el prisma de la privacidad o como asunto doméstico. Es destacable también que la Ley haya sido la punta del iceberg de la necesidad de que toda la sociedad se comprometa en su protección y atención completa. Pero, sinceramente, continúan los problemas de coordinación entre organismos, la mayoría de las intervenciones llegan cuando ya ha habido violencia y persiste desde luego la escasez de unos recursos imprescindibles para afrontar el verdadero reto que plantea la violencia sexista: el de la prevención, el de impedir tanta agresión y tantas muertes.

Desde mi punto de vista la Ley Integral debe ser reformada para suplir las carencias por medidas efectivas en materia de detección, prevención y protección de la violencia de género. Pero, no nos engañemos. No es la Ley Integral de 2004 para la erradicación de la violencia de género lo que deja de funcionar cada vez que un hombre asesina a una mujer. Es la propia sociedad la que ha fallado. Si no entendemos que la Ley Integral sobre violencia de género no está encaminada únicamente a extinguir la violencia sino a alterar el modelo social, cada vez que asesinen a una mujer culparemos a una ley que no funciona. Por eso, creo que es necesario un incremento de las medidas educacionales, haciendo pedagogía contra cualquier tipo de violencia, incluida la violencia contra los animales. Muchos investigadores han afirmado que existe una conexión entre la violencia hacia los animales y la violencia hacia los seres humanos.

No quisiera dar los datos de las mujeres asesinadas como referencia, ni de las mujeres maltratadas que viven su drama desde el silencio, porque los datos dejan de ser de actualidad día a día. Desgraciadamente, cuando la noticia deja de ser digna de portada, las fallecidas son sólo partes de una estadística que parece no tener fin.

Los agresores, y no sólo los que recurren al cuchillo y quitan la vida, sino también los que ejercen una violencia psicológica intolerable, creyendo erróneamente que nunca va a pasarles nada, siguen moviéndose a sus anchas, sin que ni los Gobiernos, ni los partidos, ni las asociaciones, ni las comunidades de vecinos, ni las familias (incluida la del agresor, que suele hacer la vista gorda y justificarlo todo) hagan nada por evitarlo.

Creo que la solución pasa por empezar a cambiar nuestro modelo masculino heredado a lo largo de los años. Es cierto que hay muchos hombres que están trabajando su masculinidad, que quieren buscar una nueva identidad masculina que encaje con la sociedad actual y con los principios de igualdad, que cuestionan esa masculinidad enraizada que no encaja para nada con el mundo que quiere la mayoría. Sin embargo, creo que hay poca implicación real en la lucha por la igualdad. Hay mucho de políticamente correcto. Los hombres tenemos mucho trabajo que hacer en el ámbito personal. Es hora de cambiar este modelo por una masculinidad basada en la igualdad, la justicia, el respeto y la solidaridad, convencidos de que la igualdad real de la mujer no es posible sin una revolución masculina.

Este cambio, a mi juicio, es imprescindible para que la batalla contra la violencia machista sea combatida también por los hombres, y por ende, por toda la sociedad. Nos va la vida en ello. Javier Montilla es periodista y coordinador del libro No sólo duelen los golpes. Palabras contra la violencia de género.
 
Tomado de www.laverdad.es

Maitena llevó su humor a la cárcel de mujeres

 
 
Dio una charla para internas de la Unidad 8, donó libros y firmó autógrafos

"Las mujeres nos enamoramos del Che Guevara...y después le pedimos que se afeite". Esta frase de Maitena, fue una de las tantas que arrancó risas a las detenidas de la Unidad 8 de Los Hornos ayer, durante una charla que la dibujante y humorista ofreció en ese penal. El encuentro le permitió repasar su trayectoria, contar anécdotas de su vida privada y responder preguntas de las internas, a las que regaló 36 de sus libros destinados al Centro de Estudios Multinivel de la cárcel y autografió dibujos improvisados en el momento.

La popular dibujante -que inició su carrera en revistas ya legendarias como Cerdos y Peces o Sex Humor y cuyas viñetas se publican en la actualidad en medios gráficos del país y del exterior, incluido este diario- llegó hasta el penal platense por invitación de la Fundación Música Esperanza aprovechando que había venido recientemente al país para participar de la Feria del Libro. Maitena vive desde hace tres años en Rocha, Uruguay, "en un pueblo con 100 habitantes y en contacto con la naturaleza", según relató.

En su charla, la humorista, destacó frente a las internas el valor del esfuerzo y del trabajo: "yo fui madre soltera a los 17 años, ni siquiera terminé el secundario y tuve que trabajar desde muy chica. Pero no me arrepiento, porque el trabajo me dio libertad", dijo y repasó algunos de los excesos y momentos difíciles que vivió en sus años de "chica punk".

CONTRA EL MACHISMO COTIDIANO

Después de reivindicar al humor como "una tabla de salvación, para que una vez que el drama pasó te puedas reír y seguir adelante" se concentró en el tema que la hizo famosa: las mujeres. Y todo ante una atenta platea que se rió de sus ocurrencias y celebró su estilo desacartonado.

"Yo podría estar perfectamente sentada donde están ustedes", dijo la humorista y agregó que "ustedes están viviendo ahora una situación particular, pero seguramente sus problemas empezaron mucho antes de llegar acá".

Maitena contó que tomó la iniciativa de visitar la cárcel después de leer el libro "Corazones Cautivos", de Martha Dillon, que habla sobre mujeres presas en argentina. Y sostuvo que visitó la cárcel "como una forma de desestigmatizar a las prisiones".

"Somos todas mujeres, cada una encontró lo que encontró", dijo la humorista y destacó que "las mujeres somos medio boludas y nos metemos en 'cualquiera' por amor, porque en nuestra escala de valores los afectos son lo primero. El hombre es distinto y muchas veces pone por delante su realización personal".

Después arrancó risas a las internas recordando anécdotas de su vida privada: "tenía 18 años cuando me casé por primera vez y lo primero que hice fue decirle a mi marido que no iba a lavarle los calzoncillos. El me dijo que estaba bien. Tenía unos cuantos calzoncillos y los usó todos. Cuando se le ensució el último no usó nunca más calzoncillos".

Después, ante una platea atenta y divertida, destacó que su "bronca" no es contra los hombres, sino contra el machismo. "Y machistas somos también las mujeres cuando nos dicen que a nuestro hijo lo puede atender la doctora tal, pero nos da más seguridad que lo atienda un médico varón. Ese machismo de las pequeñas cosas cotidianas no es necesariamente de los hombres".
 

lunes, 5 de mayo de 2008

La marginación femenina en la cultura

 

 

Desde hace años hay más licenciadas universitarias que licenciados, y, sin embargo, ni siquiera en los campos más feminizados, como la literatura, nos acercamos ni de lejos a un igual protagonismo

LAURA FREIXAS 

Por qué hay tan pocas mujeres en el mundo de la cultura? Según un estudio que acaba de presentarse, de las películas españolas de los últimos años (2000-2006), sólo un 7% han sido dirigidas por mujeres (Fátima Arranz: Mujeres y hombres en el cine español).
      El lenguaje nos enseña muchísimo sobre el valor que la sociedad patriarcal asigna a cada sexo

      Una cultura que invisibiliza a las mujeres no perjudica a las poetas o compositoras, sino a todas

      La lista de los libros más vendidos en España en una semana cualquiera (Abc, 29-3-08) incluye una mujer entre 10 en ficción y dos en no ficción: 10% y 20%. De las 43 exposiciones individuales organizadas entre 2002 y 2005 por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, sólo dos (5%) llevaban firma femenina (Manifiesto Arco 2005). En los medios de comunicación, aunque son mujeres el 46% de los profesionales, sólo ocupan un 24% de los puestos directivos (Informe Anual de la Profesión Periodística, 2006). En teatro, de entre los candidatos a los Premios Max de Artes Escénicas 2008, las mujeres son minoritarias en casi todas las categorías, especialmente directores (25%) y autores (19%) (www.projectevaca.com).

      Antes del siglo XX, el hecho de que muy pocas mujeres fueran pensadoras o artistas no tiene mayor misterio: no tenían la educación necesaria. Pero son ya varias las generaciones nacidas, o al menos, formadas, en democracia; hay hoy más licenciadas universitarias que licenciados; y sin embargo, ni siquiera en los campos más feminizados -como la literatura, con décadas de mayoría femenina entre estudiantes y lectores- nos acercamos, ni de lejos, a un igual protagonismo. Llama la atención por ejemplo que los premios nacionales creados en 1977 apenas hayan reflejado evolución alguna: en sus 10 primeras convocatorias, el Nacional de Ensayo, de Poesía y de Narrativa sumaron 29 varones galardonados y una mujer (3%); en las 10 últimas (1998-2007), 4 mujeres entre 30 (13%).

      Nos interesa fijarnos en la cultura porque es ahí donde mejor vemos cómo actúa un factor difuso, pero muy poderoso: la ideología patriarcal. Ahora bien: ¿cómo identificarla? Sería una grosera simplificación confundirla con la ideología de derechas. Pero si no se halla -o no sólo- en tal o cual catecismo o programa de partido, ¿dónde se formula?

      En el lenguaje. El lenguaje nos enseña muchísimo sobre el valor que la sociedad patriarcal asigna a cada sexo, y que se basa en tres axiomas. Primero: el varón encarna todo el género humano (el hombre), la mujer sólo una parte. Ellos pueden hablar en nombre de todas y todos; ellas sólo se representan a sí mismas. Segundo: el hombre se define como un ser social, cultural (hombre de Estado, hombre de negocios, hombre público...), la mujer se identifica con la naturaleza (ser mujer significa menstruar), la sexualidad (mujer pública) y su relación con el varón (mujer=esposa). Tercero: lo masculino es visto como intrínsecamente positivo (hombre de pelo en pecho, ser todo un hombre...), lo femenino como negativo, como lo atestiguan las numerosas voces peyorativas que se aplican a las mujeres: pendón, arpía, maruja...

      Lo cual se refleja con toda claridad en el discurso dominante. Véase por ejemplo el titular: Un islamista, su mujer y su hermana mueren en un atentado suicida (El Mundo, 30-4-05): la ideología niega la evidencia (tres personas mataron y murieron por motivos políticos) para sustituirla por sus categorías prefabricadas: el varón se define por su relación con instancias abstractas (un islamista), las mujeres, por su relación con los varones. En literatura, el campo que conozco mejor -pero estas observaciones son fácilmente extrapolables-, se habla de "literatura de mujeres", no para oponerla a la "literatura de hombres" (no existe esa etiqueta) sino para distinguirla de la "Literatura" a secas: lo masculino no es visto como masculino, sino como universal, mientras que lo femenino se interpreta como particular. Por eso, obras literarias excelentes son excluidas de los cánones: al haber sido escritas (y especialmente si son, además, protagonizadas) por mujeres, se ven, inconscientemente, como algo de interés puramente sectorial.

      Estas consideraciones pueden servirnos también para aclarar un gran misterio. Si, como hemos visto, la participación femenina en la cultura es mínima (hay lectoras y espectadoras, desde luego, pero en términos relativos muy pocas escritoras, directoras de cine, compositoras...), ¿cómo se explica la insistencia de los medios en proclamar, a bombo y platillo, un supuesto triunfo? Citemos algunos titulares, todos de este periódico aunque podrían ser de cualquier otro: Los libros son cosa de mujeres. Leen más que ellos y dominan el mundo editorial (23-4-00), El cine es de las mujeres. Ellas toman el mando (1-2-04), La revolución musical de 2008 es cosa de chicas (8-2-08)... La clave nos la da una vez más la ideología patriarcal: si las mujeres son la parte y los hombres el todo, cualquier incremento de una mínima presencia femenina es visto, no como un avance hacia la normalidad (de la que estamos aún muy lejos, si por tal se entiende el 50%), sino como una anomalía. Que se espera pasajera, a juzgar por la palabra tan a menudo empleada para definir la nueva situación: "moda".

      Digan lo que digan los medios, sabemos -cifras en mano- que la presencia femenina entre los agentes culturales sigue siendo muy minoritaria. ¿Y cómo, insistimos en preguntarnos, se perpetúa esa marginación, cuando ya hace tiempo que las facultades de artes y letras son mayoritariamente femeninas? Veámoslo con un ejemplo al azar: un artículo sobre la biografía como género, publicado en una revista de pensamiento (Letras libres, enero 2008). El texto, por lo demás brillante, contiene más de 60 nombres. Entre ellos sólo dos femeninos. ¿Es que no ha habido en la historia mujeres biógrafas o biografiadas? Si las ha habido, ¿es que no han alcanzado la excelencia que las haría dignas de mención? Y si no las ha habido, ¿por qué no las ha habido?... Lo importante no es tanto la respuesta que se dé a estas preguntas, como el hecho de que el autor del artículo ni siquiera las plantea. Después de eso, que en el índice de la revista en cuestión encontremos sólo 3 colaboradoras entre 36 (8%) ya no puede ser una sorpresa. Es decir, que la ausencia de mujeres entre los creadores de cultura produce unos contenidos que naturalizan, legitiman, la ausencia de mujeres, y viceversa.

      Para romper este círculo vicioso, no basta que aumente, durante varias generaciones, el número de mujeres con estudios. No basta que cambie la realidad, si la ideología patriarcal no sólo distorsiona nuestra percepción de lo real, sino que actúa sobre la realidad, frenando nuestro avance. Así, las noticias antes citadas sobre un supuesto "dominio" femenino en el campo de la edición, la música o el cine tienen un efecto desmovilizador: cuando exigimos mayor presencia, nos contestan: "Pero ¿qué más queréis?"...

      Si la exclusión o marginación de las mujeres en la cultura afectara solamente a las profesionales de la cultura, estaríamos ante un simple problema gremial. Pero sería un grave error verlo en tales términos. Pues una cultura que invisibiliza a las mujeres -o las ridiculiza, o trivializa sus preocupaciones- no perjudica sólo a las poetas o las compositoras, sino a todas. Cuando los políticos se preguntan, desesperados, qué se puede hacer para frenar la violencia de género, habría que sugerirles que no vayan sólo a los juzgados, sino al cine. Allí verán cómo en las películas dirigidas por hombres -no así, nunca, en las dirigidas por muje-res-, la violación y los malos tratos se presentan con frecuencia en clave de humor (Pilar Aguilar: Mujer, amor y sexo en el cine español de los 90). ¿Se imaginan que alguien hiciera lo mismo respecto al terrorismo?... Este ejemplo debería bastarnos para empezar, por fin, a darnos cuenta de que todo el esfuerzo que se está realizando en cuanto a malos tratos, igualdad salarial o paridad política, se arriesga a ser insuficiente -por no decir saboteado- si no nos tomamos en serio la igualdad en la cultura.

      Laura Freixas, escritora, es autora de Literatura y mujeres.

      Tomado de www.elpais.comm

      jueves, 17 de abril de 2008

      Costa Rica: Arias quiere heredar presidencia a una mujer


      Completamente de acuerdo, don Oscar.


      El presidente costarricense Oscar Arias aseguró el viernes que le gustaría que una mujer le sucediera en el cargo en mayo del 2010 y defendió la reciente designación de la matemática Jeanina del Vecchio como ministra de Seguridad.

      "No hay nada que yo aborrezca más que el machismo", dijo Arias a periodistas al concluir los actos de conmemoración del día del héroe nacional Juan Santamaría.

      Arias comentó que algunos cuestionan cuál es la experiencia de Del Vecchio en temas de seguridad, pero nunca antes se cuestionaron lo mismo ante nombramientos de abogados, diplomáticos y hasta un agronómo en esa cartera.

      "Ese machismo me molesta y me hiere, y por eso seguiré ayudando a que por lo menos haya una candidata, por lo menos, a la presidencia, que me sustituya. Ya la tuvieron Nicaragua, Panamá y la tienen Chile, Alemania, Argentina, y ya llegó el momento de que las mujeres ocupen esas posiciones (en Costa Rica)", destacó el mandatario.

      Aunque no se refirió a posibles candidatas, hace unas semanas Arias admitió que no le gustaría "perder" a Laura Chinchilla como vicepresidenta y ministra de Justicia.

      El nombre de la funcionaria se menciona con fuerza como eventual aspirante a la candidatura del partido oficialista Liberación Nacional (PLN). Chinchilla no ha dado declaraciones sobre el tema.

      Sobre la designación de Del Vecchio, de 62 años, que era diputada del PLN, Arias insistió en que se trata de una persona "firme, capaz de tomar decisiones y sobre todo, con una honestidad a toda prueba" y afirmó que eso es lo que necesita el país, que atraviesa un periodo de descontento popular por los constantes asaltos en las calles, la mayoría solo por robar un teléfono celular y con casos que en ocasiones terminan con un homicidio.

      "Hay que actuar con celeridad, pero con prudencia", expresó el gobernante, quien durante el acto oficial firmó un documento junto a los presidentes de la Corte Suprema de Justicia y del Congreso, donde se comprometen a redoblar esfuerzos para recuperar la paz en el país.

      Tomado de www.univision.com

      Cuando ella gana más que él

       
      Aún en naciones desarrolladas los hombres se sienten frustrados, y en ocasiones agresivos, cuando se producen situaciones en los que su "masculinidad" se ve cuestionada. En los casos en los que la mujer obtiene mayores beneficios económicos es todavía mucho más grave
      Por Yannerys Paulino /
      Se crean conflictos en el hombre cuando su pareja tiene ingresos económicos mayores, ya que a través de los tiempos la responsabilidad de llevar todo a la casa descansaba sobre los hombros de los "machos", a decir de la sicoterapeuta Maite Hernández.

      "La inserción de la mujer al mercado laboral ha roto con la dependencia económica fragilizando el poder masculino sobre la familia y en especial sobre la pareja.  Quien paga generalmente es quien decide,  por lo que el hombre se siente vulnerado y amenazado en su imagen de jefe de hogar y dueño del poder", expone la especialista.

      Este conjunto de factores mezclado con la imagen de superioridad manifestada por la mujer provoca que el hombre reaccione de manera agresiva, enojándose con frecuencia y agotando todos los recursos que tiene a mano para dejar bien claro quién es que tiene el poder. En algunas situaciones tiende a lastimar la autoestima de la mujer y algunos hasta la agraden físicamente.

      Hoy en día, la doctora dice sentir que estos casos  han disminuido, puesto que cada vez son más las mujeres que atraviesan por esta situación, lo que ha provocado que los hombres se manejen con mayor cuidado aceptando el hecho sin traumas y apoyando a su pareja para que esta continué con su ascenso laboral y económico.    

      Maite Hernández enfatiza: "Las exhibiciones innecesarias de inteligencia, prepotencia o poder suelen ser recibidas como muestra de pedantería, y generan sentimientos de inferioridad y humillación".
      Lo ideal es sostener una adecuada comunicación con la pareja y compartir responsabilidades que permitan la participación de ambos en la toma de decisiones. 
       
      Claves para una relación armoniosa
       
      Cuando un hombre decide emparejar con una mujer es porque entiende que ella goza de atributos con los que él se siente identificado y aunque tradicionalmente se tenía  la idea de que el hombre era quien debía proveer todo lo relativo a lo económico, hoy en día los roles se han cambiado y la inserción de las damas al mundo laboral ha provocado que en algunos casos ella gane más que él.
       
      En este proceso, el diálogo y la comunicación son la clave para manejar con éxito las diferentes situaciones que viven las parejas. Es importante que la mujer evite actitudes arrogantes que le hagan sentir amenazado, cuestionado y sobre todo humillado.
       
      Los sicoterapeutas entienden que es importante evitar comentarios que opaquen a su pareja durante las conversaciones, sobre todo delante de la familia y amigos; no permitir que despierten sentimientos de invalidez intelectual en su pareja sin menospreciar su trabajo u ocupación.
       
      Los hombres deben aprender a manejar los sentimientos que esta situación les genera para no sentirse amenazados, vulnerados y cuestionados.

      Si está atravesando por esta dificultad en su hogar no piense en quién tiene o no la razón.
       
      Esa búsqueda lo único que hace es contribuir a que la situación se torne aún más tensa y problemática.
       
      Lo importante es entender que en la pareja ambos son igualmente responsables de que las cosas resulten bien y por lo tanto, deben poner de su parte para manejar el momento de manera acertada y con madurez afectiva. 
       
      Es por eso que la comunicación juega un papel de mucha valía.
       
       

      miércoles, 16 de abril de 2008

      Escrito por un machista

      Elogio de la mujer brava

      Por: Héctor Abad


      A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población
      masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.
      Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos,
      marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles
      pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos
      detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos,
      machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan
      instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad,
      atacan y se defienden.

      La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y
      por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y
      mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la
      boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases
      amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta,
      elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas.
      Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer
      buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros.
      Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con
      una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los
      noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles
      (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera
      disposición, en apariencia como si nos dijeran 'no más usted me avisa y yo
      le abro las piernas', siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de
      líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que
      requieren más tiempo, y se quedan a medias).

      A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas
      mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso
      seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no
      pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten,
      regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana.

      Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas,
      o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles
      subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más,
      saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les
      queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

      Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al
      burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera
      tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese
      fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que
      es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha
      radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a
      conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas,
      nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a
      punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es
      agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie
      manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más)
      entonces ellas también se declaran jartas por la noche, y de mal humor, y lo
      más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las
      veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son
      mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y
      tienen todo el derecho de no serlo.

      Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras
      (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los
      poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero
      son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un
      consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el
      trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no
      las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la
      que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo
      eso.

      Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que
      dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras
      ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que
      hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa
      herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales,
      si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que
      esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen,
      joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más
      estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede
      establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en
      abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan
      ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida
      larga y de conocimiento.

      Abad Faciolince, Héctor

       

      martes, 8 de abril de 2008

      La 'supermujer' se extingue

       

      No habrá otra generación de madres que cuide a abuelos, hijos y nietos - El fin de este pilar clave del Estado de bienestar genera un gran agujero

      CARMEN MORÁN 

      A principios de los setenta, Antonio se casó con Mari Carmen. La empresa donde trabajaba él por un sueldo de 18.000 pesetas le amplió la paga porque ahora tenía que alimentar una boca más, la de su esposa. La nómina creció 50 pesetas. "¡Qué poco valíamos las mujeres!", se ríe Mari Carmen Borreguero. Con 50 pesetas se daba por pagada la crianza de cuatro niños, el cuidado de enfermos y ancianos y las labores del hogar, haciendo camas, comidas, cosiendo ropas, empapelando habitaciones, blanqueando el gotelé...

          El trabajo sin pagar, que suele recaer en las mujeres, supone un 60% del PIB

          Las inmigrantes se están haciendo cargo de ancianos y de niños

          Nuevos negocios se abren paso ahora que las madres ya no arreglan la ropa

          Esa generación de supermujeres que prestaron graciosamente altas cotas de bienestar al Estado se ha acabado. No hay más que darse un paseo por las calles de las principales ciudades y detenerse en los establecimientos comerciales de arreglos de ropa, de comida preparada. O preguntarle a los políticos cuáles son las demandas más acuciantes de la sociedad actual: guarderías y geriátricos.

          El trabajo no remunerado sigue existiendo y recae mayoritariamente en las mujeres, pero hay cosas que ya no se pueden afrontar con un empleo fuera. La doctora en Ciencias Políticas y catedrática de Sociología María Ángeles Durán es la persona que más rigurosamente ha estudiado el valor del trabajo no remunerado. "Supone el 60% del PIB, con metodología Eurostat", afirma. Esa cifra ya se la sabe de memoria. En su libro El Valor del tiempo (editorial Espasa) desmenuza paso a paso las horas del día que una mujer dedica a cuidar, a cocinar, a limpiar, a regar plantas y pasear al perro. Y no olvida el tiempo empleado en salas de espera, médicos, atascos de tráfico, sueño perdido. Si los hombres tuvieran que pagar eso, a la mayoría no les llegaría el sueldo.

          Según la encuesta de Condiciones de Vida los varones dedican al cuidado de niños menos de 20 horas a la semana, mientras que las mujeres emplean entre 40 y 60 horas semanales. Al cabo del año los hombres emplean como promedio 127 horas a cocinar y las mujeres 657, según el INE. En el libro citado, Durán calcula que para limpiar los hogares españoles hay que emplearse con la fregona en 1.000 millones de metros cuadrados, a diario en buena parte de ellos. Pues bien, entre los 18 y 24 años, las mujeres dedican cinco veces más tiempo a la limpieza que sus compañeros y casarse apenas aumenta el tiempo dedicado entre los hombres, pero se multiplica para las mujeres. Y prácticamente el mismo panorama para cualquier estado civil, según la misma encuesta del Empleo del Tiempo del INE. Las mujeres mueren más tarde, pero su estado de salud es peor que el de los hombres. Ya muy pocos se preguntan por qué. La más reciente de las encuestas sanitarias, publicada hace apenas unas semanas, alerta también sobre los problemas de salud mental que se están cebando con las mujeres. Y de nuevo se achaca a lo mismo. Sobrecarga.

          Pero hay algunas tareas a las que, por más que se quiera, ya no se alcanza. Las mujeres han salido a trabajar y eso le ha dejado un hueco al Estado, que necesitaría multiplicar los presupuestos para taparlo.

          Las mujeres de hoy ya no pueden cuidar ancianos a tiempo completo. La Ley de Dependencia apenas está arrancando y el Gobierno ha destinado para ella algo más de 1.500 millones de euros. Las autonomías tendrán que aportar otro tanto. Y esa financiación habrá que mantenerla y ampliarla anualmente.

          En España hay cerca de millón y medio de niños menores de tres años y apenas el 16% tiene plaza en un centro infantil público mientras que un 43% de estas familias demanda el servicio. Los datos del Ministerio de Trabajo indican que, en total, el 44,7% de los niños de cero a tres años están atendidos, ya sea en guarderías privadas o públicas. El Gobierno ha prometido mucho más esfuerzo en este terreno. Mientras tanto, las supermadres de entonces se han convertido ahora en superabuelas. Adiós a una jubilación tranquila. Hay que recoger al niño del colegio, prepararle la comida, sacarle al parque. Hasta que la jornada de los padres concluye.

          El 70% de las mujeres mayores de 65 años han cuidado o cuidan a sus nietos y un 22% de las que los cuidan en la actualidad lo hacen a diario, como si fueran madres. Son datos de la última encuesta de Condiciones de Vida de las Personas Mayores, que ha publicado el Imserso. Muchas contestan que es un placer estar con los nietos, pero ya en Europa suenan alarmas acerca del estrés que esto podría estar ocasionando.

          En todo caso, no es que lo hagan obligadas por nadie, sino por la situación. De no ser por ellas, sus hijas o nueras no podrían salir a trabajar, así que, entre madres, hijas, tías y abuelas tejen una red de solidaridad femenina que posibilita que el abuelo pueda seguir jugando a la petanca. Eso es estar jubilado.

          Tan es así, que las madres que trabajan fuera opinan en su mayoría que cuando las cosas se ponen farrucas con los niños una mañana de imprevisto son las abuelas las que solucionan la papeleta. Valoran más la ayuda de estas mujeres que la de sus propios maridos.

          Pero las personas que estudian estas nuevas -o viejas- conductas sociales, saben que los hombres deben entrar en esta red para enriquecerse y aliviar el trabajo de las mujeres. "La riqueza de ayudar a las hijas no la podemos disfrutar nosotras solas", ha dicho Anna Freixas, doctora en la Facultad de Educación de la Universidad de Córdoba. "Cuando las abuelas solucionan estos problemas están impidiendo de alguna forma que sus hijas negocien con sus parejas", añade Freixas.

          Y eso es fundamental, porque nada se va a solucionar, explica también María Ángeles Durán, si no se empieza por un buen reparto equitativo de las tareas de la casa. Las mujeres han salido a trabajar, pero si además siguen haciéndose cargo de las tareas de la casa, algo puede empezar a ir mal. Será la salud, será la pareja, será el empleo femenino o la riqueza de un país.

          La última encuesta de Fecundidad, Familia y Valores, publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela un dato aterrador: cerca del 17% de las mujeres de 20 a 50 años optan por abandonar el trabajo para dedicarse a la maternidad y las tareas de la casa. Si se tiene en cuenta que los salarios femeninos son entre un 25% y un 30% más bajos que los de sus parejas masculinas, no es de extrañar que cuando hay tareas que atender en casa y falta dinero para contratar a alguien, el empleo de la mujer sea la pieza más débil, la primera en caer. Si no hay una abuela que lo evite.

          La periodista Pura Ramos, que con 77 años sigue trabajando, fue una de esas supermadres (de siete hijos) que, además, trabajaba fuera de casa. Pero pasa de ser superabuela. No quiere cuidar de sus nietos, sólo disfrutarlos. "Yo ya hice lo mío, no me quedo con ellos para que sus padres vayan al cine. Al cine voy yo".

          Al Estado no le queda más remedio que cubrir esta demanda de servicios que se abre como un abismo. Pero la iniciativa pública no cubre ni de lejos la demanda. Por eso, los negocios privados están encontrando su hueco, a costa, a veces, de magros salarios familiares para pagar esos servicios.

          El presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios, Patricio Rodríguez Carmona, no tiene estadísticas precisas, pero sabe que los negocios que se están montando tienen mucho que ver con los cuidados, tanto de niños como de ancianos, sobre todo de estos últimos. Aunque también menciona franquicias de éxito internacional, como La Retoucherie de Manuela, para arreglos de ropa, o los nuevos establecimientos de comida o de servicios a domicilio, es la Ley de Dependencia, dice, la que está empezando a mover con fuerza una cantera de nuevos negocios. "Las familias monoparentales, muy comunes hoy en día, requieren muchos de estos servicios", dice. Las pequeñas y medianas empresas de nueva tecnología también están en auge, aunque algunas, curiosamente, relacionadas con los cuidados. Cita Rodríguez Carmona una de Sevilla, Visión Sistemas de Localización, que ganó el premio al Joven Empresario por el diseño de una especie de GPS para el control y localización de personas. Todas estas iniciativas vienen a suplir la vigilancia constante que durante largas décadas prestaron los ojos y manos de miles de mujeres.

          En este punto es donde aparece otra pata del Estado del bienestar que hay que mencionar al hablar de cuidados: la inmigración. Tampoco en este caso la estadística puede ser precisa, pero hay muchas inmigrantes al cargo de niños y ancianos, incluso en régimen de internado, algo que pocos españoles, y menos por esos salarios, estarían dispuestos a soportar. "La mano de obra inmigrante es absolutamente importante", destaca Rodríguez Carmona. "Necesitamos un sistema más flexible para contratar", reivindica.

          Volviendo a las 50 pesetas en que se valoraba el trabajo de Mari Carmen Borreguero, entonces era posible una cosa así porque el trabajo no remunerado de ama de casa "ha estado invisibilizado durante mucho tiempo, aunque en la dictadura se le mitificaba, para negar, a la vez, su valor como productor de bienes y servicios. Esa invisibilización se rompió cuando se abrió la mirada económica al reconocimiento de esas instituciones sociales. A partir de los años sesenta y setenta ya se hablaba de la pérdida de prestigio de las labores domésticas", explica Margarita Barañano, profesora de Sociología de la Complutense.

          Precisamente por aquellos años sesenta, Pura Ramos se multiplicaba para cubrir en los periódicos de la época los grandes conflictos internacionales y amamantar a sus siete hijos. "Mi madre se hacía cargo de los niños y yo salía pitando a coger el tranvía. A media mañana, me traía al niño y yo le daba el pecho en el archivo. Entonces trabajaba en Pueblo". Después se lo devolvía a la abuela y ponía la mirada de nuevo en De Gaulle, en Vietnam, en el Papa que moría. A las tres horas volvía la abuela con el niño. "Renuncié durante años a todo, a la música, al cine, al teatro. O iba detrás de un niño o detrás de la noticia. No quise dejar ninguna de las dos cosas, me gustaba mi trabajo, pero también ser madre, adoro los niños. No lo hacía por virtuosa, sino porque no nos quedaba otra", afirma.

          Tomado de www.elpais.com