| No hay manera de parar la decisión de las mujeres dominicanas por ocupar un lugar digno en la sociedad y participar de la vida nacional tete a tete con el hombre. Hemos ido alcanzado escaños desde hace más de 60 años |
| Por Claudia Fernández Lerebours / |
| El avance del segmento femenino de la población dominicana quedó evidenciado una vez más en la alta proporción de mujeres que ayer se invistieron como profesionales -sesenta y cuatro por ciento-, durante la ceremonia de graduación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Las féminas también coparon los graduados con honores en un setenta y dos por ciento. No hay manera de parar la decisión de las mujeres dominicanas por ocupar un lugar digno en la sociedad y participar de la vida nacional tete a tete con el hombre. Hemos ido alcanzando escaños desde la década del cuarenta del siglo pasado, incluyendo programas de discriminación positiva que promueven la participación política femenina y la categorización criminal de la violencia contra la mujer en el plano doméstico. Contrastan esos puntos luminosos con lo arraigado del machismo en la sociedad dominicana, rasgo social del que las mujeres somos víctimas pero también, lamentablemente, promotoras, por razones culturales. Las dominicanas no logramos despojarnos del todo del lastre machista con que la mayoría fuimos educadas. Se trata de condicionamientos sociales inveterados, que no se desarraigan de la noche a la mañana. El machismo promueve el autoritarismo y viceversa. La presencia de ambos es condición común entre los hombres de uniforme del país, machistas al cuadrado. Difícilmente no sea machista un militar dominicano, aunque hay que reconocer que el avance de la sociedad también va determinando cambios en ese perfil, y cada vez hay más ejemplos de militares jóvenes menos inclinados a la exaltación cultural del macho. Lo mismo se aplica al autoritarismo aunque para superar éste, el trecho es aun más ancho. Si el machismo dominicano carga de trabajo y estrés a las mujeres en el seno familiar y afecta la posibilidad de que los padres tengan una relación afectiva más cercana y sincera con los hijos, el pronóstico tiende a hacerse más negativo aun cuando la cabeza de familia es un militar. Mientras tanto, es enfermiza la afección de la sociedad dominicana por lo castrense, no a nivel institucional precisamente hablando, sino en lo referente a qué esperar de un militar en lo particular. Pareciera que la herencia de temor del militarismo se transformó hacia una especie de reverencia y admiración extremas que hace disculpar el autoritarismo. Se toma con general indulgencia que militares y ex militares se conduzcan como si estuvieran por encima de la ley, por ejemplo. Hace falta un cambio de actitud en la sociedad en procura de que los miembros de los cuerpos castrenses sean vistos y se vean a ellos mismos como personas sin privilegios. En eso las mujeres jugamos un importante papel pues provienen de muchas de nosotras las posturas de endiosamiento a maridos, hijos, parientes o vecinos atendiendo a que sean "militar o ex militar". Aunque no son dos variables necesariamente relacionadas, a mayor avance educativo de la mujer menos tolerancia al machismo y su componente autoritario. Las nuevas generaciones son las llamadas a cambiar patrones culturales dañinos que alimentan los monstruos de los que luego toda la colectividad se lamenta. Claudia Fernández Lerebours es periodista |
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viernes, 28 de septiembre de 2007
Machistas al cuadrado
Conoce tu lenguaje corporal
Hablamos a través de nuestro cuerpo y todos nuestros movimientos dicen cosas respecto de la personalidad. Conocer este lenguaje se vuelve vital a la hora de enfrentar diferentes situaciones laborales. | ||
| El lenguaje corporal es un significativo indicador de nuestra actitud hacia el trabajo, entusiasmo y personalidad en la oficina. Más que las palabras que usa o el tono de su voz, su comportamiento físico comunica todo a quien lo observa. Esa persona, en la mayoría de las oportunidades, es un superior que puede dar un vuelco a su carrera. Fuente: enplenitud.com | ||
Ellas actúan con más saña y alevosía
Un fiscal describió el perfil delictivo femenino. En todos estos casos aparece lo sexual y lo pasional por detrás. Una cuestión biológica.
Analizó, pero no debatió. Pensó, y trató de usar las mejores palabras para explicar un tema tan complicado como este. El fiscal Guillermo Herrera, que investigó el crimen del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz mantuvo una charla con LA GACETA. "El enfoque ha cambiado considerablemente en los últimos tiempos. Antes, las mujeres eran consideradas un grupo de riesgo, pero ahora no se deja de tenerlas en cuenta como victimarias", afirmó.
- ¿Qué análisis puede hacer sobre estos hechos?
- Hay que aclarar que estos crímenes se ajustan a las nuevas tendencias del perfil criminológico de una mujer. En todos estos casos aparece lo sexual y lo pasional por detrás. A eso se le debe agregar una cuestión biológica.
- ¿A qué se refiere?
- Hormonalmente, las mujeres actúan con mayor saña y alevosía. Un homicida puede matar, por ejemplo, de una sola puñalada, pero la mujer utiliza más violencia por una cuestión biológica.
- ¿Sólo se da en los homicidios?
- No, en todos los delitos. Los remiseros asaltados no sólo las acusan de ser las más violentas, sino que además dicen que incitan a los hombres para que los dañen.
- ¿En qué otro delito es relevante la participación femenina?
- En los conocidos como delitos de guante blanco. En los últimos tiempos, en la mitad de las estafas que se investigan están involucradas mujeres. Antes, eso no ocurría o era muy raro que sucediera.
- ¿Cuál es la razón?
- En los últimos tiempos, las mujeres han comenzado a ocupar lugares muy importantes dentro de distintas estructuras y lograron llegar a vivir situaciones de poder a las que antes no podían acceder.
- ¿Qué otro tipo de situación le llama la atención?
- Las denuncias falsas. Hay muchos casos en los ellas denuncian a sus ex parejas por abuso, especialmente contra sus hijos. También maltratos. Es una manera de tomar venganza; tenemos que ser muy cuidadosos al investigarlos.
- ¿Hay suficiente preparación para hacer frente a este flagelo?
- No. Pero nadie puede negar que existe una revisión en lo que se refiere a la política criminal. Pero no es sencillo. Si hasta los códigos del hampa son machistas.
- ¿Y las leyes?
- Ese es un tema muy puntual. Si bien es cierto que ante la ley todos somos iguales, para el caso de las mujeres no están contemplados algunos aspectos, especialmente el psicológico. Cuando se sancionaron, ellas no tenían tanto protagonismo en el ámbito criminal.
Celos, envidia y humillación
La proximidad cada vez mayor de las mujeres con la violencia activa es una novedad para algunos y para otros no tanto. Toda violencia empobrece tanto a la víctima como al victimario porque exhibe el fracaso de la palabra y, con ello, el acceso al fondo del conflicto.
La supremacía física del hombre sobre la mujer caracterizó un punto de partida originario de dominación que se extendió a muchos ámbitos. El concepto de justicia para ambos sexos puede haber tenido, entonces, distinta interpretación. Y la reivindicación para cada cual, distintos caminos. Para el hombre, formas más directas y para la mujer indirectas, más ligada a la astucia y, por lo tanto, quizá más premeditadas.
Los montos de odio, resentimiento y rencor son similares en ambos sexos con diferencias cualitativas. Las fuertes modificaciones que el contrato social experimenta, sin duda han ido transformando modos de procesamiento femenino frente a obstáculos de variada naturaleza con los que no quiere, no sabe o no puede enfrentarse.
Esta globalización situacional agregada a las impotencias mencionadas, se relaciona directamente con la profusión de hechos policiales recientes protagonizados por mujeres.
Debemos considerar valoraciones diferentes en la construcción de la violencia dentro de códigos femeninos respecto de los observables entre ambos sexos, tales como el maltrato masculino. La intensa o prolongada humillación por eventuales situaciones de celos, envidia y poder entre mujeres construye algunas claves con las cuales analizar y comprender ciertos homicidios actuales.
La eliminación física del obstáculo y la impunidad correspondiente puede ser una muy mala interpretación de liberación femenina que encubre así un alarmante aumento de comportamientos psicopáticos y perversos en nuestra sociedad.
