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lunes, 29 de octubre de 2007

Un decálogo para defender la dignidad de las mujeres


Martha Nussbaum
 

En gran parte del mundo las mujeres están privadas de los medios de sostén indispensables para el ejercicio de las funciones fundamentales necesarias para una vida realmente humana. Están menos alimentadas que los hombres, tienen menor acceso a la salud, son más vulnerables a la violencia física y a los abusos sexuales. Es mucho menos probable que sean escolarizadas, y es todavía menos probable que puedan tener una instrucción técnica o profesional. Si deciden entrar en el mundo del trabajo, deben afrontar obstáculos mayores, entre los que se cuentan la intimidación por parte de la familia o del cónyuge, la discriminación sexual en el momento de la admisión, el acoso sexual en el lugar de trabajo; todo esto, muy a menudo, sin la posibilidad de recurrir eficazmente a la ley. Las más veces, obstáculos de este tipo impiden a las mujeres participar efectivamente en la vida política. En muchos países, no gozan siquiera de plena igualdad ante la ley: no tienen los mismos derechos de propiedad que los hombres, los mismos derechos de estipular contratos, los mismos derechos de asociación, movimiento y libertad religiosa. Asfixiadas a menudo por la doble jornada de trabajo, que suma la fatiga del trabajo externo a la íntegra responsabilidad del trabajo doméstico y del cuidado de los niños, están privadas de la posibilidad de encontrar momentos de ocio en los que cultivar las facultades imaginativas y cognitivas.

La lista que propongo a continuación sirve para proporcionar una esquema de bolsillo para poder valorar la calidad de la vida y de la proyección política, y está pensada para identificar capacidades de importancia central para toda vida humana.

1. Vida. Tener la posibilidad de vivir hasta el fin una vida humana de duración normal; de no morir prematuramente, o antes que la propia vida sea limitada de tal modo que se vuelva indigna de ser vivida.

2. Salud física. Poder gozar de buena salud, incluida una sana reproducción; poder ser adecuadamente nutridas; tener una habitación adecuada.

3. Integridad física. Estar en condiciones de moverse libremente de un lugar a otro; de estar protegidas contra las agresiones, incluida la agresión sexual y la violencia doméstica; tener la posibilidad de gozar del placer sexual y tener capacidad de elección en el campo reproductivo.

4. Sentidos, imaginación y pensamiento. Poder usar los propios sentidos para imaginar, pensar y razonar, teniendo la posibilidad de hacerlo en modo verdaderamente humano, o sea de un modo informado y cultivado por una instrucción adecuada, que comprenda la alfabetización, matemática elemental y formación científica, pero en absoluto limitada a esto. Estar en condiciones de usar la imaginación y el pensamiento en conexión con la experiencia y la producción de obras autoexpresivas. Poder ir en busca del significado último de la existencia de un modo propio. Poder hacer experiencias placenteras y evitar dolores inútiles.

5. Sentimientos. Sentir afecto por cosas y personas más que por sí mismas, amar a aquellos que nos aman y que cuidan de nosotras, sufrir por su ausencia; en general, amar, sufrir, experimentar deseo, gratitud e ira justificada. No ver el propio desarrollo emotivo destruido por ansias y miedos excesivos, o por eventos traumáticos de abuso y de abandono.

6. Razón práctica. Estar en condiciones de formarse una concepción de lo que está bien y comprometerse en una reflexión crítica sobre cómo programar la propia vida. (Esto comporta la protección de la libertad de conciencia).

7. Pertenencia. a) Poder vivir con los otros y por los otros, reconocer la humanidad de los demás y demostrar preocupación por el prójimo; empeñarse en varias formas de interacción social; poder entender las condiciones de los demás y sentir compasión; ser capaz de justicia y de amistad. (Tutelar esta capacidad significa tutelar instituciones que fundan y alimentan estas formas de pertenencia y también tutelar la libertad de palabra y de asociación política). b) Tener las bases sociales para el respeto de sí y para no ser humillados; poder ser tratada como persona digna cuyo valor es igual al de los demás. Esto implica, a nivel mínimo, protección contra la discriminación basada en la raza, el sexo, la tendencia sexual, la religión, la casta, la etnia, los orígenes nacionales.

8. Otras especies. Estar en condiciones de vivir en relación con los animales, las plantas y con el mundo de la naturaleza demostrando interés y cuidando de ellos.

9. Juego. Poder reír, jugar y gozar de actividades recreativas.

10. Control del propio ambiente. a) Político. Poder participar de un modo eficaz en las decisiones políticas que gobiernan la propia vida; gozar del derecho de participación política, tener garantías de libertad de palabra y de asociación; b) Material. Tener derecho a la posesión (de tierra y bienes) no sólo formalmente, sino en términos de oportunidades concretas; tener el derecho de buscar trabajo sobre la misma base que los otros; estar protegida contra requisas o arrestos no autorizados: En el trabajo, estar en condiciones de trabajar de manera digna, ejerciendo la razón práctica y estableciendo una relación significativa de reconocimiento mutuo con los otros trabajadores.

Martha Nussbaum ha sido profesora de filosofía en la Universidad de Harvard y actualmente lo es en la de Brown. Es además una activa defensora de la causa feminista, y ha sido una crítica tan inclemente filosóficamente, como certera políticamente, del feminismo académico de impronta relativista. En SinPermiso 2 se acaba de publicar su célebre ensayo contra Judith Butler, convertido entretanto en un clásico contemporáneo de la crítica filosófica de la charlatanería ["El feminismo exige más y las mujeres merecen algo mejor", en: Sinpermiso Nº 2, junio 2007, págs. 151-174]. Entre sus últimos libros traducidos al castellano están: La terapia del deseo: teoría y práctica en la ética helenística [traducción de Miguel Candel]. Barcelona: Paidós, [2003]; El conocimiento del amor: ensayos sobre filosofía y literatura [traducción de Rocío Orsi Portalo y Juana María Inarejos Ortiz Boadilla del Monte]. Madrid: A. Machado Libros, 2005; El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal [traducción de Juana Pailaya]. Barcelona: Paidós Ibérica, 2005; "El ocultamiento de lo humano: repugnacia, vergüenza y ley" [Traducción de Gabriel Zadunaisky]. Buenos Aires: Katz Editores, 2006; Las fronteras de la justicia: consideraciones sobre la exclusión [traducción de Ramon Vilà Vernis y Albino Santos Mosquera]. Barcelona: Paidós, 2007.

Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo González-Bertomeu

Tomado de www.rebelion.org

El exigente trabajo de ser mujer y profesional simultáneamente

¿Cómo ser la madre perfecta?, ¿cómo ser exitosa sin dejar de ser buena madre y esposa? La idea de abandono de los hijos versus el desarrollo profesional está implícita y explicita en nuestra sociedad y en las mismas mujeres. Es necesario mantener ambas: ser buena madre y buena trabajadora, presión que ocasiona el síndrome de la "súper mujer".
La doble lealtad que se produce en las vidas de las mujeres que trabajan y tienen hijos es el fenómeno del mundo globalizado que impacta más drásticamente a las féminas. La pregunta que se plantean miles de mujeres es cómo compatibilizar el ser una buena madre y buena trabajadora a la vez. Muchas madres asumen responsabilidades familiares, haciéndolas más vulnerables, ya que muchas deben aceptar empleos de peor calidad, con menor protección laboral y seguridad social, a cambio de flexibilidad para compatibilizar  labores domésticas, la crianza de los hijos y trabajo remunerado.

Mónica Díaz y Gloria Silva, docentes de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello comentan que las políticas relacionadas con este tema aún son insuficientes: en Chile el permiso asociado a la maternidad es menor al de países como Canadá (que tiene 16 semanas de licencia); no todos los empleadores cuentan con salas cunas y son varias las empresas que hacen pequeños ajustes para sortear la ley y los derechos de las trabajadoras.

"Tampoco existe compatibilidad para  trabajar part  time, desarrollando trabajo en el hogar, por la escasa oferta, la mayor sobrecarga que significa o la vulneración de derechos, como no contar con previsión",  afirman.

El cuidado de los hijos en el hogar también es otro elemento que juega en contra de muchas mujeres al ir en desmedro de su desarrollo profesional, fundamentalmente por la pérdida de contactos, menor estímulo intelectual y el vacío curricular que se produce.

"Los programas de gobierno o fundaciones que promueven causas de mujeres, no siempre apoyan estos temas, pues es asociado con feminismo y este a su vez como un movimiento anti-familia.

Cuáles podrían ser las soluciones a la doble lealtad entre la profesión y la familia

"En primer lugar, tratar de no vivir en el pasado culpando a nuestros padres, por no habernos preparado para la situación actual. En la década de los 50s era imposible prever los cambios en el modo de vivir de las personas. Alo que se apela constantemente es a la capacidad de adaptación que debiesen tener las mujeres para comprender los cambios y cambiar la dirección las veces que sea necesario en función de seguir siendo la "viga maestra" de la familia", aconsejan las especialistas de la U. Andrés Bello.

Una segunda solución propuesta es dirigir la mirada al momento anterior al nacimiento de los hijos. Solicitar ayuda profesional para enfrentar los aspectos emocionales de la maternidad y paternidad, podría permitir que los padres se adapten mejor a la diversidad de aspectos necesarios para la crianza de los hijos, como equilibrar la necesidad de ayuda económica y los asuntos profesionales con los de la familia y con otras redes de asistencia comunitaria. Este trabajo se debe complementar con una mayor participación del padre desde antes del nacimiento.

En este punto, enfatizan en la necesidad de que los padres transmitan a sus a sus hijos que las similitudes y diferencias entre hombres y mujeres no inciden significativamente en metas personales y sociales.
Tomado de www.lasegunda.com

Las mentiras del lenguaje y el lenguaje de las mentiras


Miguel A. Espino Perigault
miguelespinop@hotmail.com

A mediados de siglo pasado todo el mundo leyó, con temor de que se cumpliese la premonición anunciada allí, la novela del inglés George Orwell, 1984. La célebre obra describe la vida bajo un régimen universal de terror que tendría lugar en unos 40 años más adelante. Era una imaginaria dictadura, como la que existía entonces en la Unión Soviética. Felizmente, la profecía laica no se cumplió, salvo en un punto: el lenguaje de la mentira.
La dictadura había impuesto un lenguaje proclive, en el cual las palabras traicionaban a la verdad y creaban una realidad virtual favorable al régimen. Había nacido el lenguaje orweliano. Es el idioma de los regímenes autoritarios.
Una versión moderna de ese lenguaje se difunde por el mundo, promovida por mujeres radicales, identificadas como feministas del género, (término acuñado por Christina Hoof Sommers, para diferenciarse del aceptado feminismo tradicional). Dicha tendencia radical, junto a los movimientos de homosexuales, se activan en foros y ante gobiernos, sobre todo a partir de la IV Conferencia Mundial de la Mujer (ONU, Beijin, 1995). Desde entonces, intensifican y multiplican los cabildeos en favor de su causa. Para sus costosas actividades cuentan con el apoyo financiero de la poderosa industria abortista internacional, y con el respaldo del Banco Mundial, y otras instituciones, que promueven el aborto.
Las exigencias impuestas para la concesión de préstamos y donaciones se enmarcan en la perspectiva de género, la cual contradice los conceptos tradicionales de la moral y la cultura de los pueblos receptores de la ayuda. En la perspectiva de género, se rechazan la Ley Natural y el Derecho Natural, ya que las principales tesis que manejan los movimientos homosexuales resultan contradictorias y absurdas a la luz de esa ley que se conoce y se estudia desde los tiempos de Aristóteles; algo que no le preocupa a sus dirigentes.
En ese lenguaje se cambia el significado de palabras como: hombre, mujer, amor, familia, matrimonio, sexo, género, aborto, eutanasia, homosexualismo, lesbianismo, reproducción humana, estilo de vida, y otras. Para la ideología del género, no existe una naturaleza dada a cada uno por su capital genético. No hay diferencias de sexo y cada uno puede inventarse a sí mismo; ya que las diferencias serían por la cultura o costumbres.
Un ejemplo ridículo es que llaman interrupción del embarazo al aborto, como si el embarazo fuera una conversación, que se puede interrumpir por un rato y después continuarla sin causarle la muerte el interlocutor.
Para la Comisión Internacional de los Derechos Humanos de Homosexuales y Lesbianas, los sexos no son dos, como todo el mundo cree, sino cinco: mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales, y bisexuales. Esta caprichosa clasificación carece de base científica, pues desde el punto de vista genético, solamente hay dos opciones: o se es hombre o se es mujer. Pero, ellas y ellos se mantienen en sus cinco.
Para concluir, admiremos esta perla que nos regala la feminista Adrianne Rich, quien dijo: "Una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es la de informar a toda mujer que la penetración heterosexual es una violación, sea cual fuere la experiencia subjetiva contraria". Bueno, mejor que esto lo contesten las mujeres normales. -El autor es periodista.

Tomado de www.estrelladepanama.com