| Francisco Arias Solís | |
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| "A mi juicio -decía Freud con razón-, los filósofos piensan en este punto demasiado filosóficamente". Es verdad: la muerte ha ocupado a los pensadores de un modo permanente, pero al fin y al cabo, como el resto de los mortales, ante ella no tenemos argumentos, sino consolaciones y nada más que eso. Incluso para algunos la propia filosofía es una consolación frente a la muerte. Con la edad poseemos un saber acumulativo sobre la muerte que no se limita a la muerte ajena. Creo que vamos sabiendo también de la muerte propia. Pensemos en aquel Quotidie morimur, cada día morimos un poco, de Séneca, tantas veces recordado más tarde. La vida no sólo se ocupa de informarnos que hemos de morir, sino de hacernos saber que somos moribundos o murientes, como sostenían los clásicos, y desde muy temprano. La vieja frase Mors certa, hora incerta no es aplicable a aquel al que se le apaga por momentos la vida, que vive en la totalidad la hora certa y por eso, más que vivir ni morir, "entremuere", como se decía en castellano antiguo. El moribundo es la persona que entremuere o está en trance de morir, como la llama de una vela que se apaga a la luz del día en el crepúsculo. Todos los verbos expresan una acción, pero pocos como el verbo morir, una acción tan lenta. Más que indicar un acto, un acontecimiento, quiere evocar la resistencia a que esto suceda o cuando menos quiere indicar la lentitud con que sucede. Morir es dejar de vivir, no otra acción más concreta, y eso se hace, poco a poco consumiéndose. En la muerte repentina los segundos se hacen minutos, y en la muerte lenta, a veces queriéndolo así, a veces a pesar nuestro, los minutos pueden durar mucho más de lo que hubiéramos imaginado. Son muy diferentes, pues, la muerte y el morir. La muerte es la misma para todos y todos, a la vez, somos iguales ante la muerte. Pero hay muchas formas de morir y aun en situaciones muy parecidas todos morimos de distinto modo. Escribe Séneca también que "cualquiera puede quitarle la vida a un hombre, pero ninguno puede quitarle la muerte". No se quiere decir que morir sea un bien, sino que morir es lo último que le queda al hombre. Morir forma parte de nuestra vida, la muerte ya no, porque es el cese de la vida. En esta simple pero certera constatación basaba Epicuro su consolación a Meneceo: "La muerte -le escribía- nada es para nosotros, porque cuando nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros". ¿Es imaginable vivir siempre? ¿Lo soportaríamos? Recordemos el mito de Quirón, el sabio fundador antes que Esculapio, de la medicina.: Quirón se retiró a su cueva deseoso de morir, pero sufría justamente porque era inmortal. Entonces la muerte es un consuelo metafísico para una angustia, la de ser inmortal, peor quizá que la de ser mortal. Sea moral o no el sentido que da a la muerte la filosofía debe pensárselo también dos veces antes de sugerir de un modo u otro que el ser humano es un ser abocado a la muerte, es decir, atento a ella por un supuesto destino o luctuoso objetivo. Es verdad que estamos sujetos y pendientes de la muerte, pero también que estar vivo, aun sintiéndonos murientes, es un reclamo de continuidad para llegar al minuto siguiente. La situación del moribundo es comparable a la del expatriado, que ahora es un expatriado de la vida. "Se trata -escribe Albert Camus- de un exilio sin remedio, porque no hay recuerdos de una patria perdida ni esperanza de una tierra prometida". El primer aforismo de Hipócrates nos recuerda: "La vida es breve y la ciencia es larga". Precisamente por ambas cosas hemos de asumir que el moribundo requiere más asistencia humana que estrictamente clínica. Pero la política médica en general no hace mucho para que esta asistencia humana que todos, al fin y al cabo, habremos de necesitar, posea los medios y sobre todo las orientaciones más adecuadas. Política y medicina están ocupadas en hacernos la vida agradable y al final se olvidan de que somos mortales. Y como dijo el poeta: "La muerte ya no me espanta; / tendría más que temer / si en el cielo me dijeran: / has de volver a nacer". |
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martes, 18 de diciembre de 2007
Dejar de vivir
jueves, 8 de noviembre de 2007
Los pensamientos suicidas
A veces, cuando he tenido depresiones e ideas suicidas, me he esforzado en indagar la causa de mis males. En los libros que tratan del tema encontré, más que nada, información estadística sobre los suicidas, su nivel de vida o su trabajo. Los testimonios personales se limitaban al caso particular del autor y no eran de mucha ayuda a la hora de entender qué me ocurría y qué podía hacer para acabar con mi tremenda pena y dolor. Podría decirse que yo padezco una ligera manía-depresiva, a la que soy más bien propenso dados mis antecedentes familiares. Pero no voy a hablar de mí mismo. Lo que intento con este artículo es ayudar a los deprimidos, a aquellas personas a quienes les asaltan ideas suicidas, así como a sus familias, a entender mejor lo que les ocurre, y a buscar posibles soluciones.
La mayor parte de los que tienen ideas suicidas están, además, deprimidos. Los dos principales motivos por los que una persona se deprime son, en primer lugar, la pérdida del control sobre su situación vital y sus emociones y, en segundo lugar, la pérdida de toda visión positiva del futuro (desesperación). Ante la depresión y las ideas suicidas que de ella derivan sólo puede resultar eficaz una terapia que nos ayude a recuperar el control y la esperanza.
La depresión hace que nuestra visión del mundo circundante se estreche hasta tal punto que llegamos a distorsionar la realidad. Nos fijamos únicamente en los aspectos negativos de la vida, y los positivos los pasamos de largo como si no tuvieran importancia alguna o, sencillamente, no existieran. Rechazamos por estúpidas todas las opciones que se nos ofrecen para resolver nuestro problema, hasta que parece que no hay solución posible. Se nos echa encima una tristeza persistente y angustiosa que, como la muerte súbita del padre o de la madre, nos produce un dolor que dura semanas, meses e incluso años. Es como si estuviéramos atrapados en una oscura caverna sin salida, o quizás en un túnel que empieza en un dolor constante y llega hasta los mismísimos infiernos, sin posibles salidas ni hacia el cielo ni hacia la felicidad. Empezamos a creer que nada nos puede aliviar y que nuestro dolor no va a acabarse nunca. Y mañana igual, o aún peor. ¡Puede que la única solución sea la muerte!
El suicidio no soluciona nada, lo único que hace es adelantar el final sin haber encontrado la solución. No se puede decir que el suicidio sea una opción, ya que "opción" quiere decir "posibilidad de optar o elegir", y el suicido nos arrebata para siempre lo uno y lo otro. La muerte es un acontecimiento irreversible que, no sólo no elimina el dolor, sino que lo transmite a quienes nos rodean. También transmiten su dolor las personas que viven en la más absoluta soledad y se quitan la vida. Se lo transmiten a aquellos miembros de la sociedad a quienes les importa y les procupa. Por ejemplo... ¡a nosotros mismos!
Mucha gente tiene ideas suicidas a lo largo de la vida. Para casi todos se trata de una idea pasajera, después de la muerte de un ser querido, o cuando los avatares de la vida les hacen ver unas perspectivas de futuro desalentadoras. Otros, con menos suerte, pueden ser genéticamente propensos a la depresión, padecer un desequilibrio químico, o haber pasado muchas desgracias a lo largo de su vida: algo que, en suma, les conduce a la depresión. Además de éstos, hay otros que "llaman a la depresión a gritos": son los que cultivan procesos de pensamiento cognitivo irreales y aspiran en la vida a objetivos inalcanzables. Sea cual sea la causa de la depresión, cualquier persona puede verse asaltada por intensas ideas de suicidio cuando el futuro se muestra desesperanzador.
No hay ninguna clase o tipo específico de persona que pueda tener la seguridad de no albergar jamás pensamientos suicidas. Los médicos, los terapeutas y los adolescentes ocupan los primeros puestos en las estadísticas de suicidios consumados; si bien parece que en personas con firmes convicciones religiosas es más infrecuente el intento de suicidio.
LOS DESENCADENANTES DEL SUICIDIO
Toda vez que una persona está deprimida y con pensamientos suicidas, hay una serie de factores o sucesos desencadenantes que pueden empujarle aún más cerca del suicidio. El reconocimiento de los factores y sucesos vitales desencadenantes de renovadas ansias suicidas puede ayudar al deprimido a entender lo que le ocurre y permitirle controlar mejor sus emociones.
1. LA TERAPIA: SU PRINCIPIO. MÁS ALLÁ DE LA TERAPIA.
Las estadísticas de suicidios son especialmente altas entre los pacientes que están empezando una terapia. Al comenzar una terapia, los propios síntomas de la depresión nos llevan a pensar cosas como "esto no va funcionar" o "para qué me meto en este lío si lo mío no tiene arreglo". Además de estos pensamientos puede ocurrir que el paciente y el terapeuta no conecten o no "encajen", por así decirlo (lo cual es perfectamente explicable si se tiene en cuenta que hasta entonces habían sido dos perfectos desconocidos). El creer que una terapia no va a dar resultado, especialmente si no es la primera, tiene consecuencias devastadoras. Podemos pensar que si la terapia falla, nunca nos veremos libres de este dolor, y que no tiene ningún sentido seguir intentándolo.¡ESTO ES IMPORTANTÍSIMO! Es especialmente trágico que, tras haber seguido un tratamiento terapéutico y haber experimentado una mejoría apreciable, el paciente se suicide. ¡Y sin embargo ocurre! La depresión es un fenómeno intermitente, es decir, puede aparecer y desparecer sin previo aviso, a veces en cuestión de instantes. Al deprimido que se siente eufórico y, por fin, puede imaginarse un futuro sin depresión, cualquier contratiempo le provocará automáticamente una huida hacia la respuesta condicionada: las ideas de suicidio. Al pensar que vuelve de nuevo el intenso dolor de la depresión, nos hundimos, con lo que se refuerza el impulso suicida. Los desencadenantes de este nuevo episodio suelen ser los mismos que influyeron en la primera depresión. Después de la terapia hay cosas que pueden desencadenar de nuevo los impulsos suicidas: por ejemplo el verse de nuevo expuesto a malos tratos familiares, tener que aguantar a un jefe mezquino, sentirse incapaz de vencer una adicción, tener una imagen inadecuada de uno mismo, los problemas financieros, etc...
Sin embargo, ¡hay un lado positivo en todo esto! Los impulsos suicidas no tienen por qué arrojarte de nuevo al infierno de la depresión. Tampoco implican necesariamente que la terapia haya ido mal, o que haya que volver a empezar desde el principio. Saber reconocer los acontecimientos vitales que desencadenan estos nuevos impulsos suicidas puede ayudar a comprenderlos en cuanto aparecen y a tener la certeza de que es posible eliminarlos. El pánico que produce la reaparición de los pensamientos de muerte y suicidio durará muy poco si no se les permite adueñarse de la mente. Hay que acudir al médico, a un amigo o a algún centro de apoyo y ayuda; el caso es hablar con alguien y contarle lo que ocurre. Lo único que necesita el enfermo en esta fase de la enfermedad es tiempo. Sin duda alguna los pensamientos negros desaparecerán en cosa de dos días, ¡o menos!
2. LAS VACACIONES
Cuando los impulsos suicidas se han convertido en la única respuesta condicionada ante el estrés y los contratiempos, puede ocurrir que el encontrarse con determinadas personas o frente a determinados acontecimientos provoque un retorno a la depresión y a las consiguientes ideas de suicidio. Durante las vacaciones, por ejemplo las Navidades, los Carnavales, la Semana Santa, o el Día de Acción de Gracias (según las culturas), es normal volver la vista atrás y recordar todas las penas de nuestra vida. El hecho de ver disfrutar a los demás puede hacernos pensar que estamos excluidos de la alegría y que ya nunca más podremos pasárnoslo bien. La reacción ante la alegría ajena en períodos festivos es, normalmente, buscar un refugio donde escondernos o, sencillamente, enfadarnos. Lejos del barullo, buscamos escondernos en un cuarto entreteniendo a un niño pequeño, o quizás nos escabullimos de la fiesta con la excusa de tener que arreglar algo en el jardín de la casa o donde sea; la cuestión es esconderse y que no nos vean, para así evitar conversaciones que nos hagan recordar el dolor y la pena. Hay que evitar cosas como que la "tía Carmen" (o cualquier otro, incluso un desconocido), se acerque solícita a preguntarnos si por fin tenemos trabajo, o si ya se han acabado los trámites del divorcio... o cualquier otra cosa que así, de sopetón, nos arroje de nuevo a la tristeza y al dolor de la depresión, y a pensar en el suicidio. O a lo mejor resulta que un pariente comprensivo viene a preguntarnos con todo su cariño: "Pero hombre, ¿qué es lo que te pasa?"; y se esfuerce en alegrarnos y sacarnos del caparazón, y claro, si le contestamos con un exabrupto siempre habrá alguien que diga o piense: "Éste (o ésta) siempre anda haciendo daño a los que le quieren". Es una pena, pero vamos por ahí contagiando la depresión a los demás.
3. LOS ENEMIGOS
En nuestra vida hay auténticos enemigos (el jefe que nos agobia, el cónyuge o pareja desconsiderado, o ese tío pesado que no deja de darnos la tabarra), que en ocasiones pueden dar pie, de nuevo, a las ideas suicidas. Además, cuando alguien conoce a un deprimido por primera vez, es fácil que se dé cuenta de su estado o, de una u otra manera, lo adivine. A lo mejor se trata de un proceso subconsciente mediante el cual percibe una serie de señales, tales como la postura que adoptamos, los gestos faciales, la actitud general... que le llevan a una reacción brusca y violenta, absolutamente inexplicable e improcedente dadas las circunstancias del momento. Este tratamiento injusto deja al deprimido totalmente perplejo y, seguramente, pensando cosas como "qué injusto es el mundo" o "menudo asco de vida". Otros, compasivos, sienten lástima del deprimido y, al no saber expresarla adecuadamente, se comportan de manera inapropiada y provocan situaciones embarazosas. Y, por último, nunca falta el que anda por ahí buscando gente con la moral baja para aprovecharse de ellos y mostrar una superioridad que satisfaga a su maltrecho ego. ¡Ánimo!, a medida que la depresión va desapareciendo, también desaparecen las reacciones de este tipo, ¡por completo!
4. FENÓMENOS NATURALES
La influencia de los fenómenos naturales sobre el ánimo del deprimido es extremadamente importante, sobretodo cuando la depresión empieza a remitir. Los frentes fríos de avance rápido, la luna llena y la luna nueva, los cambios estacionales y la escasez de horas de Sol en invierno, producen en el deprimido un estado de ansiedad. El riesgo es aún mayor cuando se da el avance rápido de un frente frío dos días antes de la luna llena. Esto no es ninguna tontería, ni mucho menos una superstición de la que no hay que hacer ni caso. Hollywood ha conseguido que nos tomemos a risa eso de la influencia de la luna sobre la mente. Cuando hablo de esto con gente que no lo ha experimentado en sus propias carnes, al momento se les dibuja una sonrisa burlona en la cara y ya da igual todo lo que diga yo a continuación, como si fuera un idiota que no sabe lo que dice. Lo cierto es que la depresión nos retrotrae a un estado emocional más simple y primitivo. Las emociones son más primarias y por eso somos más sensibles a los cambios producidos en el entorno natural o en el propio cuerpo. Se pueden prever los períodos de mayor riesgo en las fases bajas de los ciclos biológicos (por ejemplo durante el ciclo menstrual de una mujer; sin olvidar que los hombres también están sometidos a los altibajos de un ciclo emocional mensual).Nadie ha encontrado hasta ahora una correlación estadística entre el número de suicidios y la luna llena, por la sencilla razón de que la luna llena no causa ningún suicidio. Lo que hace la luna llena, como los demás fenómenos naturales antes referidos, es producir un estado de mayor ansiedad que agudiza los síntomas depresivos y que, como consecuencia, incrementa el impulso suicida. El riesgo de que alguien se suicide, o lo intente, es mayor durante la semana inmediatamente posterior a la luna llena, a medida que la depresión exacerbada y los consiguientes pensamientos suicidas empiezan a cobrarse sus víctimas.
Es decir, a veces, la explicación de persistentes pensamientos suicidas, fases maníacas que rozan el puro pánico (y que de nuevo nos lanzan al abismo de la depresión), o el empeoramiento de una depresión... se encuentra en uno de esos calendarios que, junto con los días, indican las fases lunares. Naturalmente, el conocer la causa de este retroceso no lo impide, pero por lo menos nos queda el consuelo de entender lo que pasa y de saber que desaparecerá en un par de días, o incluso menos, ¡y así ocurre!
5. LAS ADICCIONES
La nicotina, la cafeína, el alcohol, las drogas ilegales, el abuso obsesivo de la comida, así como algunos medicamentos... ejercen una influencia perniciosa sobre el deprimido. Es muy corriente creer que en cuanto se domine la adicción, terminará la depresión. Esto puede ser cierto en algunas ocasiones, pero ¿y si los esfuerzos por vencer la adicción son en vano?; efectivamente, el fracaso puede hacernos empeorar e imposibilitar, no ya vencer la adicción, sino que ni siquiera lo intentemos. Lo cierto es que la depresión y la adicción son fenómenos distintos y perfectamente separables. Una vez dominada la depresión será más fácil intentar controlar la adicción, sea cual sea, desde una posición de fuerza y no de debilidad depresiva.
6. FANTASÍAS DE MUERTE
Hay gente que, cuando las cosas vienen mal dadas y no pueden soportar más el estrés y el dolor causado por una situación traumática, se consuelan imaginándose que están muertos. La fantasía puede empezar con la imagen de la propia familia y amigos, alrededor de la tumba, llorando desconsoladamente y lamentándose. La multitud de gente que acude al funeral es una buena prueba de cuánto nos querían y admiraban. El precio ha sido alto: la propia vida; pero por fin pueden comprender lo mal que nos ha tratado este mundo, por fin nos toman en serio y se dan cuenta de que nuestra tremenda pena era real y no simulada. Esta fantasía puede presentarse en otra variante: que hemos fingido suicidarnos y nuestros seres queridos están en el hospital, alrededor de la cama, y por fin se enteran de lo insoportable que nos resultaba la pena de vivir.Los más peligroso es que si uno se acostumbra a fantasear sobre la propia muerte, como mecanismo de escapatoria ante la pena de vivir, la fantasía puede llegar a adquirir el carácter de respuesta condicionada en períodos de crisis o de un mayor estrés. La muerte puede convertirse en un pensamiento reconfortante, hasta tal punto que el temor a la vida llegue a parecernos más horrible que el temor a la muerte.
7. ¡ACABEMOS DE UNA VEZ! (EL ATAQUE MANÍACO)
Los enfermos bipolares o maníaco-depresivos (que van alternando cíclicamente entre la manía eufórica y la depresión) deben poner el mayor interés en identificar los factores que afectan a su estado de ánimo y pueden cambiarlo de signo. Algunos de estos enfermos pueden autocontrolarse en las fases de euforia, otros, sencillamente, no pueden. Bien, pues tanto los claramente maníacos como los que parecen no haber perdido el control, corren un gran riesgo cuando, en un revés de la fortuna, sus aspiraciones un tanto irreales y fantasiosas se transforman en sinsabores. Los cambios de estado de ánimo pueden ser bruscos e inesperados y, en cualquier caso, peligrosos. En cuestión de instantes se puede pasar del estado eufórico al depresivo, con una fuerte inclinación al suicidio.
LA VISIÓN DEL FUTURO
La parte consciente de la mente humana es, sobre la faz de la tierra, la única entidad capaz de abstraer el futuro y formarse un concepto del mismo. Una de las principales fuentes de motivación en la vida humana es, precisamente, la necesidad real de formarnos una idea positiva del futuro. Esta necesidad va más allá nuestra propia condición de mortales, de manera que nos permite contemplar una continuación de la vida después de la muerte. Nadie quiere creer que la muerte es el fin de todo. Los creyentes ven cumplidos sus anhelos en el Cielo, última morada en compañía de Dios; otros creen en la reencarnación; hay quien piensa que simplemente pasamos a otra dimensión, con lo que resuelven el problema de creer en Dios. A otros les basta con la permanencia de su obra, o con la perpetuación genética en sus descendientes, para tener el convencimiento real de que la muerte no acaba con todo.De todas formas, los que no se preocupan por el más allá necesitan asimismo formarse una idea positiva del futuro, aunque sólo sea a corto plazo. Esta idea del futuro es la que nos hace levantarnos cada mañana y enfrentarnos al nuevo día. En la adversidad y cuando nos vemos atenazados por la rutina, sacamos fuerzas de flaqueza para resistir y aguantar, pensando que quizás más adelante las cosas vayan mejor. La anticipación del futuro es lo que predispone al organismo para el acto sexual, es lo que nos mueve a amasar dinero y poder, a comprar un número de lotería o a fijarnos metas y aspirar a una vida mejor. Todos anticipamos acontecimientos futuros, hasta esos "barrigones cerveceros" que se pasan todo el día tirados en el sofá delante de la tele tienen un futuro "ilusionante": la programación televisiva, o el eructo que se van a echar después de calmar la sed con otra botella de cerveza. Todos necesitamos ilusiones: en cuanto perdemos las esperanzas de que el futuro nos guarde nada positivo, en cuanto desesperamos de que el dolor que sentimos jamás llegue a alcanzar consuelo, entonces, por regla general, caemos en la depresión.
CONCLUSIÓN
El que llega a comprender lo que le está pasando ha dado un paso de gigante para recuperar el control sobre su vida y sus emociones. Pero la curación definitiva es imposible mientras dure la depresión. Lo que recomiendo encarecidamente a quienes padecen una depresión y tienen ideas de suicidio es que busquen ayuda. Hoy en día existen una serie de fármacos bastante efectivos contra la depresión; por otra parte es muy necesario el tratamiento terapéutico para comprender lo que nos ocurre y poder así vivir la vida controlando las emociones.Este texto lo escribí sentado en una cornisa, contemplando ante mis ojos un abismo infernal. Me debatía entre la irresistible necesidad de saltar y acabar de una vez con todo y la angustia de tener que ganar las fuerzas suficientes como para recuperar el control sobre la vida y las emociones. Hice un esfuerzo colosal para representarme el futuro: un futuro en el que yo estuviera presente. Espero que lo que he aprendido con la experiencia en carne propia y con el dolor de mi corazón te sirva de consuelo en tu pena. Saber qué es lo que te está ocurriendo y por qué motivos, puede ayudarte a recuperar una idea positiva del futuro, un futuro que nos incluya a los dos, a ti y a mí.
Copyright 1996-2007 Stephen L. Bernhardt
Tomado de www.have-a-heart.com
martes, 2 de octubre de 2007
El suicidio, un problema ético y moral, espejo de la desintegración social
| Actualidad 2-10-2007 - (08:02) (Especial - Por Alejandro Escuredo *) - Lamentablemente el fin de semana pasado nos enteramos que falleció un adolescente por suicidio en nuestra provincia. No es este el único caso que se ha dado, y la problemática va tomando cada vez más características parecidas a una epidemia, en particular durante ciertos períodos del año. En los países latinoamericanos aún no hay estudios epidemiológicos que aborden el tema del suicidio, como sí los hay otros países. Esto conlleva que no podemos extrapolar conclusiones de otras culturas a las propias ya que el fenómeno no es sólo de orden psicológico sino que la sociedad tiene mucha incidencia en el tema. El suicidio tiene relación en la forma de sentir, de percibir la realidad, de creer y de vivir la desintegración social, lo cual es propio de determinada comunidad, ya sea país o región. Como ejemplo podemos citar el caso ocurrido la semana pasada sobre la comunidad aborigen guaraní que mediante sus caciques han decidido una cuarentena de contacto con la cultura del hombre blanco, al suicidarse tres adolescentes de su comunidad. El suicidio nace de estados extremos en los cuales el individuo deja de apreciar los vínculos que lo unen con la vida. Es importantísimo destacar que se observa el factor de contagio o imitación en estas conductas. La imitación, según la entiende Durkheim -sociólogo que se dedicó a estudiar el tema desde lo social- se da cuando un acto tiene como antecedente inmediato la representación de otro acto semejante, anteriormente realizado por otro, sin que entre esta representación y la ejecución se intercale ninguna operación intelectual implícita o explícita que se relacione con los caracteres intrínsecos de los actos reproducidos. Dentro de los factores a tener en cuenta se encuentran: el grado de contención familiar o social, que las personas se sepan tenidas en cuenta por otros significativos para ellos y no que deben serlo después de fallecidos. El suicidio varía en razón inversa al grado de desintegración de los grupos sociales de los cuales forman parte los individuos -desde una pareja hasta una institución-. Es importante mencionar que en todas las sociedades se observan muertes voluntarias y que la cantidad de las mismas no varía hasta tanto con cambie el estado de la sociedad. Obviamente el fenómeno del suicidio constituye un problema moral y ético tanto para la sociedad en la cual se produce como para las personas allegadas a la víctima y la víctima misma. El medio para paliar este fenómeno sería la educación, que si bien no crea la moral, es un reflejo de la misma. Se debe enseñar a los ciudadanos que cualquiera de nosotros puede aportar una escucha desde su lugar propio, poner una palabra, actuar como freno, acompañar esencialmente y ayudar a pedir ayuda. Es decir, intentar dar más consistencia a los grupos sociales, los que actualmente han perdido la forma de antaño, en lo que respecta al a grado de sanción, de parámetro conductual y componente moral, grado de contención. Factores todos que hace casi imposible que las personas se encuentren en un vacío incomprensible que empuje al suicidio. A modo de reflexión final, podría entenderse el suicidio como expresión de la miseria moral que reina en la sociedad actual -consumismo, individualismo, liberalismo, competitividad-. Pero también debe rescatarse que las personas aún no perdemos nuestro grado de autonomía y autodeterminación, y por lo tanto podemos rescatar valores como la solidaridad, dignidad, reconocimiento, etc. Y somos capaces y responsables de no bajar los brazos ante este problema o simplemente verlo pasar como un paisaje transitorio ajeno. * Psicólogo Hospital Regional Ushuaia |
¿Qué esconde la mente suicida?
Gloria Moanack - Especial para PORTAFOLIO
Hablar, escuchar y aprender son consejos que se dan para prevenir que un hijo atente contra su vida.
El suicidio puede golpear a cualquiera. A veces irrumpe en silencio, aunque también suele anunciarse mediante palabras, actitudes, gestos.
Es una enfermedad propia de una sociedad en donde cunden las exigencias económicas, la búsqueda de la bonanza material pero, sobre todo, donde se extienden el abandono afectivo y la ausencia de diálogo en el seno de las familias.
¿SE PUEDE PREVENIR EL SUICIDIO?
Expertos dicen que sí es posible evitarlo. Que es posible impedirlo. Por supuesto, no existen garantías de lograrlo nadie es dueño de la vida de otros, y tampoco nadie puede apropiarse de la voluntad de los demás-.
Sin embargo, dicen, sí es factible impedir la ocurrencia de un suicidio. Siempre y cuando se aprenda a escuchar los signos que lo anteceden.
Un grupo de estos especialistas ha emprendido una labor de investigación bien interesante. Mediante la observación de hechos, la comunicación con familiares de suicidas, las cifras y estudios médicos legales, los estudiosos han ido trazando las pautas para diseñar lo que han denominado la autopsia sicológica del suicida.
Lo que buscan es detectar qué hay detrás de cada suicidio. Qué lleva a una persona a infligirse lesiones fatales. Cuál es la sombra que precede el acto suicida. Cuáles fueron los hechos previos al acto y cómo se cumplió la secuencia. Es un poco como la reconstrucción del escenario, sus antecedentes y el diseño de la historia del suicida. La investigación se concentra en los menores de 18 años.
Es un equipo de investigadores, dirigido por el médico siquiatra Luis Alberto Ramírez, e integrado por investigadores de la Universidad El Bosque y el Instituto Nacional de Medicina Legal. De hecho, los estudios toman como fundamento las bases de datos y el documento oficial de Medicina Legal Forensis, datos para la vida.
AUTOPSIA PSICOLÓGICA
Habla el siquiatra Ramírez, quien fue, hasta hace poco subdirector científico del Instituto de Medicina Legal y, actualmente profesor asistente de la Universidad El Bosque.
La autopsia sicológica se fundamente en tres momentos: la ideación del suicidio, su planeación y el acto en sí. Se establece, además que existen signos que pueden despertar sospechas sobre la ocurrencia de un suicidio y también características de personalidad que influyen.
¿EXISTE UNA PREDISPOSICIÓN?
Sí, es un hecho. Se presentan casos conocidos como acting out (o exoactuación como traducción literal), en que la persona se quita la vida sin previa planeación, de manera impulsiva. Pero en la mayoría de los casos sí se encuentra un escenario anticipado en el que se diseñan la intención y la estrategia. No son pocos los eventos en los que se encuentran antecedentes familiares de suicidio.
Por supuesto, esta predisposición no conlleva como una camisa de fuerza la ocurrencia certera del acto. Pero sí deja una mayor vulnerabilidad.
Otra observación importante tiene que ver con lo que se podría denominar como una imitación. El suicidio de un compañero puede abrir las compuertas a la decisión de otro u otros del mismo grupo a atentar también contra sus vidas.
Aunque alrededor de un acto suicida se encuentra una constelación de hechos, es innegable que la depresión y la desesperanza son piedras angulares del acto. Si a éstas se le suma la ansiedad, los riesgos se elevan.
Para los padres, no es fácil detectar los signos que anteceden la decisión del hijo o la hija de atentar contra su vida. Sin embargo, los investigadores señalan algunos signos que pueden ayudar a esa detección. Entre éstos, se citan estados de ánimo como el aislamiento, la falta de todo entusiasmo, tristeza, enojo frecuente, rabietas.
Si bien algunas actitudes no llevan implícita la sospecha de que algo tan grave va a ocurrir, no se deben descuidar los siguientes signos.
Leer los signos de alerta a tiempo puede salvar vidas
- El anuncio. El o la joven anuncia que se va a suicidar. Lo hacen con mayor frecuencia a las personas (una o varias) que le son significativas, las que tienen importancia afectiva en su vida.
- La forma. Utiliza diversas expresiones tales como: 'me voy a matar'; 'te voy a quitar ese dolor de encima'; 'te voy a liberar del sufrimiento que te ocasiono'; 'ya verás que no vas a tener que seguir sufriendo por mí'...
- Puede o no dejar una nota. Esta, en general, exime de culpa a su entorno aunque, a veces, también carga de culpa a alguien (la madre, la mayoría de las veces).
- Testamento. Pero de todos modos, en los días previos comienza a hacer una especie de protocolo testamentario. Regala objetos que le son cercanos. Es como si estuviera preparando su despedida; como si se despojara de ataduras.
- Relato. No es inusual enterarse que alguien lo sabía. La novia, el mejor amigo, a cualquiera le puede anunciar no solo su intención sino comunicarle todos los detalles. Es más, puede pedirle que esté presente en el momento.
- El suicidio en pareja tampoco es inusual. Es más, se ha presentado con mayor frecuencia y no solo entre los jóvenes sino, además, entre los adultos mayores.
- UNA REALIDAD
CIFRAS. Según el Instituto de Medicina Legal, el año pasado, 1.751 colombianos se suicidaron. No se contabilizaron los intentos fallidos de quitarse la vida. El número de hombres es mayor que el de mujeres, pero la proporción ha ido cambiando en los últimos años. Se registraron:
- 194 suicidios en menores de 18 años (113 hombres; 81 mujeres). Entre ellos, 4 se dieron en niños menores de 9 años; y 67 en niños y niñas entre 10 y 14 años.
- 781 se registraron en personas de 18 a 34 años.
- Los actos suicidas en personas mayores (entre 60 y 70 años) se incrementaron, llegando a un total 191: 97 hombres y 94 mujeres.
Tomado de www.portafolio.com.co
viernes, 14 de septiembre de 2007
El suicidio no es una cuestión individual
En Corrientes, el Ministerio de Salud ha organizado una jornada en la que se tratará distintos aspectos en relación a esta temática, en forma conjunta con la Asociación "Nendivéi", que en lengua autóctona guaraní significa "junto a vos",y trabaja en la prevención del suicidio.
Su titular Miriam Begué, indicó que "intentamos desdramatizar y llegar a la comunidad con una problemática sobre la que hay demasiados prejuicios". Comentó que "hay viejas creencias que consideran que hablar de este tema lo promueve o incentiva. Todo lo contrario, hablar en forma seria y dando a conocer los factores de riesgo promueve que la gente este mucho más alerta y pueda hacer mayor prevención".
La licenciada indicó que los medios tienen un rol importantísimo, por ello la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sacado un documento con recomendaciones para periodistas.
"Históricamente el suicidio fue tratado como una cuestión individual, hoy ya nadie se atrevería a pensar así, porque cada uno de nosotros estamos en un contexto mucho mas amplio y hay condicionantes de riego sociales", dijo Begué.
Además expresó que "el que piensa en el suicidio de alguna manera de esta escapando de la vida porque no la puede soportar, no tiene herramientas para hacerlo. Cuando hay condicionante de riesgo que generan vulnerabilidad personal o familiar esta idea de muerte se empieza a ver como una salida posible al sufrimiento y ahí estamos ante un problema".
Tomado de www.diariolarepublica.com.ar
Escapándose de vivir
Hace ya unos catorce años, padecí de unos terribles calambres musculares en el abdomen por unos tres días. La razón no fue gimnasio ni ejercicio alguno. Tampoco padezco de hernias abdominales -al menos que yo sepa-, ni de patología gastrointestinal alguna asociada a dicho evento. La única hipótesis plausible era que días atrás había asistido a una obra de teatro llamada Taxi, protagonizada -entre otros grandes actores- por Diego Álvarez. Este actor haciendo de "loca" me hizo reír tanto, que se me cortó la respiración varias veces ese día -como si tuviera asma-, y mis músculos abdominales se contraían con tal violencia, que era como si hubiera hecho horas de flexiones abdominales una semana de seguido. Fue la última obra de teatro de este magnífico actor. Según la prensa, al parecer Álvarez se lanzó desde la ventana de su apartamento a principios de 1993, porque había perdido las ganas de vivir, por razones que a la postre sólo él mismo sabría valorar en su verdadera dimensión. Digo al parecer, porque alguna vez escuché también que se investigaba la hipótesis de un asesinato, que según entiendo, fue descartada. Pero más allá de toda motivación personal, este es un tema que siempre me ha impresionado y conmovido, como de seguro también a muchos de mis lectores.
Además no me quiero desviar demasiado del tema. El suicidio al que me referiré hoy es más contemporáneo, y más ligado a causas existenciales internas del individuo, y no tanto externas. Se trata del suicidio del ciudadano común y corriente, sin motivos extraordinarios para querer morir, y que generalmente está ligado a causas más personales. Individuos como Diego Álvarez, que uno presupone exitosos y afortunados, y que uno nunca sospecharía que desean la muerte, para escapar de la vida. Individuos en cuyas vidas se da un complejo desencadenamiento de muchos factores desfavorables a la vez. Por ejemplo el caso de un drogadicto que pierde todo su entorno social, económico y familiar por el vicio. Aunque la droga sería el factor principal, sin duda alguna una persona que cae en la adicción, primero padece una serie de etapas decisivas antes del momento final. Puede empezar por perder el empleo, después quizás el apoyo familiar, y se queda solo. Y entonces sobreviene alguna percepción sobre lo inútil y grotesca que le resulta su propia existencia, agravada por la necesidad de satisfacer su dependencia, so pena de morir.
Pero no hay que ser adicto a las drogas para suicidarse. Están también las mujeres y hombres obsesionados compulsivamente con su apariencia física. La anorexia o la bulimia por ejemplo, que de hecho pueden desencadenar en dos tipos de suicidio, el lento, en el que la persona se consume por falta crónica de nutrición, o el agudo, donde le resulta insoportable su insatisfacción con su físico y se quita la vida de una forma más inmediata, quizás cortándose las venas, por ejemplo. Hasta en los Juegos Olímpicos se han suicidado los deportistas, cuando se descubre que estaban haciendo trampa por doping. No lograr las marcas y metas impuestas por la sociedad o por ellos mismos, puede ser causa de suicidio. También están los casos de los soldados que no aguantan ni la rutina ni la disciplina militar. Peor aún si hay maltrato por parte de un superior o sus compañeros de armas. Este es un problema internacional, aunque últimamente los medios han destacado varios casos lamentables sucedidos en Colombia. Algunas veces la sensación de aislamiento y de no encajar con el resto del mundo los llevará incluso a matar a otros, antes de matarse a si mismos. Y esto mismo exactamente, ocurre con los casos de los estudiantes norteamericanos que se llevan el revólver del papá al colegio o a la universidad, para ajustar cuentas con sus enemigos -generalmente otros estudiantes y profesores, o la ex novia-, antes de hacerlo con ellos mismos.
La verdad no tenía planeado este tema el día de hoy. Vivo en negación cuasi permanente de los problemas, y si escucho cosas negativas de la realidad nacional o internacional, o de algún amigo o familiar, trato al máximo de activar mis filtros o coladeras mentales para pensar en lo bueno, y no tanto en lo malo. Un mecanismo de defensa, supongo yo. Pero esta mañana leí en la Revista Semana un importante artículo titulado Acosado sin salida. Trata del suicidio de un joven ejecutivo de una multinacional, que según el testimonio de sus familiares y amigos más cercanos, no aguantó el acoso laboral de su jefe, y decidió quitarse la vida. La familia piensa llevar el caso ante los tribunales, e inculpar al jefe del occiso penalmente por su muerte. Probablemente no tengan éxito, pues según la misma revista, este no es un caso aislado, sino que ya se ha presentado con anterioridad no sólo en Colombia, sino en el mundo entero, sin que se lograra establecer una penalidad en el sentido jurídico de jefe alguno con el suicidio de sus empleados, por muy cínico que este jefe fuera. Y es que al leerlo me acordé de varios casos de suicidas, pero especialmente de uno. Se trataba de un niño de unos 13 años que perdió el año escolar. Yo conocí a su familia, y era completamente normal hasta donde me consta. No había familia disfuncional, ni maltrato, ni antecedente clínico alguno que hiciera sospechar este fatal desenlace. Probablemente el niño manifestó síntomas de depresión previos, pero nunca lo sabremos. La primera y última vez que yo lo vi, fue para dictaminar su muerte clínica. Mi colega de año rural efectuó la necropsia, legalmente exigida para poder elaborar el certificado de defunción, cuando se trata de una muerte violenta. Aunque ya todos sabíamos que se había colgado de la rama de un árbol.
Pero más allá de las dudas jurídicas, está la duda humana. Cuando una persona decide quitarse la vida, generalmente se lleva consigo pedacitos de alma de sus seres queridos. Más importantemente, deja el consabido sentimiento de culpa entre quienes le sobreviven. Algunos más ajenos al caso, quizás dicten "sentencia moral anticipada", señalando que un suicida es un cobarde, o un disidente de la lucha existencial, una persona falto de carácter, o algo así. También he escuchado opiniones según las cuales "hay que ser un berraco para atreverse a algo así". Personalmente me parece fútil juzgar al suicida -peor aún moralmente-, en un caso de éstos. Pero también me parece estúpido pensar en el suicidio como una especie de prueba de berraquerra. Me parecen inhumanas e inútiles tales apreciaciones, aunque respeto las opiniones divergentes en ese sentido. Lo cierto es que según los testimonios de la esposa del ejecutivo suicida, el trabajaba a deshoras por exigencias de su lugar de trabajo, y no dormía bien por el estrés de perder su empleo, y por ende el sustento económico de su esposa y sus dos hijas. Para los que no lo sepan, la deprivación del sueño -no dormir bien, o no dormir en absoluto- puede ser tanto o más grave que cualquier adicción a una droga, o antecedente de depresión u otros trastornos mentales. Y el ambiente ejecutivo puede ser mucho más estresante que una batalla del siglo XIX en el mismísimo Pantano de Vargas entre realistas y neogranadinos. Es un mal de nuestra era. Y si el jefe de este señor tiene así sea el más mínimo sentido de escrúpulos humanos -más allá de que sea culpable o no, pues como cualquier ser humano tiene derecho a la presunción de inocencia-, también debe estar preguntándose a sí mismo qué hizo mal, o cómo podría haber ayudado a evitar esta tragedia. Entonces, sin ánimo de juzgar este caso en particular -pues habría que conocer la otra versión y muchos otros datos relevantes-, haré una breve síntesis muy general de cómo son las personas en riesgo de suicidio, para poner un insignificante grano de arena, con la intención de ayudar a prevenir estas tristes muertes.
La escala Sad Persons
De antemano, ante cualquier sospecha de riesgo suicida, este artículo no es una guía de "hágalo usted mismo". Este es un tema de extrema seriedad y gravedad, y siempre debe acudirse a un médico especialista en psiquiatría, ante la menor sospecha. No interesa si esta sospecha se refiere a usted mismo, o a una persona cercana a usted. equinoXio y el autor de esta columna no son, desde luego, ni guía de tratamiento ni de referencia médica alguna. Su fin es informativo, única- y exclusivamente. Cualquier duda -por pequeña que sea-, deberá ser consultada directamente con un profesional de la salud, y no en esta columna, pues no sería ni ético, ni efectivo, ni legal, dar consejerías específicas a través de este medio. Por lo que de antemano advierto que no contestaré consulta médica alguna. Hecha la salvedad, la escala SAD PERSONS fue diseñada por algunos servicios de atención de urgencias médicas norteamericanos, para detectar, clasificar y prevenir posibles casos de suicidio con más efectividad. Esta escala básicamente maneja factores de riesgo para que se produzca el evento del suicidio. Así como el colesterol alto -de baja densidad- en la sangre o el hábito de fumar cigarrillo por ejemplo, son factores de riesgo para los infartos de miocardio, también existen ese tipo de antecedentes clínicos para algunas de las urgencias psiquiátricas más comunes. Un antecedente obvio, y factor de riesgo para el suicidio, sería una persona que habla de suicidarse. Así de sencillo. Con mayor razón también lo sería una persona que ya lo ha intentado en el pasado.
Pero ante todo esta es una herramienta, que puede servir o no, según el caso. Como tal hay que entenderla, o saber cómo fue concebida, en otras palabras. Existen antecedentes demográficos y clínicos -estadísticas locales- que es importante tener en cuenta. Las mujeres por ejemplo intentan más el suicidio, pero hay más hombres que logran morir efectivamente como producto de su intento. En parte ello se debe a que los hombres son más inclinados a usar métodos mucho más efectivos, como un arma de fuego, o ahorcarse. La mayoría de las mujeres -no todas, por supuesto, quizás prefieren envenenarse tomando pastillas, o cortarse las venas. Pero si estas últimas son detectadas a tiempo, a veces no llegan a un shock hemorrágico irreversible -o son desintoxicadas- y se salvan. Pero un tiro en la cabeza o dentro de la boca suele ser fatal todas las veces. Por supuesto, estos son datos estadísticos. En realidad pueden haber tantos métodos en un género como en el otro. De todas maneras según un estudio colombiano del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de 1996, de 1613 muertes por suicidio, 79% eran de hombres. El 35% de todas las muertes correspondía a jóvenes entre los 15 y 24 años. El 41% utilizó un arma de fuego, el 29% la intoxicación. Según el informe de la Alcaldía Mayor de Bogotá para las muertes por homicidio -el suicido se incluye en dicha estadística-, en el 2006 la tasa de suicidios habría bajado a menos de la mitad en la capital con respecto a 1996. Sin embargo ese informe fue muy cuestionado en el ámbito político -más que todo por los homicidios causados por terceros-, y no es representativo del país. De hecho en el 2005 hubo 1776 muertes por suicidio a nivel nacional, 149 mensuales.
Otros factores menos obvios, pero que hay que sospechar siempre e indagar, son el abuso sexual, el maltrato físico y/o psicológico, el entorno familiar -¿familia disfuncional?-, relaciones afectivas y de pareja -¿separación, engaño amoroso?-, la muerte de un ser querido, antecedentes de depresión, antecedentes de drogadicción, enfermedades mentales, enfermedades terminales, etc. Como lo decía al principio, las causas del suicidio son tan diversas como lo son los seres humanos, y por ende presento esta escala llamada "Sad persons" (en inglés: personas tristes) a modo de información e ilustración. Como fue concebida originalmente en inglés, algunas siglas no corresponderían en el idioma español. Si quieren profundizar en el tema de los factores de riesgo recomiendo el artículo del psiquiatra colombiano Luis Alberto Rodríguez, titulado Observando a través de la muerte.
Ojo con los niños
Decíamos anteriormente que en el 2005 se presentaron unos 149 suicidios mensuales a nivel nacional. Ahora bien, de esos 149, 12 suicidas son niños de entre siete y quince años, y con el factor de riesgo mayor de la depresión como antecedente más relevante en estos casos, según un reportaje del periódico El Tiempo. De hecho otra nota, pero del portal web de Caracol Radio, confirmaba esta información y agregaba lo siguiente: "Máximo Alberto Duque [Director de Medicina Legal en esa época] explicó que no es un fenómeno extraño, ya que las depresiones infantiles entre los siete y quince años son frecuentes, ocasionando la fatal decisión de acabar con sus vidas. (..) El suicidio en menores de edad se da porque los niños viven los fracasos de forma más grave de lo que realmente es, sin encontrar vías alternativas de solución. Tienen más variaciones en el concepto de la muerte; piensan más en ella como un fenómeno reversible; viven el fracaso escolar como un fenómeno sin solución".
La escala SAD PERSONS fue concebida para adultos, por lo que en este caso, es mejor observar otros "signos de alarma", sobre todo cuando se trata de niños o adolescentes. Signos y síntomas tales como:
- IRRITABILIDAD: Cambios del humor repentinos, o un niño triste con demasiada frecuencia, que llora con facilidad, o es incapaz de encontrar placer en cosas que antes si disfrutaba. Puede tratarse de una caricia, una comida o un juego, etc.
- ESTADO FÍSICO: Sin motivos aparentes, ni explicación lógica, el niño vive cansado a toda hora, y sin motivo aparente -obviamente hay que tener en cuenta el nivel de actividad normal de ese niño en particular-.
- ESTADO MENTAL: El niño manifiesta cambios en su forma de pensar o comprender los problemas cotidianos, que son una distorsión de la realidad. También puede manifestarse como un déficit en su capacidad para poner atención, y que no existía previamente.
- OTRAS ANOMALÍAS: Como la alteración en los hábitos del sueño, del apetito, sintomatologías que no tengan una causa médica ni fisiológica aparente, como por ejemplo dolores de todo tipo, vómito, enuresis (que se orina en la cama mucho tiempo después de que ya había aprendido a controlar los esfínteres), etc.
Una última reflexión
Alguna vez leí -lo siento, no me acuerdo bien dónde- que la mayoría de suicidios asociados a estados depresivos se daban en la fase de recuperación, y no de recaída, como tendería uno a pensar. Por supuesto, puede ser en cualquier momento. Pero mientras no se esté seguro de que los seres queridos que padecen de trastornos afectivos están plenamente recuperados, es mejor no dejarlos solos. Mejor aún, pensemos mejor las consecuencias de nuestros actos, incluyendo lo que decimos y hacemos, tanto en el hogar como en el trabajo. Procuremos que nuestros hijos reales o del futuro ni sean víctimas ni victimarios, y que el rendimiento escolar, académico, estético, deportivo o económico, o de cualquier otro tipo, no se imponga a las más mínimas normas de convivencia y tolerancia. De seguro no sólo habría menos suicidios y homicidios, sino también un mundo por el que incuestionablemente valdría la pena vivir por siempre. Y claro, hay que esperar el segundo viento, como en la canción del video de Billy Joel que sigue a continuación. Lo crean o no, algo tan sencillo como que le digan a una persona afligida "Fresco, todos la embarramos. Siga adelante", puede salvar más vidas que un sedante mal colocado, a media noche, y en un congestionado y caótico servicio de urgencias médicas. Gracias por escucharme.
Dedicado a todos los que lo han padecido, de una forma u otra.
Tomado de www.equinoxio.org
jueves, 16 de agosto de 2007
Sobre la cuestión del suicidio adolescente
| Escribe el lector Ricardo Runge. Ofrece algunas precisiones sobre el tema y sugiere algunas conductas a seguir. "Hoy la adolescencia termina casi a los 30 años, así que a los retos convirtámoslos en investigación del porqué, y veamos a la familia unida como la mejor solución al dolor o problemas de nuestros hijos", argumenta. Adolescencia, qué problema Suicidio en adolescencia: un asunto que nos duele comentar a todos los padres y que gracias al mundo que vivimos, no nos queda lejos a ninguno. Particularmente, el suicidio entre los adolescentes ha tenido un aumento dramático en los años recientes, siendo la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre 5 y 14 años. Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre sí mismos, presión para lograr éxito, inquietudes financieras y otros miedos mientras van creciendo. Para algunos adolescentes, el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros, o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de sí mismos. En algunos casos, el suicidio aparenta ser una "solución." La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Hay que reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando los padres sospechan que el niño o el joven puede tener un problema serio, un examen psiquiátrico puede ser de gran ayuda. Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión. Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio. Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que si el joven presenta uno o más de estos síntomas, los padres tienen que hablar con su hijo sobre su preocupación y deben buscar ayuda profesional si los síntomas persisten. Cambios en los hábitos de dormir y de comer. Retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales. Actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa. Uso de drogas o del alcohol. Abandono poco usual en su apariencia personal. Cambios pronunciados en su personalidad. Aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar. Quejas frecuentes de dolores físicos tales como los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven. Pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones. Poca tolerancia de los elogios o los premios. El adolescente que está contemplando el suicidio también puede quejarse de ser "malo" o de sentirse "abominable." Lanzar indirectas como: "no les seguiré siendo un problema", "nada me importa", "para qué molestarse" o "no te veré otra vez." Poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, tirar papeles o cosas importantes, etc. Ponerse muy contento después de un período de depresión. Si el niño o adolescente dice, "yo me quiero matar" o "yo me voy a suicidar", hay que tomarlo muy en serio y hacer una consulta a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. A la gente no le gusta hablar de la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de "ponerle ideas en la cabeza", por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas. Con la ayuda de la familia y con tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar y regresar a un camino más saludable de desarrollo. En el ámbito educacional que me toca actuar, no es muy difícil ver a un chico que este gestando un problema que desemboque en un intento de suicidio, y espero que en las familias se haga otro tanto. No abandonemos nuestros hijos cuando notamos depresión o insatisfacción, acompañémoslos y sigamos de cerca su comportamiento. Hoy en día, la adolescencia termina casi a los 30 años, así que a los "retos" convirtámoslos en investigación del "porqué", y veamos a la familia unida como la mejor solución al dolor o problemas de nuestros hijos. Ricardo Runge Bariloche |
viernes, 6 de julio de 2007
Una solución que cuesta la vida
"La primera vez que intente suicidarme fue enfrente de mi mamá tuve un ataque de histeria porque yo había tenido una discusión muy fuerte con ella, la segunda vez que lo intente fue por una estupidez ya que estaba embarazada y en si lo que quería era abortar, igual si me moría no me importaba mucho. En esa ocasión tenía 14 años y la última vez que lo intente, fue hace como 5 meses aproximadamente, estaba en una depresión muy fuerte, ya no le encontraba sentido a vivir ya que me di cuenta que estaba sola y mas que nada fue la inercia de tomar unas aspirinas las cuales solo me dejaron una gastritis ya que no fue la dosis exacta, aún no se si volveré a intentarlo"
Irma Martínez Muñiz nos detalla como fueron los momentos cuando intento suicidarse
Qué entendemos por suicidio
Es la acción de quitarse la vida de forma voluntaria y premeditada. Significa, pues, darse muerte a uno mismo. En relación con este comportamiento diferenciamos entre:
Suicidio frustrado: Acción de suicidio que no ha conseguido su fin, teniendo el paciente auténtica intención de llegar a él.
Suicidio consumado: Es el intento que ha tenido éxito bien como expresión de los auténticos deseos suicidas o como una casualidad no deseada dentro del comportamiento suicida.
Conductas suicidas: Son las encaminadas a conseguir ese fin, consciente o inconscientemente, o el aniquilamiento de una de sus partes.
Simulación suicida: Es la acción de suicidio que no llega a su fin, por no existir auténtica intención de llegar a él.
Riesgo de suicidio: Es la posibilidad de que un paciente atente deliberadamente contra su vida. Dicho riesgo se incrementa si existe la idea de minusvalía de la vida, deseo de muerte por considerarla un descanso, amenazas y tentativas suicidas previas.
La amenaza suicida. Consiste en la insinuación o afirmación verbal de las intenciones suicidas, expresada por lo general ante personas estrechamente vinculadas al sujeto y que harán lo posible por impedirlo. Debe considerarse como una petición de ayuda.
El gesto suicida. Es el ademán de realizar un acto suicida. Mientras la amenaza es verbal, el gesto suicida incluye el acto, que por lo general no conlleva lesiones de relevancia para el sujeto, pero que hay que considerar muy seriamente.
El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada. Es aquel acto sin resultado de muerte en el cual un individuo deliberadamente, se hace daño a sí mismo.
El suicidio accidental. El realizado con un método del cual se desconocía su verdadero efecto o con un método conocido, pero que no se pensó que el desenlace fuera la muerte, no deseada por el sujeto al llevar a cabo el acto. También se incluyen los casos en los que no se previeron las complicaciones posibles, como sucede en la población penal, que se autoagrede sin propósitos de morir, pero las complicaciones derivadas del acto le privan de la vida (inyección de petróleo en la pared abdominal, introducción de alambres hasta el estómago o por la uretra, etc.).
Suicidio intencional. Es cualquier lesión autoinfligida deliberadamente realizada por el sujeto con el propósito de morir y cuyo resultado es la muerte. En la actualidad aún se debate si es necesario que el individuo desee morir o no, pues en este último caso estaríamos ante un suicidio accidental, en el que no existen deseos de morir, aunque el resultado haya sido la muerte.
De todos los componentes del comportamiento suicida, los más frecuentes son las ideas suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio consumado, sea accidental o intencional.
Las ideas suicidas son muy frecuentes en la adolescencia sin que ello constituya un peligro inminente para la vida, si no se planifica o se asocia a otros factores, llamados de riesgo, en cuyo caso adquieren carácter mórbido y pueden desembocar en la realización de un acto suicida.
El intento de suicidio es muy común entre los adolescentes con predisposición para esta conducta y se considera que por cada adolescente que comete suicidio, lo intentan cerca de trescientos.
Los términos suicidio y suicida se emplean para referirse a conductas "elegidas" que tienen como meta provocar la muerte propia a corto plazo. Sin embargo muchas veces estos comportamientos no han sido provocados con la finalidad de morir, sino como una expresión de cólera rabia , frustración. Por este motivo es que actualmente se han realizado definiciones más exactas al estudio de los comportamientos suicidas, así tenemos:
- Ideaciones Suicidas: se estudian distintos procesos cognitivos y afectivos que varían desde sentimientos sobre la falta de sentido de vivir, la elaboración de planes para quitarse la vida, hasta la existencia de preocupaciones sistemáticas y delirantes referidas a la autodestrucción.
-Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado en la que el individuo expone sus deseos de matarse y al preguntarle cómo ha de hacerlo, usualmente responde: gDe cualquier forma, ahorcándome, quemándome, pegándome un balazo.h
-Idea suicida con un método específico no planificado, en la cual el sujeto desea suicidarse y ha elegido un método determinado para llevarlo a cabo, pero aún no ha ideado cuándo lo va a ejecutar, en qué preciso lugar, ni tampoco ha tenido en consideración las debidas precauciones que ha de tomar para no ser descubierto y cumplir con sus propósitos de autodestruirse.
-El plan suicida o idea suicida planificada, en la que el individuo desea suicidarse, ha elegido un método habitualmente mortal, un lugar donde lo realizará, el momento oportuno para no ser descubierto, los motivos que sustentan dicha decisión que ha de realizar con el propósito de morir.
b) Parasuicidas: comprende conductas variadas que incluyen desde gestos e intentos manipuladores hasta intentos fallidos de terminar con la propia vida. Se hace referencia a actos deliberados que no tienen un final fatal pero que provocan daños en el propio sujeto que las ejecuta, dichos actos deben ser poco habituales. El parasuicidio o lesión deliberada sería el conjunto de conductas donde el sujeto de forma voluntaria e intencional se produce daño físico, cuya consecuencia es el dolor, desfiguración o daño de alguna función y/o parte de su cuerpo, sin la intención aparente de matarse. Incluimos en esta definición las autolaceraciones (como cortes en las muñecas), los autoenvenenamientos (o sobredosis medicamentosas) y las autoquemaduras.
Los más peligroso es que si uno se acostumbra a fantasear sobre la propia muerte, como mecanismo de escapatoria ante la pena de vivir, la fantasía puede llegar a adquirir el carácter de respuesta condicionada en períodos de crisis o de un mayor estrés. La muerte puede convertirse en un pensamiento reconfortante, hasta tal punto que el temor a la vida llegue a parecernos más horrible que el temor a la muerte, explica Yolanda Rodríguez Guzmán, psicóloga de la Preparatoria Regional de Ecatepec
Aunando a la depresión y críticas sociales a las que se ven sometidos los adolescentes hoy en día, esta alternativa fatídica se ve con mayor frecuencia implementada por este estrato social, por el hecho de sentirse acorralados a situaciones las cuales no creen poder solucionar, al desconocer algún tipo de arma que les sea útil para sobrellevar la etapa que marca la diferencia entre ser un niño o un adulto.
"La muerte no es nuestra mayor perdida. Nuestra mayor perdida es lo que muere dentro de nosotros". Norman Cousins
Irma comenta que no esta en una de las etapas más fáciles de su vida, pero ya se dio cuenta de que no es por la gente por quien esta viva, sino por ella, para su propia satisfacción
- Divorcio o separación de los padres
Diana Blanco puntualiza que en el aspecto psicológico se ha visto que hay problemas de depresión, la cual es difícil de identificar, pues se espera que el adolescente tenga etapas de tristeza, desanimo, pero en los adolescentes también se presentan etapas de mucha agresividad que simboliza una depresión oculta.
Karla Juárez narra como fue el momento en que se dio cuenta que su primo se había suicidado:
" Gonzalo era un chavo de lo más normal, aún no asimilo que se halla quitado la vida. Nadie se percato de que estaba en una depresión muy fuerte, aunque se la pasaba sonriendo la mayor parte del tiempo, por instantes se le podía ver distraído, sin ánimos de hacer nada, pero nadie sabía que era lo que estaba sufriendo por dentro. Una mañana sólo se escucho un disparo, cuando nos dimos cuenta Gonzalo estaba tirado en el piso. Se había dado en tiro en la cabeza. Aún nadie se explica el porque"
SIGNIFICADO PSICOLÓGICO GENERAL DEL SUICIDIO
Cuando hablamos de significado psicológico , queremos advertir cual es la causa o el para que realiza el adolescente el acto suicida. Se han descrito varios sentidos posibles:- El juego: es el "hecho de arriesgar su vida para probarse a sí mismo".
En los adolescentes es común que se presenten los comportamientos de huída frente a los fracasos y la llamada o chantaje.
Durante este periodo etéreo, las consideraciones personales, ambientales ocasionan ciertos quiebres dentro de la personalidad del adolescente, por lo que las respuestas impulsivas, sirven como una manifestación de las propias dificultades por las que atraviesan los adolescente.
Yolanda Rodríguez explica que la escuela puede generar cierta impotencia, pero ese sentimiento puede venir a partir de que alguien le halla dicho al adolescente: tú no puedes, y el adolescente se dice a si mismo: yo no puedo. Acepta que no es capaz de hacerlo, no se fortalece el autoestima para demostrar sus capacidades y sobretodo no se fortifica esa resiliencia que pudiera evitar el suicidio.
La causa por la que el adolescente suicida manifiesta que realiza el acto suicida, se encuentra comprendida en el rubro de dificultades en el grupo familiar (separación de los padres, discusiones en la familia, dificultades de comunicación con los padres), seguida de donde se encuentra un antecedente de abuso sexual (antiguo o reciente), siendo luego de menor cantidad los mencionado por abandono, notas, depresión, MI.
Dentro de las características familiares encontramos que el mayor índice se encuentra en problemas dentro de la familia nuclear sin embargo si juntamos lo correspondiente a padres separados, madres jefas de hogar, y a cargo de las familias de origen nos encontraremos con que nos hablan de desestructuración y falta de figuras significativas para el adolescente parasuicida.
Es decir, la configuración patológica, domina sobre la dimensión humanista de afronte al medio. Las características individuales deben ser tomadas en cuenta en cuanto son personas en interacción las que pasan por procesos diferentes y, el adolescente no esta alejado de esta premisa. Si consideramos la respuesta individual, veremos que esta puede ser adaptativa o no adaptativa a nuestra realidad pero respuesta en si de la persona que la ejecuta en razón de las habilidades que posee y en base a las característica de persona en interacción.
La respuesta frente a situaciones de tensión como en el caso de los parasuicidas estudiados, (Dificultades en el grupo familiar y abuso sexual) se encuentran en la línea de situaciones que evocan respuestas de adaptación más no de castigo, o de llamada de atención, tanto la huida como el duelo son dos respuestas emitidas por los parasuicidas, ante: una situación considerada como insoportable y una situación que corta el desarrollo o proyecto de vida del adolescente. En estos casos tanto el hecho de no contar con las figuras significativas, padre, madre, y el haber sido victimas de un abuso sexual, se configuran en esas situaciones de corte que ocasionan una situación de crisis, inadecuadamente manejada al no contar con elementos de respuesta más adaptativos o habilidades sociales que le permitan hacer frente a la situación amenazante. Sin embargo es necesario mencionar, que en nuestro medio contrariamente a lo que la literatura menciona, la falta de la figura materna se configura como una situación amenazante, debido fundamentalmente que en la mayoría de los casos, es la madre la figura paterna conocida por los parasuicidas
Historia de intentos y amenazas:
| Entre el 25 y el 50 % de los actos consumados tienen historia conocida de intentos previos. Existe una tendencia a repetir los mismos gestos suicidas. |
Edad: Son grupos de alto riesgo los adolescentes y ancianos.
En el varón la frecuencia aumenta con la edad, con una incidencia máxima a los 75 años. Consuman el suicidio 2-3 veces más que las mujeres. |
Factores sanitarios:
| Aproximadamente en el 50 % de los intentos se aprecia enfermedad física, destacando el dolor crónico, las enfermedades crónicas o terminales (cáncer, SIDA: 4% del total), y las intervenciones quirúrgicas o diagnóstico reciente de lesiones invalidantes y deformantes. |
Manejo de la Crisis Suicida en el Adolescente
Ante una crisis suicida en el adolescente es de suma utilidad observar los siguientes principios:
1- Tratarlo con respeto.
2- Tomarlo en serio.
3- Creer lo que nos manifiesta.
4- Escucharle con genuino interés.
5- Permitirle expresar sus sentimientos (llanto, ira, disgusto).
6- Preguntar sobre la idea suicida
7- Responsabilizar al adolescente con su propia vida, siempre que ello sea posible.
8- Trabajar juntos en encontrar soluciones no suicidas, por lo que deben explorarse soluciones alternativas al problema que ha desencadenado la crisis suicida.
9- Establecer un pacto no suicida siempre que el estado del adolescente lo permita. Para ello se le compromete a no autolesionarse durante la crisis.
10- Pedir permiso para involucrar a otros miembros de la familia, amigos y cuantas personas sea necesario para apoyar al adolescente.
11- Garantizar varias opciones para contactar con la persona que presta la ayuda psicológica, sean los padres y las madres, los maestros, tutores, médicos, suicidólogos, etc.
12- No juzgarlo, comprometiéndonos a guardar secreto de todas las confesiones que haga el adolescente.
13- Ser directivo, con el suficiente tacto como para no parecerlo.
La forma de prevenir el suicidio en los adolescentes es promoviendo un estilo de vida saludable, una sexualidad responsable, desarrollar múltiples intereses que les permitan un uso adecuado de su tiempo libre que desarrolle características que le sirvan como defensa contra el comportamiento suicida, el amor a la patria, que se identifiquen con personajes importantes de su país, personajes que sean estoicos, flexibles, altruistas, solidarios, sensibles, humildes y perseverantes para lograr sus metas. Que el joven aprenda a tolerar frustraciones, a aceptarse tal y cual es, que piense positivamente, no con sobre valoración, ni subvaloración. Que confié en sí mismo y en los demás, así como que aprenda a desarrollar una sana desconfianza e incertidumbre frente a lo desconocido.
En pocas palabras, el suicidio y su madre, la depresión, son ya dos de las más graves enfermedades sociales que vive el país y sería conveniente que la Secretaría de Salud declarase ambas enfermedades lo que son, una emergencia nacional de salud.
Cuando un adolescente se enfrente ante la terrible decisión de suicidarse o no, lo único que realmente importa en esos instantes es demostrarle lo valioso que es por el simple hecho de existir. Anónimo
"Se podría decir que tengo cosas que mucha gente quisiera, pero la verdad no lo se ya que tengo una frase que dice no se si a veces pido demasiado o me conformo con pequeñeces que desgraciadamente muchas personas las ven tontas". Irma Martínez
Tomado de www.tuobra.unam.mx
jueves, 5 de julio de 2007
Actitud ante el suicidio y conductas autolesivas
¿Qué entendemos por suicidio?
Es la acción de quitarse la vida de forma voluntaria y premeditada. Significa, pues, darse muerte a uno mismo. En relación con este comportamiento diferenciamos entre:
¿Qué entendemos por parasuicidio?
El parasuicidio o lesión deliberada sería el conjunto de conductas donde el sujeto de forma voluntaria e intencional se produce daño físico, cuya consecuencia es el dolor, desfiguración o daño de alguna función y/o parte de su cuerpo, sin la intención aparente de matarse. Incluimos en esta definición las autolaceraciones (como cortes en las muñecas), los autoenvenenamientos (o sobredosis medicamentosas) y las autoquemaduras.
¿Cuál es la dimensión del problema en cifras?
A nivel mundial, las cifras de autolesiones se estiman entre un 3-5 % de la población mayor de 16 años, incluidos los suicidios consumados. La cifra anual en la Unión Europea es de 800-1.000 casos por cada 100.000 habitantes/año. Del 15-30 % de los pacientes que se autolesionan repiten la conducta antes del año, y entre el 1-2 % se suicidarán entre los 5 y 10 años de la tentativa.
Diariamente se producen en el mundo de 8.000 a 10.000 intentos de suicidio, de los que 1.000 lo consiguen. Según la OMS, el suicidio sería la décima causa de muerte en los países civilizados.
¿Cuáles son los principales factores de riesgo personales y demográficos para el suicidio?
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