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lunes, 1 de octubre de 2007

"Siete sacerdotes abusaron de mí"

Rita Milla fue embarazada por un cura

Por Javier del Pino, Diario EL PAIS

WASHINGTON - Fue abusada sexualmente por siete sacerdotes durante cuatro años, pero se calló. Se sentía culpable. Rita Milla, nacida en Estados Unidos, de padre hondureño y madre mexicana, quedó embarazada de uno de ellos y tuvo una niña.

En entrevista con EL PAIS de España, la joven ultrajada relató su amarga experiencia.

Desde los 16 años

Pregunta. ¿Cómo empezó todo?
Respuesta. Los abusos empezaron cuando tenía 16 años. Vivía aquí, en California. Fue un sacerdote que luego invitó a otros para que abusaran de mí también. Lo hicieron siete sacerdotes. No terminó hasta que yo tuve 20 años y quedé embarazada de uno de ellos. Para esconder lo que habían estado haciendo me mandaron a las Islas Filipinas para tener allí a mi niña, dejarla allá y regresar como si nada hubiera pasado.

P. ¿Recuperó a su hija?
R. Sí. Cuando llegué allí enfermé de gravedad. Tuve que quedarme allí. Vinieron mi madre y mi hermana. Cuando nació mi hija estaba a punto de morir, pero al final la traje a Estados Unidos.

P. Cuatro años de abusos es un largo tiempo. ¿Por qué no pudo salir de esa situación?
R. Yo era muy tontita, muy religiosa. Estaba como atrapada, como si no tuviera derecho de decir "No". Era como si yo no importara, como si sólo importaran los sacerdotes. A veces iba a confesión con otros sacerdotes y les contaba lo que pasaba, pero yo me sentía muy mal. Uno me dijo que era mi culpa, que así eran las mujeres.

P. ¿Lo hablabas con tus padres?
R. No. El sacerdote me hizo prometer que no se lo dijera a nadie. Una vez se lo dije a una profesora, ella se lo dijo a él y se enojó mucho. Me dijo que iba a echar a perder su vida si se enteraba la policía, que tendría muchos problemas. Me sentí mal, como si fuera mi culpa si algo le pasara a él.

P. Siete sacerdotes no es un caso aislado.
R. Ninguno dijo nada. Y había otros que no abusaron de mí, pero sabían lo que estaba pasando y no dijeron nada. Después supe que unos estaban abusando de muchachos, de niños, y por eso no estaban interesados en mí. Cada uno hacía algo diferente, y unos se tapaban a otros.

P. ¿Cuándo decidió dar un paso adelante y contar su caso?
R. Yo quise hablar con los obispos para que lo que me ocurrió a mí no le ocurriese a nadie más.

P. ¿Y qué hicieron?
R. Nada. Eso fue lo que más me asustó. Los sacerdotes ya sabían que yo había hablado con los obispos, y les dijeron que no les importaba nada, como dándoles permiso para seguir.

P. ¿Sintió desesperación? ¿No pensó en ir a la policía?
R. Era un tiempo muy horrible. Yo quería suicidarme, estaba muy deprimida. Fui a una psicóloga y ella fue quien me dio la idea de buscar a un abogado para poner una demanda. Y fue entonces cuando la Iglesia empezó a actuar como si esto le importara.

P. ¿Cree que esto es un patrón de comportamiento en la Iglesia que todavía se repite?
R. Tengo miedo de que todavía se estén cubriendo unos a otros. Sólo les importó todo esto cuando se trataba de dinero, pero no cuando se trataba de niños. Ojalá que hayan aprendido que esto puede volver a pasar si no hacen algo para eliminar el problema.

P. ¿Está satisfecha con la resolución de este caso o le hubiera gustado que alguien fuera declarado responsable penal de lo ocurrido, quizá el cardenal Roger Mahony, que participó en ese encubrimiento?
R. Me gustaría que el cardenal Mahony estuviera en la cárcel porque lo que hacía era esconder a criminales.

Tomado de www.univision.com

Secuelas del abuso sexual

Psic. Gabriela González H.

Una vez que se ha sufrido el abuso las reacciones inmediatas pueden ser hostilidad hacia la familia y hacia el agresor, ansiedad y desconfianza, asco, miedo, culpa y vergüenza, sentimientos que de no ser atendidos se perpetuarán.

Las secuelas del abuso sexual a largo plazo pueden ser: dificultad para mantener una vida sexual satisfactoria, disfunciones sexuales, como anorgasmia en las mujeres, falta de deseo sexual en ambos sexos, etc. es muy frecuente que presenten temor a la intimidad. Las personas crecen con el estigma del abuso por lo que son discriminadas, devaluadas. y marginadas, experimentan constantes sentimientos de perdida y de culpa aparentemente inexplicables.

Tienen dificultad para establecer relaciones interpersonales, son retraídas, inseguras, sienten vergüenza e inaceptación de su propia persona, su autoestima esta muy lastimada. Existe la posibilidad de que se vuelvan agresores de otros. Sufren de ansiedad crónica, de terrores nocturnos, viven con miedo. Tienen dificultad para poner limites lo que los pone en riesgo constante de padecer otro tipo de abusos.

Es importante mencionar que en muchas ocasiones estos síntomas no son entendidos por la persona como secuelas del abuso sexual por lo que evidencian la no resolución del mismo. Es necesario entonces atenderlo en cualquier momento para llevar el evento a la conciencia pues el dolor tan grande por aquella situación hace que se guarde a veces involuntaria y en otros casos voluntariamente en la inconsciencia.

El abordaje de el abuso sexual es ciertamente doloroso, pero el no atenderlo garantiza un sufrimiento mayor por el resto de la vida. Es pues sumamente necesario acudir con el profesional de la salud pertinente que acompañe en el proceso de lograr un equilibrio en las emociones y porque no LA PAZ INTERIOR.

Tomado de www.todamujer.com

Incrementá tu deseo...



Plus!: Hoy en día un fantasma cada día más común ataca indiscriminadamente a hombres y mujeres: la inapetencia sexual. Pero tiene solución.



Nada nos es dado gratuitamente, pagamlos un precio -y buen precio- por todas nuestras conquistas, en pos de beneficios tenemos obligaciones que nos hacen privarnos de más de un placer o comodidad.

Así es la vida, nuestra vida. Aprender nuevos códigos, conseguir posicionarnos correctamente frente a los desafíos garantizan nuestra supervivencia cada día.


La acumulación de obligaciones y el "correr" continuo -que se transformaron en parte de nuestra cotidianeidad- terminan por interferir con nuestra intimidad.

Si antes teníamos problemas bien específiclos, como la impotencia, frigidez o eyaculación precoz, hoy tenemos un fantasma atemorizante y cada día más común, que ataca indiscriminadamente a hombres y mujeres: la inapetencia sexual.

Exactamente eso, inapetencia. No está ligada a ningún problena físico, ni amoroso. Conozco parejas absolutamente enamoradas que sufren de este mal.

Acontece en nuestra intimidad. silencilosamente, de a poco, sin síntomas aparentes, sin señales de alarma que puedan advertir de su proximidad y suscitar una reacción de nuestra parte.




Todos tenemos una agenda mucho más importante que nuestra agenda física, comprada en cada inicio de año. Es nuestra agenda mental.




Es ella la que nos dice lo que es realmente importante en nuestro día a día y es ahí donde es posible percibir -si observarmos con atención- que la inapetencia se instaló.

Basta observar qué grado de importancia tienen el amor y la pareja entre todos nuestros quehaceres diarios. Haz tu análisis particular y tendrás la respuesta.

Debería ir en primer lugar... Dije "debería".

Porque cuando estamos bien y felices con nuestra vida amorosa, recibimos una carga extra de energia que podemos usar en todos los otros aspectos de nuestra vida. Esto es real y verdadero, más curiosamente (tristemente) dejamos siempre que otras obrigaciones pasen primero que nuestro placer.

Cuando hablo de esto, no me estoy refiriendo a un matrimonio o a un romance, aún solos la satisfacción amorosa debería estar en primer lugar.

¿Cómo, Regina, si estoy solo?

Si en este punto tiene deseos de preguntarme esto, créame, no estoy bromeando.

Podemos estar solos y, al mismo tiempo, posicionados de forma abierta y receptiva a una nueva relación, pero si estamos solos y nuestro placer se encuentra enterrado debajo de 20 cosas más "importantes" en nuestra vida, es como si tuviésemos siempre prendida una luz roja de "ocupado"...

Nada más eficaz para apartar cualquier corazón que pudiera querer aventurarse...

Pero lo peor es lo que viven las parejas afectadas por este mal, para ellos el dolor es más intenso, porque tienden a no comunicar lo que les pasa y así cada uno termina adoptando dos posturas negativas frente a este proceso.

O se sienten culpables por su desinterés ante su pareja, o se sienten heridos por el desinterés de su pareja: posición de vcítima o de culpa...

O peor aún -en los casos extremos-: ninguno de los dos alcanza siquiera a percibir el fantasma que se instaló entre ellos, dejan los dias correr, las estaciones sucederse y terminan convertidos en meros conocidos que comparten la misma cama.

¿Antídoto? ¿Soluciones?

Estar atento a su intimidad, no dejar que la velocidad de los acontecimientos le haga perder el control interno, ni que oculte sus verdaderas prioridades.

A las parejas que me confiesan este problema, les aconsejo volver a enamorarse. Exactamente eso: no hablo de sexo salvaje ni de técnicas especiales para el amor -aún reconociendo el valor que tienen para ayudar a salir de la rutina- sino de enamorarse.


Caminar tomados de la mano, helado en la plaza, cine, juegos y bromas, revivir las viejas costumbres, inventar nuevas formas de seduccion...

En síntesis, despertarse a la necesidad de valorizarse y valorizar a quien se ama, fazendo isso, para así librarse con seguridad del fantasma que hablamos y garantizar/se mucho, mucho más placer en su vida.
 
Regina Racco enplenitud