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viernes, 28 de septiembre de 2007

Personalidad intrigante

Rodrigo Contero Peñafiel
El éxito en el funcionamiento de una institución o empresa no se mide solo con la producción sino también con el desempeño de sus empleados o trabajadores ...

El éxito en el funcionamiento de una institución o empresa no se mide solo con la producción sino también con el desempeño de sus empleados o trabajadores y esto se logra cuando se cuenta con un equipo motivado y proactivo, que participe de las decisiones que toma la administración, conozca los objetivos de la empresa y sepa cuál es su misión. En el medio laboral, sin embargo,  a veces encontramos individuos que poseen una personalidad intrigante con mucha carga de envidia, imprudencia y faltos de respeto, que hacen peligrar el trabajo en equipo y desorganizan la institución.

Los problemas de individuos con este tipo de personalidad son muy frecuentes en nuestro medio y constituyen el detonante para el fracaso de muchas empresas, estas personas actúan por el impulso incontenible de emitir juicios de valor y desprestigiar a quienes consideran sus rivales o enemigos, se molestan por el  éxito que puedan alcanzar sus compañeros y no toleran a quienes poseen valores y principios, Esta personalidad es propia de individuos mediocres e inseguros, aunque no es raro encontrarla en personas brillantes pero hipócritas y mezquinas.

El prestigio y producción en una institución se alcanza cuando se cuida del capital humano, razón de ser de todo proceso técnico y administrativo, por lo que se hace necesario  que las instituciones cuenten con una dependencia que además de los problemas médicos  se preocupe de los problemas psicológicos y sociales para  tratar estas y otras patologías  muy comunes en nuestra sociedad sujeta al estrés causado por los problemas económicos, sociales y políticos.
Tomado de www.elcomercio.com

Conoce tu lenguaje corporal

 

Hablamos a través de nuestro cuerpo y todos nuestros movimientos dicen cosas respecto de la personalidad. Conocer este lenguaje se vuelve vital a la hora de enfrentar diferentes situaciones laborales.

El lenguaje corporal es un significativo indicador de nuestra actitud hacia el trabajo, entusiasmo y personalidad en la oficina. Más que las palabras que usa o el tono de su voz, su comportamiento físico comunica todo a quien lo observa. Esa persona, en la mayoría de las oportunidades, es un superior que puede dar un vuelco a su carrera.

Nos guste o no, en el mundo profesional, la gente es evaluada por su exterior y permanentemente las reputaciones son basadas en nada más que en cómo se ven o su lenguaje corporal. Esto puede literalmente determinar su futuro en una compañía y puede producir un impacto durante una entrevista o eliminarnos con cero chances de ser nuevamente llamados.

Existen diferentes escenarios en el trabajo que requieren de diferentes tipos de lenguaje corporal en función de provocar una impresión positiva en los clientes, pares, y superiores Algunos son más formales que otros pero sobretodo, su guardia debe estar alta y en ningún otro tema que la circunstancia en la que se halla.

En una entrevista

Ninguna otra situación esta más cargada de potenciales riesgos en cuanto al lenguaje corporal y de imperativas interpretaciones. Es el momento de dar en el blanco y transmitir una actitud de completa confidencia y total compostura. Como todos sabemos, sin embargo, mucha gente es rechazada en el primer intento.

Un pobre acercamiento: Cuando conoce a alguien por primera vez -especialmente a alguien que tiene el poder de abrir la puerta de una gran oportunidad- cada simple detalle cuenta, desde el contacto visual hasta un firme y seco movimiento de manos. Un cortés reconocimiento de gratitud, con una relajada pero erguida postura, podrían dar el mejor tono en el que deberá dirigirse en la sala de entrevista. Y no se preocupe por cómo la entrevista está resultando, déjela fluir.

Una apariencia lastimosa: Un traje apropiado agrega mucho a la impresión general, especialmente en una entrevista formal. Sin embargo, el punto aquí no es el corte de su traje o el brillo de sus gemelos, sino la impresión de su cuerpo en la posición en la que está sentado. La regla de oro es estar alerta y erguido, con una firme dosis de contacto visual a lo largo del período de preguntas.

En la empresa

Los encuentros semanales o diarios en el trabajo pueden hacerse muy rutinarios, por lo que dejamos de reconocer la importancia de nuestro lenguaje corporal cuando nos sentamos alrededor de la mesa de conferencias.
Además, si nuestro trato con los colegas es familiar y amigable, perderemos rápidamente el control del hecho que aún estamos en un encuentro profesional y puede conducirnos a nosotros mismos en consecuencia.
Así, un encuentro en la compañía es el medio perfecto para hacer una lista de las características principales del lenguaje corporal:

Postura: Un muy importante indicador de una confiada y vibrante personalidad está comandado por la buena postura. Proyecta fuerza de carácter y convicción. Alguien que no cree, es probablemente alguien que está atascado en el final de su trabajo, que no tiene ambición y podrá terminar con osteoporosis. O algo parecido.

Excesivo movimiento: El no poder quedarse quieto es algo que padecen los niños con hiperactividad. A menos que usted haya sido clínicamente diagnosticado con el Desorden de Déficit de Atención, es una excusa el jugar con su lapicera, tocarse el pelo o balancearse constantemente. Esto es un encuentro en una compañía. Por amor a su carrera, preste atención y quédese sentado. Y no crea que la gente no nota el golpe contra el piso de su pie bajo la mesa. Y si continúa en movimiento, deje la cafeína después de cada encuentro.

Fuente: enplenitud.com

 

jueves, 27 de septiembre de 2007

No siempre los gestos definen las predilecciones sexuales

No siempre los gestos definen las predilecciones sexuales

A través de la gestualidad transmitimos estados de ánimo y actitudes, maneras de pensar y actuar

Por: Yoelvis Lázaro Moreno Fernández, estudiante de Periodismo

 

Todos los movimientos del alma deben ir acompañados de gestos, ademanes...
Cicerón

SANTA CLARA, Villa Clara.- Las manos de Miguel Ángel desconocen la quietud. Agitadas e imprecisas a más no poder, se desplazan de un lado a otro mientras él conversa y configura ideas. Al compás de sus palabras contrae y expande la mirada, echa un guiño de ojos nada casual y abulta el cachete izquierdo en señal de incomodidad.

«¿Qué te pasa?» le dice molesto a uno de sus compañeros de aula, mientras intenta ridiculizarlo imitando algunas de sus extrañas poses. «¡Mira, "hembrita"!» -le grita otro muchacho en un tono bastante despectivo, al tiempo que el resto del grupo se encarga de poner las burlescas carcajadas. Luego todos se marchan, dejándolo solo, y aunque ama el béisbol y quisiera también batear en aquella descarga improvisada de un receso cualquiera entre pioneros de quinto grado, sabe que no le permitirán ni tan siquiera acercarse.

¡Hasta sus padres se inquietan por los ademanes inadecuados del chico! Uno a otro se culpan por la «mala crianza» y los reprochables hábitos, preocupados tanto por la causa de que el simpático Migue gesticula más de la cuenta, como por sus posibles consecuencias para el futuro.

El gesto no hace el gusto

La Máster en Psicología Milaisy Méndez Rodríguez confiere extrema importancia a las influencias del medio circundante y al carácter imitativo del lenguaje gestual en los primeros años de existencia.

«A temprana edad los niños comienzan a reproducir los rasgos manuales y las expresiones faciales de los que lo rodean. Casi siempre en casa se les insiste en asumir como modelo de actuación al progenitor o tutor de su mismo sexo, pero eso no impide que en algunos casos puedan copiar las manifestaciones más distintivas del género opuesto.

«En el primer lustro de vida, la familia desempeña la principal labor formativa sobre el infante, responsabilidad que continúa una vez iniciada la actividad docente», recalca la especialista.

«Ya en la escuela, el círculo infantil o las vías no formales, aparecen otros patrones educativos, que tendrán un fuerte predominio en su conducta. En la mayoría de los casos el maestro -sea hombre o mujer- representa un paradigma a seguir, y sus educandos intentan hacerse eco de todo el desenfado verbal y mímico con que acostumbra a explicar.

«Cuando se evidencia una gestualidad excesiva en esta etapa de la vida, generalmente obedece al comportamiento de algún miembro de la familia, la comunidad o el centro de enseñanza, del cual el pequeño se ha ido apropiando, sin restar peso al influjo de otras instituciones sociales también cercanas o relacionadas con él».

Con la llegada de la adolescencia, y más tarde de la juventud, se vive un período de mayor autorreconocimiento, caracterizado por la búsqueda de una independencia nunca antes perseguida. A partir de entonces el individuo alcanza una definición más acabada de gustos, llega a descubrir nuevas inclinaciones y entiende el rol de los estereotipos.

Quien se sale de esos patrones en materia de expresión corporal corre el riesgo de ser tildado de homosexual: tanto una muchacha por ocupar posiciones un tanto varoniles o mover las extremidades superiores con cierta rudeza, como los hombres que señalizan demasiado con su rostro o bracean con marcada feminidad.

Sin embargo, no se puede asumir una correspondencia categórica entre las expresiones gesticulares de una persona y su orientación sexual. La Máster en Psicología médica y profesora de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, Dunia Ferrer, esclarece algunas dudas al respecto:

«En nuestra sociedad perduran aún arquetipos heredados de la cultura patriarcal, a través de los cuales se ha asociado siempre al ser masculino con frialdad emocional, valentía, competitividad y un mayor desarrollo de la vida pública; y a las féminas, por su parte, con la delicadeza, la ternura y el sentimentalismo.

«Cuando alguien no cumple cabalmente con estos presupuestos y, conjuntamente con ello, se apropia de apariencias un poco comprometidas con el estereotipo del sexo contrario, se le juzga arbitrariamente. Sin embargo, pecamos de absolutos si creemos que la gestualidad constituye medida exacta para identificar las preferencias amatorias».

En tal sentido sí se pudiera hablar de una diversidad tan grande como seres humanos existen, pues el comportamiento de cada cual constituye el resultado de la acción de múltiples factores, que no en todos los sujetos son los mismos, ni repercuten de igual manera.

«La profesión, la edad, la procedencia, el nivel de escolaridad y la pertenencia a determinado grupo social, entre otras muchas variables, pueden condicionar nuestro proceder expresivo.

Un ingeniero no se expresa de modo idéntico a un artista, un comediante o un economista, ni un anciano de 70 años se comunica extraverbalmente como un joven de solo 15, como tampoco las manifestaciones de un campesino se parecen a las de un hombre de ciudad.

«La intención también llega a determinar la conducta de cada persona, y por ende sus revelaciones gestuales. Si el propósito perseguido radica en convencer, seguramente seremos más ecuánimes y menos apasionados. En cambio, si deseamos agredir y encolerizar, buscaremos la forma de ser violentos y ofensivos hasta con los movimientos de la vista», aclara.

Cubano que no gesticula...

La espontaneidad de los nacidos en la mayor Isla caribeña va más allá de un trato desenvuelto y hospitalario. Uno palpa la gentileza característica entre los coterráneos como si fuese genética. Mucho más cuando el carisma criollo se traduce en formas originales que tributan a nuestra riqueza comunicativa.

Si cerramos momentáneamente un ojo mientras explicitamos un mensaje, le hacemos saber a alguno de nuestros interlocutores que lo dicho carece de certidumbre. Con solo colocar el dedo índice encima de la boca mandamos a callar, y solemos proferir frases de afecto a los amigos acompañadas de un fuerte apretón de manos.

El lenguaje mímico puede reforzar o contradecir el discurso hablado. Y aunque no en todos los seres humanos se patentiza en la misma medida, nadie escapa de manifestarlo, según reconoce la especialista de la casa de altos estudios villaclareña.

«No debemos entender la gestualidad entre hombres y mujeres determinada por una diferencia cuantitativa: Más bien lo que existe es un contraste de cualidad, una marca en la forma de hacerse y no exactamente en el contenido a comunicar».

Ningún cubano dudaría en creer que los latinos actuamos con más soltura que los europeos. Cada día nosotros lo probamos, signados por un clima y una naturaleza que invitan al desahogo temperamental. Somos brazos, piernas, rostros y desvelos, en una vorágine constante de mímesis y gestos.

Nadie tiene derecho a juzgar por ello nuestras preferencias sexuales, sobre todo en estos tiempos, en que queda más clara para muchos la diferenciación entre género y orientación sexual, y si un gesto «delicado» en un hombre como un accionar «tosco» en una mujer levantan suspicacias, se comete el error de ser injustos... y superficiales.

Tomado de www.juventudrebelde.cu

miércoles, 22 de agosto de 2007

La personalidad influiría en el síndrome del colon irritable

 

13 de agosto de 2007

NUEVA YORK (Reuters Health) - Las personas que experimentan altos niveles de estrés y ansiedad parecen ser más propensas a desarrollar síndrome del colon irritable (SCI) tras una infección gástrica severa, informaron investigadores de Gran Bretaña y Nueva Zelanda.

Una serie de estudios sugirió que la causa del SCI tiene componentes psicológicos y conductuales, expresaron en la revista Gut las doctoras Rona Moss-Morris, de la University of Southampton, y Meagan J. Spence, de la University of Auckland.

"Este estudio demuestra que varios factores psicológicos, particularmente el estrés, la ansiedad y una tendencia a seguir adelante cuando se está enfermo y luego colapsar como consecuencia, interactúan con la dolencia física para causar SCI", dijo Moss-Morris a Reuters Health.

En su estudio, los investigadores observaron a 620 pacientes que tenían inflamación estomacal causada por una infección con la bacteria denominada Campylobacter. Ninguno de los participantes había sufrido anteriormente SCI o dolencias intestinales graves.

Los sujetos completaron un cuestionario que cubría aspectos de la personalidad y la conducta en el momento de la infección inicial. Luego fueron controlados tres y seis meses después, para ver si habían desarrollado SCI.

Los expertos hallaron que 49 de los pacientes tenían la enfermedad en ambos puntos del seguimiento.

La depresión y el perfeccionismo no estuvieron tan asociados al surgimiento del síndrome del colon irritable.

Sin embargo, otros factores sí estuvieron relacionados con la dolencia. Entre ellos, los mayores niveles de estrés y ansiedad percibidos.

Los pacientes con SCI también eran mucho menos propensos a descansar por su enfermedad y seguían con sus actividades pese a los síntomas que presentaban, hasta que eran forzados a permanecer en reposo.

Estos pacientes eran proclives a ver la enfermedad de un modo particularmente pesimista. Ser mujer fue otro factor de riesgo importante del síndrome del colon irritable.

El autor británico de un editorial que acompañó al estudio, el doctor Francis Creed de la University of Manchester, dijo a Reuters Health que la investigación "muestra más claramente que la mayoría de los factores psicológicos están asociados con el desarrollo del SCI".

Tomado de www.buenasalud.com

Crearon una máquina capaz de detectar la personalidad

Científicos franceses dicen que es posible establecer el perfil de la personalidad de un individuo a través de impulsos biofísicos.

Cuatro científicos franceses han sacado al mercado una máquina con la que dicen que se puede establecer el perfil de la personalidad de un individuo a través de impulsos biofísicos, producidos con la colocación de unos electrodos en el cuerpo.

El diario "Le Monde" se hizo eco de las primeras experiencias del funcionamiento de esta máquina, bautizada con las siglas QPM (iniciales en inglés de medida del potencial cuántico), que en unos minutos ofrece características del perfil psicológico de la persona a la que analiza.

El dispositivo da cuenta de la "inteligencia emocional", las aptitudes sociales, la motivación, el nivel de estrés e incluso las huellas de la experiencia vital.

El funcionamiento de QPM se basa en introducir en el cuerpo micro-corrientes imperceptibles de menos de 1,5 voltios a través de dos electrodos colocados en la frente y cuatro placas de acero en manos y pies.

Esos mismos electrodos reciben de vuelta las señales de una treintena de puntos del cuerpo de los intercambios intercelulares.

La medida de esa conductividad permite obtener un análisis de los intercambios celulares, según los creadores de QPM, el médico especialista en acupuntura Jean-Luc Ayoun, el ingeniero Dominique Zalewki, el físico Hervé Moskovakis, y el especialista de mercadotecnia Patrick Visier.

En su página de internet, explican que a partir de esas medidas se pueda obtener un balance de la personalidad, porque "el psiquismo y las capacidades de una persona están bajo la dependencia del cerebro".

Oficialmente está prohibido el uso de esta máquina por los responsables de relaciones públicas, aunque algunos expertos han manifestado su inquietud.

 
Tomado de www.rafaela.com

viernes, 10 de agosto de 2007

Transtornos limites de personalidad

 

Se trata de personas que tienen dificultad para su control emocional y que, por tanto, desde el punto de vista conductual destacan por su inestabilidad emocional.

Los trastornos límite de personalidad constituyen un problema cada vez más frecuente en las sociedades desarrolladas.

No son propiamente una enfermedad mental como puede ser la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia.

Básicamente, se trata de personas que tienen dificultad para su control emocional y que, por tanto, desde el punto de vista conductual destacan por su inestabilidad emocional y afectiva, reacciones imprevistas y desproporcionadas, y falta de tolerancia a la frustración, entre otros.

Si sumamos todo lo anterior podríamos deducir que se trata de personas que habitualmente reaccionan de forma inesperada y hasta violenta (incluso contra sí mismos) ante cualquier contrariedad o situación imprevista, y con dificultad para establecer vínculos afectivos de lealtad duraderos.

En muchas ocasiones ni siquiera con sus padres.

Por lo anterior, la convivencia con ellos se puede deteriorar hasta límites insoportables incluso para los propios padres.

Una vez pasado el episodio de impulsividad con frecuencia se dan cuenta de lo ocurrido y tratan de poner remedio, pero la inestabilidad emocional nuevamente les lleva una y otra vez a reacciones desproporcionadas e inesperadas.

Tienen, por tanto, una baja tolerancia a situaciones de estrés y manejan muy mal las situaciones de tensión.

A veces, pueden recurrir a consumo de tóxicos para poder tolerar mejor las situaciones estresantes caracterizándose también por ingestas de alcohol o drogas desproporcionadas y con total pérdida de control.

Son muchos los factores relacionados con su aparición, si bien su frecuencia está siendo cada vez mayor, atribuyéndose eso en gran medida a los nuevos modelos educativos y de desarrollo en el que se cultiva menos el autocontrol y la confrontación individual y responsable con las dificultades.

En ocasiones, el excesivo sobreproteccionismo de la sociedad actual lleva a individuos adultos indefensos y con escasos recursos ante la contrariedad.

La indefensión y falta de capacidad de afrontar esas situaciones estresantes les lleva a una tensión interior muy alta que no saben manejar y que desembocan en una reacción desproporcionada, en ocasiones agresiva frente a sí mismo o el que tienen más cercano (a veces un ser querido), y con bajo control de esa impulsividad y vehiculización de la tensión generada.

Tras la reacción se encuentran ante las consecuencias de sus actos, que pueden incluso generarle mayor tensión.

Así, muchas reacciones supuestamente anormales y desproporcionadas (incluso agresión de género) tienen su origen en este problema.

¿Qué hacer? La intervención y tratamiento de estos casos requiere un abordaje multifacético en el que se integren un tratamiento psicoterapéutico, educativo y psicofarmacológico.

Recientemente, se ha avanzado mucho en la búsqueda y hallazgo de mecanismos biológicos que actúan en los mecanismos de control emocional y que está permitiendo la aplicación de nuevos fármacos, como son algunos antipsicóticos de nueva generación.

El tratamiento psicoterapéutico es habitualmente muy prolongado y en ocasiones requieren de la intervención en unidades especializadas.

En España hay pocas, destacando las de Málaga y Zaragoza entre otras, especialmente por ser de las primeras en ponerse en marcha.

Tomado de www.elporvenir.com.mx

martes, 3 de julio de 2007

Nuevo Vínculo Entre Química Cerebral y Personalidad Agresiva

Neurología
3 de Julio de 2007.

Una investigación, realizada en el Laboratorio Nacional Brookhaven, ha demostrado que hombres sanos con bajos niveles de cierta enzima cerebral, exhiben rasgos de personalidad más agresiva, según el análisis de un cuestionario estándar sobre personalidad.

Esta investigación por neuroimágenes, en sujetos normales, no violentos, consolida la relación entre niveles bajos de una enzima cerebral, conocida como monoamina oxidasa A (MAO A), y un comportamiento agresivo, una relación que ha sido tema de investigación desde hace más de dos décadas.

"Nuestro estudio proporciona evidencia de una asociación entre el nivel de MAO A cerebral y rasgos de personalidad agresiva en individuos normales", subraya la investigadora Nelly Alia-Klein (del Laboratorio Nacional Brookhaven). Si este modelo es probado con éxito en individuos que realmente presentan un comportamiento agresivo o antisocial, por ejemplo violencia doméstica, podría desembocar dentro de unos años en una intervención farmacológica contra la agresión anormal.


Los investigadores determinaron la actividad de la MAO A cerebral en 27 voluntarios varones sanos, no violentos, usando tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). Esta técnica utiliza una molécula marcada con un trazador radioactivo que se une a la MAO A del cerebro, pudiendo así ser medida cuantitativamente con la PET. Los sujetos también contestaron un cuestionario estándar con 240 preguntas, que permitió a los investigadores determinar el perfil de personalidad de los hombres, y no simplemente su tendencia a la agresión.

El principal hallazgo del estudio es que los sujetos con niveles más bajos de actividad de MAO A en el cerebro, fueron los que más contestaron "sí" a las preguntas sobre aprovecharse de otros, causarles malestar, tener mal genio, y ser de carácter vengativo. "Sólo la personalidad agresiva fue relacionada con la actividad de MAO A del cerebro, y no otras dimensiones de la personalidad", matiza Alia-Klein.

Es importante destacar que los fármacos inhibidores de la MAO son eficaces en el tratamiento de la depresión y no están asociados al comportamiento agresivo.

La investigación de Alia-Klein ha sido financiada por la Oficina de Investigación Biológica y Medioambiental, dependiente de la Oficina de Ciencia del Departamento de Energía de EE.UU., por el Instituto Nacional de Consumo de Drogas, y por la Alianza Nacional para Investigación de Esquizofrenia y Depresión.

lunes, 4 de junio de 2007

La manía de complacer

Nadie se conforma con un reducido círculo de amistades sólidas, sino que aspira a quedar bien con todo bicho viviente


Las estrategias publicitarias de la época halagan al consumidor, insinuándole que es estupendo y maravilloso, que se merece un estatus más alto y un mayor grado de confort, que todos sus deseos deberían convertirse en realidad. En la misma línea, el discurso político dirigido a las masas se ha despojado de la antigua severidad de las consignas y ya no ordena al ciudadano cómo debe ser, sino que le pregunta qué quiere ser y cuáles son sus aspiraciones. Las firmas comerciales y las formaciones políticas necesitan hacer amigos, granjearse las simpatías del mayor número posible de personas, orientar sus esfuerzos hacia el asentimiento de la mayoría.

Esa misma tendencia ha penetrado en las relaciones personales. Nadie se conforma con un reducido círculo de amistades sólidas, sino que aspira a quedar bien con todo bicho viviente. Y no es algo de lo que en principio debamos avergonzarnos. Los humanos somos seres sociales necesitados de la aprobación y el reconocimiento de nuestros semejantes. La Psicología explica, por otra parte, que las personas integradas en su entorno tienen más probabilidades de alcanzar el equilibrio y disfrutar de una buena salud mental que quienes viven aislados, enfrentados con su hábitat, sin amigos y mal vistos por quienes les rodean.

Pero entre ser afectuoso, servicial y amable, y tomarse la vida como un concurso de popularidad va un largo trecho. Cuando sólo se aspira a coleccionar reconocimientos externos, aunque sea con la mejor de las intenciones, es muy probable que se pierda el rumbo de la propia mejora. El mayor aprecio es el que deriva del conocimiento profundo, y es difícil que todos puedan conocernos lo suficiente. Más aún: por regla general, quien intenta agradar por sistema se oculta tras una capa de apariencias, de fingimientos y de máscaras que al final lo hacen irreconocible. Podrá considerarse popular o simpático, cosa sin duda gratificante en esta era del éxito social a toda costa. Sin embargo, ni eso certifica la rectitud de su proceder ni le garantiza el beneficio final que de él vaya a obtener.

Muchas personas condicionadas por la opinión ajena, por el qué dirán o las ganas de agradar, terminan siendo víctimas de la incertidumbre inherente a estas preocupaciones. En lugar de forjarse una personalidad propia, se han hecho con un vestuario repleto de disfraces. Todos conocemos personas dotadas de un innato don de gentes; comportarse con cortesía y buenas maneras también facilita la aceptación de los otros. Pero la excelencia absoluta no existe. Nada hay más absurdo que pretender sacar buena nota en todos y cada uno de nuestros actos. Sólo los dictadores y algunos artistas de circo ganan por aclamación; el resto pasamos por la vida con mayor o menor éxito, pero siempre como la lluvia que no cae a gusto de todos.

Quienes porfían en este empeño inútil acaban siendo rehenes de su versatilidad. Se comprende al muchacho tímido que, encontrando obstáculos para ganar amigos, se presta a hacer favores y soportar abusos con tal de ser admitido en el grupo. No hay que juzgar mal al adolescente incapaz de dar una negativa por miedo a descender en el escalafón de popularidad del colegio. Pero la madurez comienza cuando uno deja de entender la vida como un campeonato de simpatía y, sin depender de la opinión de los demás, busca su realización personal en el propio proyecto de vida.

El medio urbano actual, que privilegia las apariencias debido a la brevedad y la discontinuidad con que se producen en él los encuentros entre personas, impone en cierto modo una idea del éxito basado en el coleccionismo de relaciones. Hay que tener una agenda repleta de nombres y teléfonos, ser conocido, estar integrado en un grupo lo más numeroso posible. Poco importa que la mayoría de esas relaciones sean superficiales. A la hora de la verdad es probable que ninguno de esos teléfonos responda y que entre esa muchedumbre de amigos no haya un solo hombro en quien poder llorar las penas ni una puerta donde encontrar cobijo. Pero su número crea la ilusión de presencia, la falsa idea de una completa integración en la sociedad.

Como saben bien los políticos enganchados a las encuestas y los sondeos de opinión, el argumento de la cantidad empieza a imponerse irracionalmente sobre el de la verdad, el de la calidad o incluso el de la conveniencia. Las emisoras de radio y de televisión ya no rivalizan entre sí por ofrecer mejores productos, sino por alcanzar los mayores índices de audiencia aun a costa de rebajar muchos de sus programas hasta el nivel de la pestilencia. Esa mentalidad ha penetrado en la escala de valores de mucha gente que ahora sólo aspira a pasar a todas horas la prueba del reconocimiento general, del asentimiento de la mayoría.

Las respuestas asertivas nunca deben estar condicionadas por la presión emocional o el temor a disgustar. Las personas que nunca discrepan, que se desviven por recibir el aplauso ajeno, consideran erróneamente que de ese modo se evitan problemas. No está tan claro. La huida del conflicto suele llevar a otros conflictos mayores. Cuántas veces quienes dicen 'sí' a todo se encuentran al poco tiempo metidos en atolladeros de los que sólo pueden salir aplazando compromisos, inventando pretextos falsos para justificar sus incumplimientos o dando explicaciones confusas de sus contradicciones.

En una anotación de sus 'Cuadernos' escribía Jules Renard: «La mala caridad es la que ofrece antes un vaso de vino que un mendrugo de pan». El complaciente de oficio está en primera fila cuando vienen bien dadas, pero desaparece como por ensalmo a la menor exigencia de compromiso. La empatía no es una estrategia comercial. Pensar en los otros no es pensar en qué imagen dar a los otros, sino ponerse en su lugar y, si fuera preciso, plantarles cara si con ello creemos hacerles algún bien.
Lo expresó un tanto cínica, pero acertadamente, el satírico Henry Louis Mencken: «Vive de manera que puedas mirar fijamente a los ojos de cualquiera y mandarlo al diablo»

miércoles, 23 de mayo de 2007

¿Cómo es una personalidad inmadura?

Fuente/Autor: Enrique Rojas

La personalidad es la suma total de las pautas de conducta actuales y potenciales determinadas por tres notas: la herencia (el equipaje genético, lo que recibimos de nuestros padres), el ambiente (el entorno) y la experiencia de la vida (la biografía de cada uno). La personalidad es el sello propio y específico de cada uno. La tarjeta de visita. Dicho en otros términos, la personalidad es una organización dinámica, en movimiento, en donde confluyen los aspectos físicos, psicológicos, sociales y culturales de un individuo.

La inmadurez significa una persona a medio hacer, que da lugar a una psicología incipiente, incompleta, que no está bien terminada y que tiene muchos flecos negativos, pero que puede cambiar y mejorar y hacerse mas sólida, con la ayuda de un psiquiatra o de un psicólogo.

Voy a intentar sistematizar sus principales ingredientes en este decálogo, para que el lector pueda adentrarse en la frondosidad de lo que ahí reside. Los síntomas son los siguientes: 1) Desfase entre la edad cronológica y la edad mental: esta es una de las manifestaciones que más llama la atención de entrada, en una primera aproximación. No olvidemos que hay gente de maduración tardía y otra de maduración temprana, y esto le da un carácter ligeramente distinto a esta observación.

2) Desconocimiento de uno mismo: ésta era una de las normas del héroe griego. En el templo de Apolo, en Grecia, había en el frontispicio de la entrada una inscripción que decía así: «Nosci se autom», conócete a ti mismo. Se trata de tener claro que la asignatura más importante de cada persona es uno mismo.

3) Inestabilidad emocional: que se expresa mediante cambios en el estado de ánimo, pasando de la euforia a la melancolía y esto de un día para otro o dentro de un mismo día. Esto hay que diferenciarlo claramente de las llamadas depresiones bipolares. El inmaduro es desigual, variable, irregular, sus sentimientos se mueven y bambolean de forma pendular, lo que hace que nunca pueda uno saber qué va a encontrar en el otro. Esa fragilidad mudable es una nota muy característica.

4) Poca o nula responsabilidad; la inmadurez tiene niveles, lo mismo que sucede con cualquier hecho psicológico. Esta palabra procede del latín «respondere», que significa: contestar, prometer, satisfacer. Estar en la realidad es conocer el hoy-ahora de uno mismo sin ningunearse y sin creerse uno más que nadie.

5) Mala o nula percepción de la realidad: la captación incorrecta de sí mismo y del entorno que le rodea le lleva a tener una conducta desadaptada tanto intrapersonal (disarmonía consigo mismo) como interpersonal (inadecuado contacto con los demás, no sabiendo medir las distancias ni las cercanías).

6) Ausencia de un proyecto de vida: la vida no se improvisa. Necesita una cierta organización, un esquema que diseñe el porvenir. Los tres grandes argumentos de éste son: amor, trabajo y cultura. En ninguno de ellos ha calado con profundidad. No se puede vivir sin amor, el amor debe ser el primer argumento de la vida, que da vida y fuerza a los demás. Del cumplimiento de estos tres grandes temas brota la felicidad, suma y compendio de una coherencia de vida donde los tres tienen una enorme importancia.

7) Falta de madurez afectiva: entender qué es, en qué consiste y cómo vertebra nuestra vida sentimental. Por amor tiene sentido la vida. Pero no hay amor sin renuncias. Y al mismo tiempo saber que nadie puede ser absoluto para otro. El amor eterno no existe; se da en las películas, en las canciones de moda y en las personas poco maduras. Lo que sí existe es el amor trabajado día a día. Amar no significa tener dulces sentimientos, sino volcarse con el otro en las pequeñas cosas de cada día.

8) Falta de madurez intelectual: la inteligencia es otra de las grandes herramientas de la psicología, junto con la afectividad. Hay muchas variedades de inteligencia: teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, matemática, analógica, intuitiva y reflexiva... Pero para quedarnos con una idea clara: una persona es inteligente cuando sabe centrar un tema, haciendo razonamientos y juicios de la realidad adecuados, siendo capaz de elaborar un conjunto de soluciones asequibles y positivas que permitan resolver problemas concretos. Dicho en términos más modernos de la psicología cognitiva: inteligencia es saber recibir información, codificarla y ordenarla de forma correcta y ofrecer respuestas válidas, coherentes y eficaces. La vida es como un viaje, por eso es importante saber a dónde uno quiere ir.

9) Poca educación de la voluntad: la voluntad es una joya que adorna la personalidad del hombre maduro. Cuando es frágil y no está templada en una lucha perseverante, convierte a ese sujeto en alguien débil, blando, voluble, caprichoso, incapaz de ponerse objetivos concretos, ya que todos se desvanecen ante el primer estímulo que llega de fuera y le hace abandonar la tarea que iba a tener entre manos. Es la imagen del niño mimado que tanta pena produce; traído y llevado y tiranizado por lo que le apetece, por lo que le pide el cuerpo en ese momento. Que no sabe decir que no, ni renunciar. Alguien echado a perder, consentido, malcriado, estropeado por cualquier exigencia seria, que no doblará el cabo de sus propias posibilidades. Un ser que ha aprendido a no vencerse, sino a seguir sus impulsos inmediatos.

10) Criterios morales y éticos inestables: la moral es el arte de vivir con dignidad; el arte de usar de forma correcta la libertad, conocer y poner en práctica lo que es bueno. En la persona inmadura todo está cogido por alfileres y fácilmente se deshilacha y se rompe. La moda, la permisividad, el relativismo son pautas vertebrales básicas, sigue los vaivenes de lo último a lo que se apunta todo el mundo sin ningún espíritu crítico.

La madurez es uno de los puentes levadizos que lleva a la fortaleza de la felicidad, y es el resultado de un trabajo esforzado, serio, paciente, de quitar y añadir, de pulir, de limar, de intentar que nuestra forma de ser sea como una piedra de canto rodado de esas que vemos en los ríos y que casi no tienen aristas.

jueves, 3 de mayo de 2007

La personalidad narcisista


Ana Muñoz, directora Cepvi

Primera parte

Narciso era un joven de gran belleza a quien todos admiraban. Pero él, lleno de vanidad y orgullo despreciaba y rechazaba a todos sus amantes, tanto mujeres como hombres. La ninfa Echo estaba perdidamente enamorada de él, y cuando Narciso la rechazó ella se consumió en su dolor hasta quedar transformada en una simple voz. Un muchacho a quien Narciso había despreciado del mismo modo, rezó a los dioses para pedirles que se amara a sí mismo sin descanso. La diosa Némesis escuchó sus ruegos e hizo que Narciso se parase a beber en un manantial en la cima del monte Helicon. Cuando vio su propia imagen reflejada en el agua se enamoró al instante de ella, pero no podía abrazarla porque cada vez que lo intentaba la imagen se desvanecía con el movimiento ondulante de las aguas. Incapaz de dejar de contemplarse, se quedó allí hasta que murió de hambre. Pero no fue su cuerpo lo que permaneció, ya que en su lugar apareció una flor.

El mito de Narciso se convirtió en una metáfora del amor desmesurado hacia uno mismo a partir de los escritos de Havelock Ellis, en 1898.

¿Cuáles son las características del narcisismo?

Grandiosidad.

El narcisista se cree enormemente importante, considerándose por encima de cualquier persona, incluida su pareja o amistades.

Necesidad de aprobación.

Tienen una gran necesidad de sentirse aprobados y admirados por los demás, quienes, sin duda, tienen que saber lo maravillosos que son. Sienten que merecen una gran admiración y respeto por parte de los demás, de quienes esperan que deseen de buena gana satisfacer todos sus deseos y darles un trato especial (como perdonar sus deudas). Les gusta ser el centro de atención y conversación.

Falta de empatía.

No es capaz de ponerse en el lugar del otro y compartir sus sentimientos. Puede sentirse ofendido si un amigo le dice que no puede ir a su fiesta porque acaban de ingresar a su madre en un hospital. Se muestran insensibles y desconfían de los motivos de los demás.

Muestran desdén hacia sus parejas.

Piensan que deben sentirse queridos por ellas sin necesidad de corresponderles. Muchos ven a los demás de forma negativa y pesimista. Quiere ser el centro de la vida de su pareja, quien debe estar deseosa de satisfacer todas sus necesidades o, de lo contrario, le retirará su amor.

Negación.

Niegan quienes realmente son y adoran a la imagen sobrevalorada que tienen de sí mismos. Niegan sus sentimientos de depresión y cualquier trauma que hayan podido sufrir. Durante una psicoterapia suelen negar también cualquier tipo de problema.

Envidia.

Envidian a los demás y creen que los otros son envidiosos también. Aunque prefieren la lógica a los sentimientos, al mismo tiempo envidian a las personas que tienen capacidad de empatía y son emocionalmente accesibles.

Arrogancia e intolerancia a las críticas.

Se siente ofendido con facilidad, reacciona con rabia cuando lo critican, tratando de destruir o infravalorar a esa persona o bien arma tal jaleo que al final los demás tienen que darle la razón.

Manipulación

Dado que consideran que los demás están ahí para satisfacer sus necesidades no dudan en manipularlos y en tratarlos como objetos que le sirven para lograr sus objetivos.

Fantasías

Fantasea con lograr éxito, admiración, belleza, poder en cantidades ilimitadas y con encontrar el amor ideal y perfecto.

Se consideran los mejores en su trabajo

Incluso por encima de sus superiores o de sus profesores en el caso de estudiantes. Irradian una imagen de gran seguridad en sí mismos y pueden ser capaces de convencer a otros de que no hay nadie mejor que ellos. Suelen hacer grandes logros en su trabajo, aunque a veces su narcisismo puede perjudicarles debido a que no toleran que sus propuestas sean rechazadas y a que es posible que no se molesten en mejorar y aprender cosas nuevas porque piensan que ya lo saben todo. Buscan el triunfo por el triunfo mismo. No toleran el fracaso y esto puede llevarlos a veces a no arriesgarse.

Interpretación distorsionada de los resultados y recuerdo selectivo.

Exageran sus éxitos y se atribuyen mayores habilidades que los demás al conseguirlos, mientras que atribuyen los fracasos a circunstancias externas.

Otros sentimientos

Vergüenza, humillación, depresión, manía. Se ha asociado con anorexia nerviosa y abuso de cocaína.

¿Cómo se llega a tener una personalidad narcisista?

1. El narcisismo infantil.

Cierto narcisismo es normal y deseable durante el desarrollo infantil. Los niños pequeños ven cubiertas todas su necesidades y los demás parecen estar ahí para servirlos de inmediato. Durante el proceso de construcción de su identidad, necesitan sentirse admirados y reconocidos por sus padres, necesitan sentirse valorados como seres únicos porque es así como llegan a aprender que son personas diferentes y separadas de sus padres y que, por este motivo, ellos pueden tener deseos y necesidades diferentes a las suyas. Se sienten amados por ser quienes son y no por lo que pueden hacer por los demás. Aprenden a reconocer y confiar en sus propios sentimientos porque sus padres reconocen esos sentimientos y los valoran sin tratar de imponerles los suyos. Es decir, este deseo de admiración típico de los niños, se debe a una necesidad de ser reconocido como persona única y separada de otros, sentirse importante y poder construir de este modo una identidad y una autoestima que no dependan de la aprobación de los demás sino que nazcan dentro de ellos mismos.

2. El niño/a frustrado.

Cuando esta necesidad de reconocimiento se ve frustrada, el niño o niña no se siente especial, desarrolla una autoestima baja y puede incluso pensar que esa necesidad de reconocimiento es algo malo o que puede hacer que los demás sientan envidia. Las reacciones ante esta situación pueden ser diversas. Puede dar lugar a una personalidad dependiente, centrada en la satisfacción de las necesidades de los demás para conseguir su aprobación o puede dar lugar a una personalidad narcisista, que infla su propio ego para compensar su falta de autoestima e inseguridad. Es decir, el narcisista busca la aprobación y admiración que nunca tuvo pero no quiere reconocer esta debilidad y la niega, construyendo un yo maravilloso y perfecto al que todo el mundo debería adorar.

3. Egoísmo y altruismo: las dos caras de la misma moneda.

Por tanto, y aunque resulte paradójico, cierto egoísmo, definido como la necesidad de ser comprendido y admirado sin que nos pidan nada a cambio, constituye la base del altruismo, ya que cuando nos sentimos queridos y aceptados por ser quienes somos, nos comportamos de igual modo con los demás y somos generosos. Cuando sólo nos sentimos queridos si damos algo a cambio o mendigamos su amor, aparecen la frustración, el resentimiento y la sensación de que somos explotados.

Lo que se esconde debajo.

- Como hemos visto, debajo de ese enorme ego se esconde una persona con una autoestima muy baja, sensación de poca valía personal e inmadurez emocional.

- Esos sentimientos le parecen inaceptables y los oculta.

- En su lugar crea un ego grandioso y superior para compensar.

- Al ser este ego falso, necesita demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación y los elogios de los demás, ya que es el único modo que tiene de verla confirmada. Es como si no llegara a creerse del todo esa grandiosidad que trata de transmitir.

- Las críticas echan abajo esta frágil construcción. Por eso reaccionan ante ellas con tanta rabia: ven amenazada su valía personal. El narcisista humillado querrá destruir al causante de dicha humillación para demostrar así que no es cierto lo que dijo de él y poder recuperar sus sentimientos de valía personal.

- La falta de empatía procede de una preocupación excesiva por sí mismo y de la dificultad para reconocer a los demás como individuos separados con sus propias necesidades (inmadurez emocional).

viernes, 20 de abril de 2007

La personalidad narcisista

LA PERSONALIDAD NARCISISTA

Narciso era un joven de gran belleza a quien todos admiraban. Pero él, lleno de vanidad y orgullo despreciaba y rechazaba a todos sus amantes, tanto mujeres como hombres. La ninfa Echo estaba perdidamente enamorada de él, y cuando Narciso la rechazó ella se consumió en su dolor hasta quedar transformada en una simple voz. Un muchacho a quien Narciso había despreciado del mismo modo, rezó a los dioses para pedirles que se amara a sí mismo sin descanso. La diosa Némesis escuchó sus ruegos e hizo que Narciso se parase a beber en un manantial en la cima del monte Helicon. Cuando vio su propia imagen reflejada en el agua se enamoró al instante de ella, pero no podía abrazarla porque cada vez que lo intentaba la imagen se desvanecía con el movimiento ondulante de las aguas. Incapaz de dejar de contemplarse, se quedó allí hasta que murió de hambre. Pero no fue su cuerpo lo que permaneció, ya que en su lugar apareció una flor.
El mito de Narciso se convirtió en una metáfora del amor desmesurado hacia uno mismo a partir de los escritos de Havelock Ellis, en 1898.

¿Cuáles son las características del narcisismo?

Grandiosidad.
El narcisista se cree enormemente importante, considerándose por encima de cualquier persona, incluida su pareja o amistades.

Necesidad de aprobación.
Tienen una gran necesidad de sentirse aprobados y admirados por los demás, quienes, sin duda, tienen que saber lo maravillosos que son. Sienten que merecen una gran admiración y respeto por parte de los demás, de quienes esperan que deseen de buena gana satisfacer todos sus deseos y darles un trato especial (como perdonar sus deudas). Les gusta ser el centro de atención y conversación.

Falta de empatía.
No es capaz de ponerse en el lugar del otro y compartir sus sentimientos. Puede sentirse ofendido si un amigo le dice que no puede ir a su fiesta porque acaban de ingresar a su madre en un hospital. Se muestran insensibles y desconfían de los motivos de los demás.
Muestran desdén hacia sus parejas.
Piensan que deben sentirse queridos por ellas sin necesidad de corresponderles. Muchos ven a los demás de forma negativa y pesimista. Quiere ser el centro de la vida de su pareja, quien debe estar deseosa de satisfacer todas sus necesidades o, de lo contrario, le retirará su amor.

Negación.
Niegan quienes realmente son y adoran a la imagen sobrevalorada que tienen de sí mismos. Niegan sus sentimientos de depresión y cualquier trauma que hayan podido sufrir. Durante una psicoterapia suelen negar también cualquier tipo de problema.

Envidia.
Envidian a los demás y creen que los otros son envidiosos también. Aunque prefieren la lógica a los sentimientos, al mismo tiempo envidian a las personas que tienen capacidad de empatía y son emocionalmente accesibles.

Arrogancia e intolerancia a las críticas.
Se siente ofendido con facilidad, reacciona con rabia cuando lo critican, tratando de destruir o infravalorar a esa persona o bien arma tal jaleo que al final los demás tienen que darle la razón.

Manipulación
Dado que consideran que los demás están ahí para satisfacer sus necesidades no dudan en manipularlos y en tratarlos como objetos que le sirven para lograr sus objetivos.

Fantasías
Fantasea con lograr éxito, admiración, belleza, poder en cantidades ilimitadas y con encontrar el amor ideal y perfecto.

Se consideran los mejores en su trabajo
Incluso por encima de sus superiores o de sus profesores en el caso de estudiantes. Irradian una imagen de gran seguridad en sí mismos y pueden ser capaces de convencer a otros de que no hay nadie mejor que ellos. Suelen hacer grandes logros en su trabajo, aunque a veces su narcisismo puede perjudicarles debido a que no toleran que sus propuestas sean rechazadas y a que es posible que no se molesten en mejorar y aprender cosas nuevas porque piensan que ya lo saben todo. Buscan el triunfo por el triunfo mismo. No toleran el fracaso y esto puede llevarlos a veces a no arriesgarse.

Interpretación distorsionada de los resultados y recuerdo selectivo.
Exageran sus éxitos y se atribuyen mayores habilidades que los demás al conseguirlos, mientras que atribuyen los fracasos a circunstancias externas.

Otros sentimientos
Vergüenza, humillación, depresión, manía. Se ha asociado con anorexia nerviosa y abuso de cocaína.

¿Cómo se llega a tener una personalidad narcisista?

1. El narcisismo infantil.
Cierto narcisismo es normal y deseable durante el desarrollo infantil. Los niños pequeños ven cubiertas todas su necesidades y los demás parecen estar ahí para servirlos de inmediato. Durante el proceso de construcción de su identidad, necesitan sentirse admirados y reconocidos por sus padres, necesitan sentirse valorados como seres únicos porque es así como llegan a aprender que son personas diferentes y separadas de sus padres y que, por este motivo, ellos pueden tener deseos y necesidades diferentes a las suyas. Se sienten amados por ser quienes son y no por lo que pueden hacer por los demás. Aprenden a reconocer y confiar en sus propios sentimientos porque sus padres reconocen esos sentimientos y los valoran sin tratar de imponerles los suyos. Es decir, este deseo de admiración típico de los niños, se debe a una necesidad de ser reconocido como persona única y separada de otros, sentirse importante y poder construir de este modo una identidad y una autoestima que no dependan de la aprobación de los demás sino que nazcan dentro de ellos mismos.
2. El niño/a frustrado.
Cuando esta necesidad de reconocimiento se ve frustrada, el niño o niña no se siente especial, desarrolla una autoestima baja y puede incluso pensar que esa necesidad de reconocimiento es algo malo o que puede hacer que los demás sientan envidia. Las reacciones ante esta situación pueden ser diversas. Puede dar lugar a una personalidad dependiente, centrada en la satisfacción de las necesidades de los demás para conseguir su aprobación o puede dar lugar a una personalidad narcisista, que infla su propio ego para compensar su falta de autoestima e inseguridad. Es decir, el narcisista busca la aprobación y admiración que nunca tuvo pero no quiere reconocer esta debilidad y la niega, construyendo un yo maravilloso y perfecto al que todo el mundo debería adorar.
3. Egoísmo y altruismo: las dos caras de la misma moneda.
Por tanto, y aunque resulte paradójico, cierto egoísmo, definido como la necesidad de ser comprendido y admirado sin que nos pidan nada a cambio, constituye la base del altruismo, ya que cuando nos sentimos queridos y aceptados por ser quienes somos, nos comportamos de igual modo con los demás y somos generosos. Cuando sólo nos sentimos queridos si damos algo a cambio o mendigamos su amor, aparecen la frustración, el resentimiento y la sensación de que somos explotados.
Lo que se esconde debajo.
- Como hemos visto, debajo de ese enorme ego se esconde una persona con una autoestima muy baja, sensación de poca valía personal e inmadurez emocional.
- Esos sentimientos le parecen inaceptables y los oculta.
- En su lugar crea un ego grandioso y superior para compensar.
- Al ser este ego falso, necesita demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación y los elogios de los demás, ya que es el único modo que tiene de verla confirmada. Es como si no llegara a creerse del todo esa grandiosidad que trata de transmitir.
- Las críticas echan abajo esta frágil construcción. Por eso reaccionan ante ellas con tanta rabia: ven amenazada su valía personal. El narcisista humillado querrá destruir al causante de dicha humillación para demostrar así que no es cierto lo que dijo de él y poder recuperar sus sentimientos de valía personal.
- La falta de empatía procede de una preocupación excesiva por sí mismo y de la dificultad para reconocer a los demás como individuos separados con sus propias necesidades (inmadurez emocional).
Situaciones que conducen a una mejoría a través del tiempo.
En una investigación se vio que los principales factores correctores tienen que ver con determinados acontecimientos vitales: los logros, las relaciones personales y las desilusiones
1. Los logros.
Las promociones, las graduaciones, los reconocimientos, etc., suponen la adquisición de competencias realistas. Conforme dichos logros y competencias aumentan, disminuyen sus sentimientos de grandiosidad y competencia no realistas.
2. Las relaciones personales.
Lograr mantener una pareja estable suele ser de gran ayuda al narcisista. Sin embargo, no suele ser fácil para ellos encontrar a alguien. Necesitan una persona equilibrada, segura de sí misma, que los acepte tal y como son sin intentar cambiarlos y les transmita sensación de seguridad.
3. Las desilusiones.
Se trata de experiencias que echan por tierra sus creencias de grandiosidad. Cuando Luis, acostumbrado a sacar las mejores notas en sus estudios, se encontró en un cursillo profesional rodeado de personas con un nivel alto de inteligencia y preparación y obtuvo unas notas mediocres, no tuvo más remedio que hacer un reajuste en la percepción de sí mismo. Sin embargo, para que esto suceda, las desilusiones deben ir a la par de los logros, o de lo contrario, el fracaso sucesivo puede llevarlo incluso a agravar su narcisismo.
El comportamiento de los padres o madres puede contribuir al desarrollo del narcisismo en los hijos
Aquí hay que tener en cuenta que:
- Los niños no sólo son educados por los padres, sino también por otros familiares, amigos, profesores, etc.
- Ante el mismo comportamiento paterno los resultados pueden ser diferentes dependiendo de la personalidad de los niños y otros aspectos del ambiente.
Las características que suelen tener estos padres son las siguientes:
- Falta de empatía
- Insensibilidad a las necesidades y sentimientos del niño.
- Están centrados en sus propias necesidades.
- Son capaces de ser muy atentos y halagadores un momento y mostrarse despreciativos y desinteresados poco después.
- Envían mensajes mixtos: hacen ver al niño que es especial y excepcional y al mismo tiempo es inadecuado o deficiente
Tipos de narcisistas
El doctor Bruce Stevens, en su artículo "A nine headed hydra", propone una clasificación de la personalidad narcisista en nueve tipos diferentes. Entre ellos incluye también la personalidad dependiente, que generalmente suele considerarse aparte. Sin embargo, todos los tipos de esta hidra de nueve cabezas de Stevens comparten el mismo problema subyacente: la búsqueda desesperada de la fuente de amor a sí mismos en lugares donde nunca la encontrarán, un problema que empieza a bosquejarse vagamente desde fuera de la psicología académica o científica con el nombre de codependencia.
1. El dependiente.
Siente una gran necesidad de ser amado y jamás se siente satisfecho. Nunca recibe suficiente amor. Miedo al abandono y al rechazo. Su problema principal es que no es capaz de quererse y cuidarse a sí mismo y se centra en dar amor a los demás para así conseguir su aprobación y su cariño. Resulta asfixiante para su pareja.
2. El amante especial.
"Nuestro amor es único, especial, maravilloso y perfecto". Piensa que nadie puede amar a su pareja como él o ella, que con su amor curará todas las heridas que pueda tener. Idealiza al amor y a la persona amada, a quien no ve como realmente es. El resultado es siempre una decepción. Son muy vulnerables a cualquier ofensa y arrastran heridas de anteriores relaciones. No toleran ninguna imperfección en su pareja.
3. El poderoso.
Está enamorado del poder y lo expresa humillando o aterrorizando a sus empleados. Arrogante, desprecia a sus subordinados e "inferiores". Lo único que importa es su carrera y su éxito. Su pareja suele ser una persona atractiva que exhibe como un trofeo.
4. El "cuerpo".
Es un tipo de narcisismo muy habitual hoy en día. Su imagen tiene una enorme importancia y su autoestima está unida a dicha imagen. Necesita gustar a todo el mundo y que todo el mundo reconozca su belleza para sentirse una persona valiosa. Obsesión por tener el cuerpo perfecto. Tiende a negar sus problemas y a centrarse en su físico, como si el hecho de lograr la perfección física fuese a solucionar todos sus males.
5. El furioso.
Tiene estallidos de rabia frecuentes debido a su hipersensibilidad ante cualquier ofensa real o imaginada. Tiende a ver malas intenciones en las acciones de los demás. Debajo de esa rabia tiende a ocultar tristeza, vergüenza o desesperación. Incapacidad para controlar sus intensas emociones, incluida la rabia.
6. El estafador.
Es una persona encantadora cuyos motivos son absolutamente egoístas. Pretende utilizar y explotar a los demás utilizando ese encanto personal. Le divierte engañar al amante confiado con infidelidades, fraudes, etc. y disfruta planeándolo. Su autoestima aumenta al verse capaz de hacer ese tipo de cosas. Las normas morales no se las aplica a sí mismo. Eso es para los demás y ellos se consideran por encima.
7. El fantasioso.
Su mundo interior es muy rico y está poblado de fantasías de belleza, admiración, amor, éxito y mundos maravillosos, mientras que considera la realidad un fastidio del que querría escapar. Algunos adolescentes pasan horas aislados jugando al mismo juego de ordenador, con cuyo protagonista, un héroe capaz de todo, se sienten identificados. La soledad impide que el mundo exterior penetre en sus vidas mostrándoles la realidad, y su necesidad de sentirse grandiosos, únicos y especiales (algo que, en cierta medida, es normal en la adolescencia) puede hacer que se identifiquen con el héroe del videojuego y confundan la fantasía con la realidad.
8. El mártir.
Su identidad está construida alrededor del hecho de ser una víctima o un superviviente de algo terrible. Se centra en sí mismo y en su propio dolor, que nunca llega a superar y no tiene tiempo para nadie más. Dentro de ese dolor se siente grande, "nadie sufre como yo", "he tenido que soportar cosas terribles". Es ese mártir al que todos deberían admirar por haber sufrido tanto y seguir vivo. Tienden a exagerar su dolor que, a veces, tiene dimensiones religiosas: el destino divino del sufrimiento exaltado y admirado. En realidad, es una forma de evitar el verdadero dolor y los problemas reales que hay en su vida y en sí mismo. "Mi dolor es tan grande que me impide pensar en otras personas o hacer otras cosas".
9. El salvador.
"Sólo yo puedo ayudarte", "sólo yo puedo cambiar tu vida a mejor". Es probable que tenga un trabajo relacionado con la ayuda a los demás, al que dedica todo su tiempo porque "lo necesitan". Sin embargo, siempre acaba pidiendo algo a cambio, como sexo o dinero. Es frecuente en ciertos líderes religiosos de sectas.
Narcisismo y agresividad
Como hemos visto, muchos narcisistas reaccionan con violencia al ser criticados. Varios psicólogos estadounidenses realizaron un estudio en el que comprobaron que los narcisistas son más agresivos que los demás. Estos investigadores afirman que los recientes tiroteos y asesinatos cometidos por adolescentes es Estados Unidos pueden guardar cierta relación con tendencias narcisistas, que podrían aumentar la violencia en las escuelas. "Si los chicos empiezan a desarrollar opiniones excesivamente optimistas sobre sí mismos y dichas creencias son constantemente rechazadas por otros, sus sentimientos de amor a sí mismos pueden hacer a estos chicos potencialmente peligrosos".
Cómo tratar al narcisista
Si te ha tocado un narcisista en tu familia y no tienes más remedio que convivir con él o ella, estas pista pueden ayudarte:
1. Distánciate a nivel emocional. Ten en cuenta que su necesidad de sentirse superior puede llevarle a tratar de rebajarte y humillarte. Puede ser insensible contigo, arrogante y pedante. No dejes que te afecte lo que te diga.
2. No intentes cambiarlo. Probablemente sólo conseguirás que se enfade. Te resultará más fácil cambiar tu comportamiento que el suyo. Por ejemplo, deja de sentirte ofendido si tu suegra narcisista nunca se queda con tus hijos una noche para que puedas salir a divertirte. Acepta que no va a hacerlo y busca a otra persona que lo haga por ella.
3. Al narcisista le gusta ser el centro de atención y sentirse importante. Concédele ese privilegio de vez en cuando y escucha las historias que te cuente acerca de sus grandes logros o dile algo que lo elogie. Recuerda que en el fondo se cree una persona sin valor e indigna de ser amada por sí misma. Demuéstrale que esto no es cierto.
4. Es muy probable que al mostrarle tus sentimientos, el narcisista los ignore. Tal vez sea mejor mantener una relación más superficial. Por ejemplo, si te sientes deprimido o enfermo, el narcisista no tendrá ganas de escuchar eso y si intentas hablarlo es probable que te sientas rechazado y herido. Más vale buscarte a otra persona más receptiva y limitarte a decirle al narcisista que no te sientes muy bien últimamente para luego cambiar de tema con rapidez.

Asertividad

Asertividad

Dr. José Antonio García Higuera

La Asertividad se define como: "la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento". Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad. Situados en el vértice de la pasividad evitamos decir o pedir lo que queremos o nos gusta, en la agresividad lo hacemos de forma tan violenta que nos descalificamos nosotros mismos.Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse, negociar y ser flexible para poder conseguir lo que se quiere, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara. La asertividad consiste también en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas. Existen técnicas y reglas que aprendidas y aplicadas nos permiten ejercerla de forma eficiente. Para ello hay que prepararse a negociar y hay que cumplir las reglas que implican una negociación eficiente. Existen también técnicas simples como el banco de niebla o asentir en principio, y el disco rayado, que nos facilitan su ejercicio concreto y cotidiano.Para poder ejercitar la asertividad tenemos que tener capacidad de negociación. En la negociación se intenta conseguir lo que se quiere con el beneplácito del otro, que lógicamente también va a tener algunos beneficios. La realización de una negociación comprende varias fases. La primera, es la de preparación. En ella tenemos que pensar la estrategia que tenemos que seguir en el encuentro con el otro en el que se va a plantear los problemas y se va a hacer la negociación propiamente dicha.

Fase de preparación

Para poder conseguir cualquier cosa tenemos que saber como hacerlo y para ello hay que prepararse. Ir a un encuentro sin tener una mínima guía de comportamiento, cuando, además, no somos negociadores experimentados, nos expone a no lograr para nada los objetivos que perseguimos. Por tanto hay que preparar lo que se va a decir y a hacer en la negociación cara a cara con el otro. Dentro de la preparación habría que distinguir dos subfases. La primera de preparación personal para evitar caer en la pasividad o en la agresividad y la segunda de preparación del diálogo que vamos a plantear al otro.

Fase de preparación personal

Se trata de una fase previa, necesaria para Tener muy claros los objetivos que perseguimos en el encuentro. Es lo que nos motiva a la negociación. Cuando negociamos tenemos que tener la vista puesta en nuestros objetivos. Hay algunas cosas que nos pueden distraer de ellos y hacernos fracasar. Por ejemplo, nuestra emoción. No podemos confundir la emoción con el objetivo. Nos gustaría quedar bien, pero normalmente ese no es el objetivo. Nos gustaría machacar al otro, pero así no lograremos lo que realmente queremos. Nos gustaría que el otro reconociese que tenemos razón y que él estaba equivocado, pero nos tenemos que preguntar si ese es nuestro objetivo o si así solamente conseguiremos una recompensa de tipo emocional, mientras que nuestro objetivo se pierde. No hay que olvidar la máxima: “lo que cuenta son los hechos y no las palabras”. Si nos explayamos y nos descargamos emocionalmente puede que hayamos conseguido una recompensa a corto plazo, pero la pregunta que tenemos que hacernos es si hemos conseguido nuestros objetivos. Hay que huir de juicios de intenciones. Si juzgamos las intenciones de la otra persona y nos basamos en ellas para plantear la relación con el otro, corremos el riesgo de contestar y reaccionar a las intenciones que pensamos que tiene el otro y perdemos de vista nuestros objetivos. Así podemos llegar a ser agresivos o a ser pasivos. Si nos han hecho algo que nos ha dolido y pensamos que lo ha hecho con buenas intenciones, podemos estar tentados de dejarlo pasar y no decir nada. Si juzgamos que lo ha hecho con mala intención, vamos a atacar su “maldad” y no los hechos y seremos agresivos. En una negociación no se trata de agredir y someter al otro, aunque lo veamos como un rival. Hay que darle una salida, más o menos airosa porque si no se revolverá contra nosotros. Querer que nos reconozca lo equivocado que está y se someta completamente a nuestros deseos puede ser un objetivo emocional, que compense la humillación que hemos sentido, pero ¿es realmente nuestro objetivo? Sí tenemos que intentar entender que cosas son las pueden motivar al otro para hacer lo que nosotros queremos que haga.Tenemos que pensar en como crear la oportunidad de la negociación. Si es algo pendiente desde hace mucho tiempo y que queremos abordar, hay que buscar al otro y plantear un tiempo y un espacio en el que se pueda dar la negociación. Es lo primero que tenemos que conseguir del otro. Sin ellos no se consigue, no es posible hacer la negociación. En muchas ocasiones no hay que buscar la oportunidad, es la propia situación en la que se genera el problema. Pero en ella nos puede ocurrir que cuando el otro se va es cuando se nos ocurre aquello teníamos que haber dicho. Recuerda: Siempre hay una segunda oportunidad aunque haya que crearla. Crear la oportunidad es buscar al otro y plantear, aunque sea por enésima vez, el tema que nos ocupa. Cualquier frase introductoria como decirle, “de lo que hablamos ayer me gustaría comentarte algo” o frases parecidas para iniciar la conversación son ayudas inestimables para crear la oportunidad.Con los objetivos claros podemos controlar nuestra agresividad y motivarnos para dejar de ser pasivos, con la oportunidad creada y el entendimiento de lo que el otro espera podemos preparar el momento concreto de la negociación.

Preparación del diálogo

Sin perder de vista que lo importante es lo que hagamos y lo que decimos solamente puede ser una guía para que el otro sepa cuales van a ser nuestros siguientes pasos, tenemos que preparar aquello que vamos a decirle. El diálogo que tengamos con él tiene que cumplir los siguientes requisitos para ser un diálogo asertivo:
Describir los hechos concretos. Se trata de poner una base firme a la negociación, en la que no pueda haber discusión. Cuando describimos hechos que han ocurrido el otro no puede negarlos y así podemos partir de ellos para discutir y hacer los planteamientos precisos. En este punto es donde más tenemos que evitar hacer los juicios de intenciones. No se trata de decir “eres un vago” sino decir, “vengo observando que te levantas desde hace ya varias semanas a la hora de comer”. Diremos me has dicho 10 veces “no sirves para nada” en lugar de “me quieres denigrar y hundir” (juicio de intenciones.)

Manifestar nuestros sentimientos y pensamientos. Es decir comunicar de forma contundente y clara como nos hace sentir aquello que ha ocurrido y que juicio moral o de pensamiento nos despierta. Es el momento de decir “estoy hasta las narices de esta situación y no la soporto más”, o “me he sentido humillado y denigrado”. Hay que recordar que no se trata de que el otro lo encuentre justificado o no. Le puede parecer desproporcionado, o injusto, o... pero es lo que nosotros sentimos y tenemos derecho a hacerlo así, no aceptaremos ninguna descalificación, defenderemos nuestro derecho a sentirnos tal y como le decimos. Le estamos informando, no le pedimos que nos entienda o nos comprenda, por eso no puede descalificarnos ni aceptaremos críticas a nuestros sentimientos, emplearemos la técnica del banco de niebla combinado con el disco rayado (ver más abajo.)

Pedir de forma concreta y operativa lo que queremos que haga.
No se trata de hablar de forma general o genérica, “quiero que seas más educado”, “quiero que me respetes” “quiero que no seas vago”; sino que hay que ser concreto y operativo: “quiero que quites los pies de mi mesa”, “quiero que cuando hablo me mires a los ojos y contestes a lo que te pregunto”, “quiero que estudies tres horas diarias”. Son conductas concretas que el otro puede entender y hacer.

Especificar las consecuencias. Es decir, aquello que va a ocurrir cuando haga lo que se le ha pedido. Se le podría plantear también las consecuencias que tendrá para él no hacerlo, pero es preferible especificar lo que va a obtener de forma positiva. De otra manera lo que planteamos es un castigo y los castigos son mucho menos efectivos que los premios o refuerzos. Muchas veces se trata solamente de una forma de presentación, hay que tener en cuenta que frecuentemente algo que puede ser planteado como un castigo, si no lo hace, se puede ver como algo positivo si lo hace. “Si no lo haces tendrás un castigo” se puede convertir en “Si lo haces evitarás que haga lo que no quiero hacer que es lo que supone un castigo para ti, que es algo que, por supuesto, yo tengo que hacer para ser consecuente con mis objetivos y los sentimientos que ya he expresado”.

Ensayo

Lo que se ha preparado, preferentemente por escrito, se tiene que ensayar hasta aprendérselo de memoria. Cuando vamos a un examen nos ponemos nerviosos y se nos olvidan muchas cosas, puede pasarnos lo mismo en este caso y por eso hay que aprendérselo de memoria. Si la situación nos causa alguna ansiedad, es una razón más para el ensayo. Cuando nos imaginamos la situación de la negociación nos estaremos exponiendo a ella en la imaginación y al menos cuando pensemos en hablar con el otro no nos pondremos nerviosos y comenzaremos nuestra negociación en mejor posición anímica. Si nos ponemos nerviosos podemos acogernos al diálogo que hemos preparado en la seguridad de que vamos a expresar nuestros deseos de forma completa.

Ejecución

En la fase de ejecución hay que tener en cuenta algunas técnicas básicas que nos permiten llevar a cabo lo que hemos preparado. No hay que olvidar nunca que nuestros objetivos están plasmados en el diálogo que hemos preparado y que nuestra meta inmediata es decirlo. No se trata de contestar a todas las digresiones que nos hagan, no es necesario ser rápido y agudo para poder responder de forma inmediata a todo lo que nos digan. Se trata de emplear la técnica del banco de niebla, que también se llama aceptar en principio, seguida de la del disco rayado.La forma de hacerlo es diciendo que “puede que lleves razón; pero...” (banco de niebla) lo que yo quiero decir es que.. “ y se sigue con el diálogo en el punto en el que fuimos interrumpidos o repitiéndolo desde el principio (disco rayado.) Puede parecer muy limitado y que vamos a hacer el ridículo, pero es sorprendente lo efectivo y natural que resulta. Si saca otros temas, también importantes, no perdamos de vista nuestro objetivo, tenemos que acabar con lo que ha motivado la negociación para poder seguir más tarde con lo que acaba de plantear: en ningún momento hay que perder de vista nuestro objetivo, plasmado en el diálogo preparado.

Ejemplos

PRACTICA
Situación 1:
Un amigo acaba llega a cenar, pero una hora más tarde de lo que había dicho. No ha llamado para avisar que se retrasaría. Estás irritado por la tardanza. Tienes estas alternativas: 1. CONDUCTA PASIVA. Saludarle como si tal cosa y decirle “Entra la cena está en la mesa”. 2. CONDUCTA ASERTIVA. He estado esperando durante una hora sin saber lo que pasaba (hechos). Me has puesto nervioso e irritado (sentimientos), si otra vez te retrasas avísame (conducta concreta) harás la espera más agradable (consecuencias). 3. CONDUCTA AGRESIVA. Me has puesto muy nervioso llegando tarde. Es la última vez que te invito.
Situación 2:
Un compañero de trabajo te da constantemente su trabajo para que lo hagas. Decides terminar con esta situación. Puedes crear la situación preguntándole como lleva su trabajo o esperar a que el la cree cuando te pida otra vez a le ayudes haciéndole algo. Las alternativas podrían ser: 1. CONDUCTA PASIVA. Estoy bastante ocupado. Pero si no consigues hacerlo, te puedo ayudar. 2. CONDUCTA AGRESIVA. Olvídalo. Casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado. 3. CONDUCTA ASERTIVA. Muy frecuentemente me pides que te eche una mano en el trabajo que te asignan, porque no te da tiempo o porque no sabes hacerlo (hechos). Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo (sentimientos), así que intenta hacerlo tú mismo (conductas), seguro que así te costará menos la próxima vez (consecuencias).
Situación 3
Vas a un restaurante a cenar. Cuando el camarero trae lo que has pedido, te das cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Se trata de llevarse bien con el camarero para que nos sirva bien, pero eso no es un buen servicio, podrías:1. CONDUCTA PASIVA. No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.2. CONDUCTA AGRESIVA. Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que como el servicio es asqueroso nunca volverás a ir a ese establecimiento.3. CONDUCTA ASERTIVA. Llamar al camarero y, mirándole a la cara y sonriendo, pedirle que por favor le cambie la copa.
Hechos ____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
Sentimientos ___________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________Conductas ______________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
Consecuencias ___________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
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