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viernes, 2 de mayo de 2008

Ninfómanas: ¿mito o realidad?

 

 

Algunos sexólogos siguen hablando de furor uterino mientras otros desmontan la leyenda de la ninfomanía y afirman que la hipersexualidad es una rara anomalía

  • Luis Landeira
 
 
 

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Y, sin embargo, los sexólogos modernos insisten en que son poquísimas las mujeres que padecen el trastorno "hipersexual", y la mayoría están en tratamiento. Lo demás, aseguran, son fantasías masculinas.

El término "ninfómana" tiene su origen en el politeísmo grecolatino, que llamaba ninfas a unos espíritus femeninos que vivían en la naturaleza y eran especialmente proclives a los encuentros sexuales. Pero no fue hasta finales del puritano siglo XIX cuando la ninfomanía fue catalogada como "enfermedad nerviosa" por la medicina, siendo descrita por los doctores como "desgraciadas" las mujeres que padecían "imaginación ardiente, deseos violentos y estado de extremo ardor". Esta patología, añadían los médicos, podía terminar con la muerte de la mujer afectada. Y, de alguna manera, esta concepción de la ninfomanía ha llegado hasta nuestros tiempos.

El Diccionario de la Real Academia, por ejemplo, sigue definiendo la ninfomanía o "furor uterino" como un "deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula". Y son muchos los que usan la palabra para referirse a una mujer insaciable que se entrega a muchos hombres. Aún hoy, el término conserva un matiz peyorativo que, por ejemplo, no posee su equivalente masculino ("sátiro"), que se usa de un modo más ligero o humorístico.

Un estigma cultural

"Ninfómana" es un término que continúan utilizando algunos sexólogos y la inmensa mayoría de publicistas, escritores y guionistas con ganas de encontrar un buen gancho verbal para vender sus libros, películas o material pornográfico. También se usa como insulto para definir a las amantes demasiado fogosas.

¿Ejemplos? En el best sellerDiario de una ninfómana (Ed. DeBolsillo), cuya versión cinematográfica se estrena el próximo junio, Valérie Tasso describe las peripecias sexuales de una burguesa aficionada a los encuentros íntimos con desconocidos que se acaba prostituyendo por placer. Riley Giles, ex amante de la actriz Lindsay Lohan declaró, tras cortar con ella, que "Lindsay es definitivamente una ninfómana" porque le exigía sexo varias veces al día. En la película Blake Snake Moan (Craig Brewer, 2006) Christina Ricci es una "joven ninfómana" que "sufre incontrolables impulsos sexuales"; un viejo y religioso bluesman (Samuel L. Jackson) la encadena a una estufa para intentar "curarla". Anaïs Nin pasó a la historia como una escritora "ninfómana" debido a la publicación postuma de sus desinhibidos diarios eróticos. En la web de contactos Alijera.com abundan anuncios como este: "Hola amorcitos, me llamo Patty y me encanta el sexo, soy una ninfómana y me chifla el sexo anal, ya que por detrás obtengo mis mejores orgasmos". Y un largo etcétera.

Sin embargo, muchos expertos en la materia sexual discrepan y consideran que las ninfómanas son un mito, que ya fue desmontado en los años 50 por Alfred Kinsey: este pionero de la sexología moderna describió a la ninfómana de una forma tan lacónica como eficaz: "Alguien capaz de tener más sexo que tú".

Hipersexuales, que no ninfómanas

En general, los actuales especialistas prefieren hablar de "hipersexualidad" que de "ninfomanía". El sexólogo y psicólogo clínico César Menéndez define la hipersexualidad como una extraña anomalía por la cual la mujer nunca llega a experimentar un orgasmo completo y, por eso, se vuelve insaciable.

No obstante, en sus treinta años de experiencia, Menéndez sólo se ha encontrado con dos casos de mujeres que se acercaban a lo que la mitología popular entiende por "ninfómanas", por eso cree que este trastorno es más una leyenda urbana que una realidad: "Vivimos en una sociedad machista y mientras los hombres, por cuestiones biológicas, pueden quedarse dormidos después del orgasmo, hay mujeres que necesitan más; es natural que muchas necesiten al menos tres orgasmos para sentirse satisfechas. Una cosa es la necesidad femenina, casi siempre mayor que la masculina, y otra la hipersexualidad".

Las causas de la "hipersexualidad" en la mujer son variadas: desórdenes hormonales, desequilibrios psíquicos (como el trastorno bipolar), personalidades neuróticas… Las mujeres que tuvieron una infancia demasiado represiva, excesivamente lúbrica o que sufrieron violaciones o malos tratos en su niñez y adolescencia, pueden presentar desórdenes en su apetito sexual.

También existen causas clínicas, como un tumor en el lóbulo temporal o en la zona del cerebro que regula el comportamiento sexual, o padecer alguna enfermedad como el hipertiroidismo, que en su fase avanzada puede incrementar de forma notable el deseo erótico. La hiperplasia suprarrenal congénita es otra enfermedad que suele causar hipersexualidad, debido a la sobreproducción de andrógenos que provoca.

La ninfomanía es, pues, un mito más del imaginario masculino, tan utilizado para reprimir la sexualidad femenina como para exaltarla en mil fantasías que poco tienen que ver con la realidad: las mujeres hipersexuales son una minoría. El resto, son chicas que, sencillamente, han liberado su sexualidad y disfrutan de sus cuerpos multiorgásmicos, o bien utilizan el sexo como remedio para sus carencias afectivas.

Lo dice Valerie Tasso al final de su Diario de una ninfómana: "He sido una mujer promiscua, sí. Porque pretendía, en definitiva, utilizar el sexo como medio para encontrar lo que todo el mundo busca: reconocimiento, placer, autoestima y, en definitiva, amor y cariño. ¿Qué hay de patológico en esto?"

Tomado de www.adn.es

Vigorexia, enfermedad de la perfección

 
Por: Lido Coronado

 
Cuando la obsesión por un cuerpo admirable lleva a un hombre a pasar seis o más horas al día en el gimnasio, se puede considerar que esta enfermo de perfección, es decir, sufre vigorexia.

Lo que no sabe el paciente es que puede morir sin conseguir su objetivo.

Así como los anoréxicos consideran que están excedidos de peso, no importando lo delgados que sean en realidad, los vigoréxicos se miran a si mismos demasiado pequeños, sin tomar en cuenta lo grandes que son.

No obstante, la también llamada dismorfia muscular, no ha sido reconocida todavía como una afección psiquiátrica, como si lo es la anorexia.

La vigorexia se resume de la siguiente manera: después de horas de hacer rutinas completas en el gimnasio, el atleta nunca se ve lo suficientemente fornido, encuentra defectos que le impiden tener cuerpo perfecto y siente la obligación de seguir ejercitándose durante más tiempo.

Este afán por verse perfecto lleva al enfermo a consumir esteroides anabólicos que pueden causarle daños al cerebro e hígado, los cuales le podrían costar la vida.

Pese a que hace poco tiempo es considerado problema de salud, ya ha sido motivo de investigaciones científicas, las cuales informan que la vigorexia puede catalogarse como un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), cuyas víctimas se ven impulsadas a repetir rutina o simples movimientos rituales, así como a hacer cosas que van más allá de su voluntad, como verse constantemente al espejo, cuidar en extremo dieta, suplementos y descanso, revisar sus progresos, sin importar la hora y el lugar, e incluso depilarse y aplicarse cremas hidratantes y aceites balsámicos para resaltar su atlética figura.

Pero los síntomas no se quedan en eso, ya que además tienen: -Afán de superación. -Necesidad de romper barreras y establecer nuevos límites.

-Ideal personal de belleza física. -Deseo de un cuerpo fuera de lo normal. -Imperiosa necesidad de despertar deseo o envidia.

 
No nos dejen caer en tentación...

Los mismos trabajos científicos que rastrean este problema indican que al parecer la impresión exagerada de que algo no luce bien en el cuerpo tiene sus orígenes en la química del cerebro, donde se produce una sustancia llamada serotonina -relacionada directamente con placeres a través de vista, gusto y olfato- que en bajas producciones no encontrará satisfacción en los sentidos señalados.

Parece ser que por esa razón los vigoréxicos sufren una distorsión de su esquema corporal que les hace percibir su cuerpo siempre pequeño, y les empuja a aumentar más y más su tamaño muscular.

De igual forma es detonante de depresión y ansiedad.

El perfil de estos pacientes los define como personas poco maduras, introvertidas, con problemas de integración y seguridad, y baja autoestima, que piensan que tienen poco atractivo ante el sexo opuesto debido a su aspecto físico.

Son víctimas de los medios de comunicación que difunden el modelo de hombre fuerte y atlético como prototipo de salud y éxito, lo cual puede causar una obsesión por el culto al cuerpo y una frustración en adolescentes cuya complexión no se adapte a estos cánones.

El investigador estadounidense Eric Hollander, especialista en trastornos compulsivos en la Escuela de Medicina Monte Sinaí (en Nueva York), sugiere que el tratamiento con antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina puede resultar efectivo en pacientes con dismorfia muscular.

Otros científicos indican que las terapias psicológicas habituales de modificación de la conducta, indicadas para obsesivos compulsivos, también pueden ayudar notablemente a superar este problema.

Usted puede estar muy a tiempo de reconocerse como vigoréxico y evitar problemas que le aíslen socialmente y que puedan mermar su salud, de manera que tómelo como lo dice el dicho: ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre

Tomado de www.elporvenir.com.mx

¿Existe la adicción sexual?

 
 
María Elena Navas 

Cada vez más gente admite estar en tratamiento de rehabilitación por su "adicción sexual".

Un importante político británico, Laidlaw de Rothiemay, de la Cámara de los Lores, confesó a la prensa en días recientes que había pasado su vida adulta luchando contra la "enfermedad".

El término nos hace pensar que el acto sexual puede crear una necesidad compulsiva -como el alcohol o tabaco- y que su privación provoca en la persona efectos nocivos físicos y mentales.

Pero ¿es realmente la adicción sexual una enfermedad?

O ¿es sólo una excusa conveniente que utilizan hombres y mujeres que son infieles?

"Sí es una enfermedad y existe realmente" dijo a BBC Ciencia el doctor Andrés Flores-Colombino, expresidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual.

"Es un comportamiento obsesivo compulsivo en el que la voluntad no puede oponerse a una pulsión interna y que lleva a realizar determinadas prácticas", agrega el experto.

¿Adicción?

Los expertos afirman que la adicción sexual es un trastorno grave que se cree afecta a una de cada 20 personas.

Según la organización británica de asesoramiento familiar Relate en los últimos años ha habido un gran aumento en el número de casos relacionados con conductas sexuales compulsivas.

Tal como explica el doctor Flores-Colombino, ésta no es una adicción química como la del alcohol o cocaína, sino es una adicción que tiene que ver con la práctica.

E igual que en la adicción al juego, se cree que está involucrado un elemento bioquímico relacionado a la liberación de dopamina en el cerebro.

"Es una necesidad compulsiva que conduce a llevar a cabo un cierto tipo de prácticas", afirma el experto.

"Y éstas son prácticas que tienen consecuencias en la esfera personal e interpersonal y que pueden ser muy destructivas".

Esto, explica el médico, debido a que un adicto sexual es incapaz de mantener un sistema de valores o compromisos de tipo social o familiar.

Los adictos sexuales a menudo son hombres, pero también hay casos de mujeres adictas al sexo.

Y la conducta puede variar desde una adicción a la pornografía hasta visitas frecuentes a prostitutas.

En general, afirman los expertos "es una forma de escape, por una baja autoestima, o sentimientos de enojo e inseguridad".

Compulsión

Según el doctor Flores-Colombino "la adicción sexual es un comportamiento que tiene todas las características de una adicción química".

"Es decir, tiene los tres elementos clásicos: la compulsión para conseguir la 'droga', la frustración cuando no se consigue y una dependencia psíquica y química", señala.

"Y esto puede conducir a muchos conflictos, tanto interiores como exteriores".

Otros expertos afirman sin embargo que no debería usarse el término "adicción" para describir lo que es una conducta compulsiva y obsesiva.

Hay claras diferencias, dicen, entre la respuesta de una persona a sus propias descargas de adrenalina y la necesidad de obtener una sustancia a la que el cuerpo se ha vuelto adicto.

"No deberíamos 'secuestrar' el término de adicción" afirma Glenn Wilson del Instituto de Psiquiatría de Londres.

"El concepto original de adicción es cuando ocurre un 'corto circuito' en las señales del cerebro que nos hacen sentir placer como recompensa cuando hacemos algo que tiene un valor de supervivencia, como comer o tener relaciones sexuales", afirma el psiquiatra.

"Pero me parece que tomar este concepto y afirmar que alguien es adicto al chocolate o al sexo -que son actividades con las que esperamos ser recompensados- es un argumento equivocado".

Sea adicción o conducta compulsiva, la realidad -afirman los expertos- es que el sexo no debería ser una obsesión.

Todos tenemos impulsos sexuales -algunos más otros menos- y éstos fácilmente pueden ponernos en problemas cuando no logramos inhibirlos o controlarlos.

"Son personas que tienen muchos problemas y que sufren mucho y por eso es necesario tratarse" afirma el doctor Flores-Colombino.

"Porque lo se busca, como en todo, es lograr el equilibrio y tener relaciones sexuales satisfactorias con una pareja estable".

 

Tomado de : http://news.bbc.co.uk