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jueves, 8 de noviembre de 2007

¿Qué es un neurótico?

 


 

 

Una persona neurótica es, simplemente, una persona que sufre. El concepto "neurosis" es sinónimo de "dolor emocional excesivo", con las secuelas conductuales correspondientes. Este dolor puede manifestarse de muchas maneras -ansiedad, depresión, fobias, agresividad, hiperactividad, celos, dependencias, obsesiones, miedos, etc.-, pero, en general, todas ellas pueden remitirse a un origen común. ¿Cuál es este origen? ¿Qué es la neurosis y cómo se cura? 

Desde un enfoque psicodinámico, el neurótico es casi siempre un niño. No solamente un niño, por supuesto, ya que también posee muchos aspectos adultos. Pero la intensidad de su neurosis tiende a ser proporcional a su grado, digamos, de "infantilismo". Al neurótico se le paró el reloj, vive atrapado en el tiempo. Con independencia de cuál sea su edad cronológica, su edad emocional nunca pasa de 2, 3, 5 o, como mucho, 15 años. Este infantilismo es la causa de un choque brutal, de una gran inadaptación a la realidad, de lo que resultan su dolor y sus síntomas neuróticos. (No debemos confundir el infantilismo del neurótico con el "niño interior" que todos llevamos dentro. El niño interior es el fondo infantil que refresca y enriquece nuestra personalidad madura, mientras que el infantilismo neurótico bloquea e impide la maduración del sujeto. El neurótico es, de hecho, un niño que se niega a crecer). 

Cada síntoma neurótico, por raro que sea, es un escudo. Cada escudo se entreteje con otros hasta formar una sólida coraza mediante la que el neurótico se defiende no ya de las heridas recibidas en su infancia, sino -por extensión-  de la vida entera. Y, así, desde ese búnquer el neurótico se resiste a afrontar la realidad adulta. Es verdad que una parte de él quiere indudablemente curarse, dejar de sufrir, crecer, ser feliz. Pero su lado infantil, más poderoso, se siente enormemente cómodo y seguro en su perezoso nido de hábitos y defensas de "toda la vida" y, como además sus sufrimientos lo han vuelto desconfiado, sus miedos refuerzan su parálisis. Y, para colmo, teme que si efectivamente llegara a cambiar y curarse dejaría quizá de reconocerse a sí mismo, de ser "él mismo", ¡con lo mucho que le ha costado construirse su personalidad, aunque sea tan doliente! Algunos neuróticos llegan al extremo de idealizar su neurosis, de enorgullecerse de sus sufrimientos, para no tener que desprenderse de su inmadurez. Por todo ello, en fin, el neurótico se resiste a mejorar y sabotea inconscientemente sus terapias.

¿Cuál es el terror supremo del neurótico? ¿Qué miedo fundamental oculta en su caja de Pandora este niño asustado, refugiado bajo capas y más capas de síntomas (ansiedad, tristeza, adicciones, etc.)? Su horror básico es descubrir que realmente está solo en el mundo, que sus apegos familiares están envenenados, que en cierto modo fue siempre un huérfano, que su vida entera está llena de mentiras y en última instancia es un fracaso, que nadie podrá salvarlo jamás. Siente pánico a sufrir este terrible desengaño (que intuye oscuramente), a perder para siempre su última ilusión de ser amado incondicionalmente como un niño, a admitir que ya no lo es y que resulta inútil –y patético- seguir soñándolo. Pues la más terrible y abrasadora verdad es ésta: el tren de su infancia pasó para siempre.

La neurosis nace, en efecto, de la terrible nostalgia por una infancia fallida y, en consecuencia, la búsqueda continua, inconsciente e insaciable de una segunda oportunidad. ¡Vana fantasía! Para eludir este drama, el niño aterrado inventa en su refugio toda clase de estratagemas: olvida o se aferra al pasado, deforma su memoria, idealiza a la familia, se culpabiliza, finge perdonar, duda del psicoterapeuta, se enamora del psicoterapeuta, viaja compulsivamente, se refugia en la promiscuidad, trabaja hasta el agotamiento, etc. Pero el tiempo no perdona y la añorada felicidad no llega.

¿En qué consiste la curación de la neurosis? La respuesta se desprende de lo dicho más arriba: si la neurosis es el apego a una infancia ya perdida y el consiguiente -e imposible- anhelo de revivirla en el presente, entonces curarse es despertar a la cruda verdad, descubrir la locura de semejante intento, reconocer y aprender a convivir con la certeza de que nadie podrá ser jamás nuestro salvador y que, por tanto, sólo nosotros podemos –y debemos– asumir el peso de nuestra soledad, de nuestra existencia, de nuestro destino. Con la ayuda y compañía de muchas personas, desde luego, pero fundamentalmente solos y autónomos. Para conseguirlo, habrá que llorar hasta la última lágrima, gritar hasta la última rabia, liberarse de los principales apegos y resistencias infantiles. Se trata de algo muy parecido a una "deshabituación", al destete final de todas las nostalgias inútiles, al definitivo re-nacimiento a la vida presente y la inauguración de la etapa adulta.

Muchas personas logran recorrer este proceso -profundo y apasionante- por sí mismas. Otros necesitan la ayuda de psicoterapias especificas. Pero siempre vale la pena.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor 

 

Tomado de www.psicodinamicajlc.om

Las fobias que atormentan a los ricos

 

 

JUAN LLOBELL

Los ricos también lloran; como el común de los mortales. Pero, además, tienen otros quebraderos de cabeza y neurosis: ¿Me atacarán al volver la esquina?, ¿acabarán mis hijos llevando vidas rotas?, ¿no debería amasar más dinero?, ¿esa persona se interesa por mí o por mi dinero?

 

Nos pasamos la vida rogando a Dios para que nos toque el gordo de Navidad, nuestra mente fabrique una brillante idea empresarial o un notario nos comunique que una de nuestras tías ha fallecido dejándonos una fabulosa herencia. Después de todo, sólo con un milagro el común de los mortales puede romper la monotonía de un magro salario a fin de mes que sólo engorda al compás de la inflación. Muchísimo dinero, pensamos, nos hará tremendamente felices.

Lo cierto, sin embargo, es que los ricos –incluidos los multimillonarios– también sufren. Y la mejor prueba es que paralelamente al boom de millonarios con el que ha arrancado el siglo –ya hay cerca de diez millones de ricos en el planeta, según la consultora Boston Consulting– están proliferando los gabinetes psicológicos especializados en tratar sus neurosis y fobias. De hecho, la gran banca privada anima a sus clientes más acaudalados a visitar al psicoanalista para que su relación con el dinero sea más sana.

Los miedos de los ricos son muy variados y unas están centrados en el presente y otros en el futuro. Uno de los más habituales es el temor a ser víctima –incluidos sus familiares– de un secuestro o del ataque de algún lunático. Este síndrome de persecución explica por qué muchos buscan minimizar el riesgo viviendo en pequeñas 'comunidades' altamente protegidas y vigiladas. Y por qué la demanda de guardaespaldas y servicios de seguridad se están disparando. Aunque, por supuesto, no es lo mismo ser rico en Europa que en Rusia o en China. En los países en los que el estado de derecho es frágil y predomina un cierto capitalismo salvaje, los millonarios sufren más. Así, los oligarcas rusos que se han enriquecido al compás de las privatizaciones energéticas suelen pasear arropados de pequeños ejércitos de agentes de seguridad. Si las personas de gran patrimonio, además, trabajan y están al frente de multinacionales en economías del tercer mundo, su riesgo de secuestro o ataque es más elevado. Anualmente hay cerca de 2.000 peticiones de rescate por secuestro en el mundo, y una multinacional suele desembolsar entre uno y dos millones de dólares por la prima del seguro que le protege ante tal eventualidad.

Uno de los grandes problemas de los ricos –que algunos expertos señalan como la mayor fuente de estrés– es la educación de los hijos. Temen que los vástagos crezcan en un mundo de lujos y excesos que les condenará a llevar vidas rotas. Así que para evitar el fenómeno Paris Hilton y asegurarse de que los hijos no pierden el incentivo a luchar y trabajar, muchos multimillonarios sólo legan una pequeña cantidad de dinero. La cantidad óptima, según algunos estudios, estaría entre 3 y 4 millones de dólares. El sagaz inversor y uno de los más ricos del mundo, Warren Buffet, ha donado la mayor parte de su dinero a la Fundación Gates y ha calculado al milímetro el dinero para sus hijos.

Otra fuente de preocupación es el llamado síndrome de la riqueza repentina que afecta a aquellos que se hacen de oro de un día para otro y que tiene como prototipo a los jóvenes empresarios de Silicon Valley. Estos nuevos ricos suelen tener problemas de adaptación a su nuevo estatus social, lo que les provoca depresión y cambios de humor.

Y con independencia de que uno pertenezca a una familia acaudalada de gran solera, la mayoría de los millonarios tienen dificultades para confiar en la gente –¿se interesan por mí como persona o por mi llamativo patrimonio?–. Además, muchos de los millonarios piensan que todavía deberían serlo más. El gran brío de la economía mundial, el encarecimiento del petróleo y de otras materias primeras, el despertar de los mercados emergentes como Rusia y China y el ciclo alcista del mercado inmobiliario están espoleando el número de ricos. Y y de paso, la demanda de psicólogos y psicoanalistas.

Los miedos
· Una preocupación de los millonarios es garantizar que sus hijos no llevan vidas rotas por el escaso interés en luchar y trabajar.

· Muchos ricos temen ser secuestrados o atacados y por eso tienden a vivir en pequeñas comunidades bien protegidas.

· Un alto porcentaje de millonarios considera que deberían tener más dinero.

· Los multimillonarios tienen dificultades para confiar en otras personas.

 

Tomado de www.expansion.com

Traumas ocultos

 
Pocas personas reconocen tener un trauma porque creen que solo se produce luego de atravesar por una situación de violencia. Pero la gama de traumas es más amplia. Entérese.

"Trauma es un hecho de la vida, sin embargo no tiene que ser una cadena de perpetuidad". P. Levine

Por: Martha Escamilla Rocha.
Psicóloga Javeriana, hipnoterapista. Especialista en trauma, fobias, compulsiones, y "enhanced performance".
me_trauma@yahoo.com

El trauma siempre ha existido, todos de una u otra manera hemos tenido experiencias traumáticas, desafortunadamente no siempre hay conciencia del gran impacto y las consecuencias que este tiene en las personas, la familias y la sociedades. En muchos casos de la depresión, ansiedad y síntomas psicosomáticos hay un trauma no resuelto.

El trauma afecta a las sociedades de diferentes maneras, por ejemplo cuando ocurre un desastre natural la comunidad se une, las personas se ayudan y apoyan entre si, por el contrario cuando hay guerras, violencia, la comunidad tiende a dividirse por que la atención va a buscar el culpable y a juzgarlo. La raíz de la violencia y la guerra, puede ser atribuida en gran parte a experiencias traumáticas que hemos tenido y al gran estrés en que vivimos.

Cuando nos enfrentamos a lo que percibimos como ineludible o como una amenaza abrumadora para nuestra vida, instintivamente nos preparamos para luchar o huir, si por alguna razón, no podemos ejecutar ninguna de estas respuestas por que ponemos en peligro nuestra vida, el cerebro, pasa por alto nuestros impulsos e instintos, llevándonos a la inmovilización- congelación, es esta congelación, la que produce los síntomas.

Los síntomas vienen, ya que el cuerpo al no poder llevar a cabo su respuesta instintiva de luchar o escapar a lo que percibe como amenazante e ineludible, deja estancada en el cuerpo la energía y sustancias químicas que genera, esto es lo que produce el trauma y lo que generara una serie de síntomas.

Las causas del trauma son muy amplias, incluyen desde traumas de gestación o nacimiento hasta desastres naturales, terremotos, incendios, pasando por ataques o actos de violencia, secuestros, asaltos terroristas, homicidios, maltratos psico-emocionales, físicos, sexuales, accidentes, caídas, enfermedades graves o crónicas, pérdida súbita de una persona amada, cirugías y otros procedimientos médicos u odontológicos agresivos y necesarios, y también niveles elevados de estrés durante periodos prolongados. Igualmente puede haber trauma en personas que están expuestas a continuas presiones ambientales, sociales o económicas como inmigrantes, refugiados políticos o quienes han tenido pérdidas o quiebras económicas entre otras.

Los efectos del trauma, son tan fuertes que afectan al cuerpo de diferentes maneras:

  • Físicamente: Sensaciones de dolor persistente en el cuerpo, fatiga crónica, dolor en el pecho o espalda, tensión muscular, fibriomalgia, migrañas, nauseas, gastritis, ulcera, hiperexcitación, hipervigilancia, intrusión de imágenes del trauma, pesadillas, repuestas de sobresalto exageradas, ataques de pánico, hipersensibilidad al sonido, olor y tacto.
  • Emocionalmente: Cambios de temperamentos bruscos, capacidad reducida de manejar estrés, dificultad de relacionarse con otros, aislamiento, llanto frecuente, reacciones emocionales exageradas que no puede controlar. Dificultad para controlar el temor o terror aun después del evento. Sentimientos de desesperanza, impotencia, desespero, depresión, pierde interés por la familia trabajo y otras cosas que antes le causaban placer.
  • Mentalmente: Paranoia, pensamientos obsesivos y compulsivos, confusión, dificultad de concentración, poca tolerancia a las diferencias.

Hay personas que se afectan más que otras luego de un trauma, esto es por la duración y severidad del evento traumático, existencia de traumas anteriores y de la ayuda, apoyo emocional y social que tuvo la persona después del trauma.

La persona que experimenta estos u otros síntomas, que los demás poco entienden, puede pensar que está loca. No está loca, existe una explicación para todo lo que le está ocurriendo. Con el trauma la mente se altera significativamente y esta es parte de la razón por la que se siente así. Pero la persona no ha sufrido daños irreversibles en su mente y le es posible disminuir e incluso eliminar los síntomas.

Si le han dicho, luego de haber sufrido un trauma, que estos duran toda la vida o que va tener que tomar tal o cual medicina para siempre, que los síntomas que presenta son psicológicos o que tiene que darle tiempo al tiempo o que todo lo que siente solo proviene de su imaginación o que lo suyo es solo cuestión de fuerza de voluntad, que hay que aprender a olvidar, que los síntomas solo se pueden disminuir, que tiene que aprender a vivir con ellos y que los traumas no se pueden curar, NO ES CIERTO.

Todos estamos en capacidad de sanar las heridas más inherentes.

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