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lunes, 7 de mayo de 2007

La violencia delictual. Una mirada logoterapéutica

La violencia delictual. Una mirada logoterapéutica

Lic. Cristián Guillermo Battcock.

Paradójicamente, junto con el aumento de la expectativa de vida, se produce un aumento de las situaciones en que ésta se ve comprometida a partir de la violencia.


La violencia promueve, actualmente, mayor volumen de muerte que las enfermedades cardiovasculares y crea circunstancias de desestabilización que afectan tanto al medio social como a la trama psíquica de cada uno de los sujetos.


La violencia es un fenómeno arcaico; una multitud de pensadores, incluidos los historiadores de la civilización, se han preocupado por el análisis de los factores que concurren para fomentarla, condenando los estragos que derivan de su incontrolada incidencia tanto en el nivel individual como en el de la vida institucional.

Si bien la violencia es un fenómeno transtemporal, está sujeta, en la pluralidad de sus formas, a factores históricos cambiantes, la reflexión sobre su esencia y sus consecuencias en la vida privada y en el campo social, se ha multiplicado en nuestro tiempo.

La pérdida de valores e identificaciones de tipo estructurante crea un desequilibrio que se manifiesta en trastornos psíquicos con gran impacto social, como son, en especial, los trastornos antisociales de la personalidad y el abuso de sustancias psicoactivas.

¿Que sucede cuando esta violencia quiebra el entramado social con una "conducta desviada", tal y como lo describe el ritual legal penal (código penal).? ¿Que lleva a la persona a cometer el mismo?. ¿Debemos buscar sus causales en la historia individual de la persona, en factores socio-económicos, en raíces cromosómicas de sus genes?. ¿Es factible llegar a una respuesta que nos acerque a la génesis delictiva?. ¿El tema en cuestión le es ajeno a la logoterapia?. ¿Hay algo que esta pueda decir acerca del tema?.

Estas son algunos de los interrogantes que guiarán este ensayo, tratando de poner paños frios -si es que esto es factible- a tal acalorado tema, tratando de buscar algunas pensamientos que nos lleven a un puerto desde donde poder comenzar a ordenar el caos que tal temática parece conllevar.

Recursos Conceptuales.

La complejidad del fenómeno y la heterogeneidad de sus manifestaciones requieren la utilización de recursos conceptuales que permitan organizar y delimitar el aparente desorden en que se presentan los hechos.

El mismo concepto de violencia, en sentido amplio y el de delito, en un sentido mas restringido, nos remiten a una serie de definiciones teórico-filosóficas que lejos de dar una lectura abstracta del tema, quizás nos ayuden a dilucidar esta compleja entramada conceptual.

Es por ello que haremos a continuación referencia a temas como la sociedad, el Estado, el contrato social, la violencia, el derecho y el delito como concepto legal.

Los conceptos de sociedad y Estado entendidos como complementarios, recíprocos y claramente enfrentados entre sí, caracterizan a esa parte de la historia social que llamamos modernidad. Su aparición como bien lo remarca Portantiero y De Ipola1, se liga a la forma capitalista de organización de la producción y del intercambio, a la extinción progresiva de la división en órdenes estamentales de la sociedad, a la institución de la igualdad jurídica entre las personas. "Nace así la noción moderna de individuo como unidad elemental de la sociedad y, por lo tanto, como lugar central desde el cual poder dar cuenta de su constitución y su funcionamiento(...)"2.

Surge aquí la pregunta de, ¿cómo es posible la sociedad?, ¿por qué los hombres quiebran el estado natural para agruparse con arreglo a las normas de un orden convencional?

Como un intento de dar respuesta a estos interrogantes surge en el pensamiento del siglo XIX la figura del contrato social, como una instancia superadora del estado de naturaleza y como condición de posibilidad para la fundación de la sociedad.

El pacto de sujeción caracterizará a la visión contractualista de Thomas Hobbes3, para quien los individuos sólo aspiran a satisfacer sus impulsos, sus pasiones, sus deseos. El resultado de tal situación no puede ser otro que una descarnada lucha de todos contra todos, manifestada por la guerra, el caos, la anarquía y la muerte. Para poder proteger el derecho a la vida, los hombres deciden por común acuerdo relegar parte de su libertad y depositarla en la figura que Hobbes llama Leviatán, el cual se constituye en garantía de tal pacto.

Y por lo tanto, si dos hombres desean una misma cosa que no puede ser disfrutada por ambos, se convierten en enemigos[...] El modo mas razonable de protegerse contra esa desconfianza que los hombres se inspiran mutuamente, es la previsión, esto es, controlar, ya sea por la fuerza, ya con estratagemas, a tantas personas como sea posible[...].De todo ello queda de manifiesto que ..., están en esa condición llamada guerra, guerra de cada hombre contra cada hombre[...]. Las pasiones que inclinan a los hombres a buscar la paz son el miedo a la muerte, el deseo de obtener las cosas necesarias para vivir cómodamente[...]El único modo de erigir un poder común que pueda defenderlos de la invasión de extraños y de las injurias entre ellos mismos, dándoles seguridad[...]es el de conferir todo su poder toda su fuerza individual a un solo hombre o a una asamblea de hombres que ..., pueda reducir las voluntades de los súbditos a una sola voluntad[...].Una vez hecho esto, una multitud así unida en una persona es lo que llamamos Estado, en latín CIVITAS. De este modo se genera ese gran LEVIATAN[...].4

En Rousseau5 dicha imagen adquirirá otros matices. A diferencia de Hobbes, no cree en un orden social generado a partir de los intereses de los hombres, sino mas bien bajo una concepción de comunidad entendida como voluntad general. Para este autor la sociedad al introducir la división del trabajo y la propiedad, abre el reino de la desigualdad, de la envidia y, finalmente de la guerra. La guerra no nace en la sociedad natural sino en la sociedad civil. Se tratará, entonces de encontrar una forma de asociación que haga posible la expresión de la voluntad general, superadora del individualismo egoísta. Uniéndose a los demás, el hombre se hará libre, integrándose directamente con la comunidad, como en el estado primitivo lo estaba con la naturaleza.

Es resultado de estas hipótesis (pacto de sujeción y pacto social), que el estado de derecho no es mas que la mayor expresión política alcanzada sobre bases de consenso, el cual se halla en una cultura unificada por un sentimiento común de pertenencia y lealtad, que hace posible este mismo consenso. Es en estado de derecho donde el Estado emerge como una figura cuya finalidad no es más que "[...]una sola ya se trate de un régimen liberal a ultranza o de una estructura socializada: la felicidad del individuo, su superación material y espiritual"6, permitiendo al hombre común la posibilidad de creer en el derecho, como a través de un acto de fe, ya que piensa que este derecho es conveniente a la paz social, y por ende a su seguridad, entendiendo a esta como "la satisfacción de las aspiraciones de habitualidad y no arbitrariedad"7

Solo en un caso hipotético y apelando al uso de nuestra imaginación ¿cuales serían la consecuencias sociales si este sentir del hombre común respecto al Estado como portador y dador de seguridad y justicia comienza a debilitarse?. ¿Será quizás imperioso volver a ese "estado de guerra de todos contra todos" al observar que el Estado no cumple con aquellos requisitos para los cuales fue constituido?.

Al respecto Freud nos dice:

Todo cuanto establezca ligazones de sentimiento entre los hombres no podrá menos que ejercer un efecto contrario a la guerra (subrayado mío). Tales ligazones pueden ser de dos clases. En primer lugar, vínculos como los que se tienen con un objeto de amor, aunque sin metas sexuales. [...] La otra clase de ligazón de sentimiento es la que se produce por identificación. Todo lo que establezca sustantivas relaciones de comunidad entre los hombres provocará esos sentimientos comunes, esas identificaciones. Sobre ellas descansa en buena parte el edificio de la sociedad humana.[...]No hace falta demostrar que los abusos de poderes del Estado y la prohibición de pensar de la Iglesia no favorecen una generación así. 8

Pareciera que sin "ligazones de sentimiento entre los hombres"9, sin identificaciones, la guerra, o dicho de otra forma, la violencia resulta inevitable. Es esta violencia entendida como, la resultante, desde la teoría freudiana, de la propia cultura, que se edifica sobre la renuncia de lo pulsional, y que deviene pulsión de destrucción cuando la pulsión de muerte es dirigida hacia afuera, hacia los objetos producto de un fracaso de la pulsión de Eros, que tiene por fin, el ligar representaciones10 . La pulsión pareciera que toma por su misma fuerza, venganza contra la cultura que le ve denegada su satisfacción.

Sin embargo no podemos entender a la violencia como la consecuencia inevitable y esperable en toda sociedad, dado que será el mismo Freud el que dirá que:

Entre los caracteres psicológicos de la cultura, dos parecen los mas importantes: el fortalecimiento del intelecto, que empieza a gobernar a la vida pulsional, y la interiorización de la inclinación a agredir, con todas sus consecuencias ventajosas y peligrosas.11

Y la violencia social sin duda contradice las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural, y por ende nos vemos impelidos a sublevarnos contra ella, y fue merced al Estado, el cual enarbolando la bandera de un formalismo jurídico, por la que el orden jurídico prevé soluciones para todos los casos posibles, que se logró la habitualización del comportamiento y la instauración de la legalidad, es decir, de la aplicación racional igualitaria de los contenidos de la norma.

Sin embargo antes de continuar con este quehacer intelectual, resulta mas que necesario definir y distinguir dos conceptos que se toman como homólogos y que son agresión y violencia. La palabra agresividad, tiene su origen en la raíz latina aggredi, que significa avanzar, acercarse, atacar, en el sentido de tocar, que luego desemboca en el acto de comprender. Sólo modernamente, agresión significa ataque latente. Cada uno puede darle a la agresión un sentido diferente y simbolizarla de una manera particular. Cuando la agresión se transforma en destructiva, estamos en presencia de lo que denominamos violencia. La violencia que se apoya en la exacerbación de los mecanismos neurobiológicos de la respuesta agresiva, tiene un carácter destructivo sobre las personas y/o los objetos y supone una profunda disfunción social.

Por su parte, hostilidad (agresividad anormal), tiene su raíz en la palabra latina "hostilis" que significa enemigo o contrincante. Violencia viene de "violare", violar una norma o ley. Incluye toda relación de tipo destructivo para sí o para terceros, contando con el medio físico como objeto de ataques posibles. La violencia forma parte de diversos contextos. Puede generarse en forma espontánea o facilitada por diferentes circunstancias, como el abuso de tóxicos, alcohol y drogas y los "ismos" políticos y religiosos. Puede darse, como reacción inesperada, intempestiva, que parece responder a resortes inconscientes escapando al control del sujeto. También puede obedecer a actos reflexivos. Es una dimensión desintegrante.

Delimitación conceptual entre conducta, conducta antisocial y delito.

El "crimen" y el "delito" son conceptos legales. El crimen es cualquier conducta que las leyes de un determinado país (o legislación) designan como acto criminal. Esta definición tiene una primera consecuencia importante y es que una conducta puede ser un delito o crimen en un entorno o momento histórico cultural determinado y en otro no. El "vagabundear" era un delito en España en los años 40 pero en la actualidad no lo es. Cabe recordar los elementos constitutivos del delito tal como lo establece la teoría del delito (Zaffaroni)12.

ACTIVIDAD: No puede haber delito si no hay conducta.

TIPICIDAD: Es la descripción trazada por la ley para definir el acto objetiva1mente como delito. Es la descripción de una conducta disvaliosa de un tipo penal (que es quien determina la conducta disvaliosa).

ANTIJURICIDAD: Es la que se pregunta si la conducta lesiono algún tipo de bien jurídico tutelar. Los subjetivistas (lo antijurídico se halla en el alma del agente transgresor) excluyen a los incapaces o a quienes incurren en desobediencia a la norma por error. Los objetivistas sostienen que lo que perjudica o beneficia a la sociedad es la acción, objetivamente considerada, mientras que la culpa servirá para tornarlo responsable.

CULPABILIDAD: Es el conjunto de presupuestos que fundamentan la reprochabilidad de la conducta antijurídica.

La psicología actual que podríamos definirla como "el estudio científico de las conductas y de las vivencias" por tanto se interesará por la conducta criminal como una porción específica de los tipos de conducta posibles.

De hecho el "crimen" no constituye una categoría conductual natural u homogénea y de hecho es difícil considerar una nítida delimitación (que no sea la legal) de este tipo de comportamientos. En psicología preferiremos hablar de "conducta antisocial" en la medida de que es una definición más genérica y que hace referencia a un tipo de comportamientos que por su naturaleza y consecuencias se consideran universalmente como dañina o perjudicial, como por ejemplo lo es el homicidio. A pesar de que esta consideración tienen sus debilidades (en el sentido de que no está claro que exista una ley natural válida para todas las sociedades y culturas, etc...) la verdad es que la mayoría de personas están de acuerdo en catalogar ciertos actos o conductas como intrínsecamente criminales y que serían universalmente condenadas, a estas categorías son a las que nos referimos al hablar de conductas antisociales.

Un debate similar a este se establece al querer identificar conducta antisocial y delincuencia ya que aunque existan, en ambas categorías la propiedad de que las dos refieren a "ruptura o violación de normas" la segunda está justificada dentro de un sistema socio-legal que no afecta por igual a la primera. No obstante habitualmente las diferencias entre conducta antisocial, crimen y delito se establece más empíricamente que de forma teórico-filosófica.

En el marco de la psicología que estudia o se interesa por la criminología podemos establecer un espacio propio a lo que identificamos como "personalidad y conducta antisocial". Este ámbito es una parcela que interesa al criminólogo en la medida en que éste se ocupa no solamente por el crimen en sí, sino por el agente causante del mismo, el criminal. El individuo que se comporta de forma antisocial o criminal ¿tiene unas características propias que lo diferencian de los que no cometen delitos?, si la respuesta es sí, ¿cuales son estas características?. ¿Son atributos propios del individuo o son los efectos del entorno, ambiente y situación en que vive o ha vivido?. En una palabra la personalidad del delincuente, del asesino, violador o drogadicto ¿tiene algún elemento diferencial que determina su conducta antisocial o ésta es simplemente el resultado de los efectos del ambiente en su actividad cotidiana?. En el estudio de la personalidad del criminal de buen seguro encontraremos una explicación "parcial", necesariamente, de su comportamiento criminal. La propia conducta criminal (como cualquier otra conducta humana compleja) esta causada por múltiples agentes de naturaleza diversa. Por ejemplo las condiciones económicas, la educación del individuo, los valores, las actitudes, las tendencias temperamentales, el entorno inmediato del sujeto, sus deseos, el efecto de tóxicos, etc... todos estos elementos actúan como causantes del comportamiento antisocial y naturalmente es la combinación específica de todos ellos, que se convierte en una configuración única, la causa inmediata y real de un crimen o delito. Esta es una afirmación obvia pero que no aporta nada al conocimiento científico de la causalidad del comportamiento criminal. Conocer el efecto de cada uno de los factores o agentes causales de la conducta criminal es la tarea en la que distintas disciplinas entre las cuales se encuentra la psicología criminal y la psicología de la personalidad se interesa por unas causas que se ajustan a su campo de estudio, es decir los rasgos de temperamento, el carácter, las capacidades del individuo y su efecto en la conducta antisocial. Es natural que ninguna disciplina aisladamente pueda explicar la "causa" real de un comportamiento criminal pero si que pueden ofrecer explicaciones parciales valiosísimas.

Hipótesis sobre la naturaleza de la violencia.

Hemos intentado acercar algunos conceptos que ordenen, clarifiquen y generen un mayor orden sobre este tema por demás objeto de debate; pero estos lejos de agotarlo, probablemente hayan generado a su vez nuevas preguntas. Ya es hora de preguntarnos entonces, tal y como lo hicimos en un comienzo si ¿hay algo que tenga que decir la Logoterapia, tal y como la concibió Víctor Frankl sobre estos temas tratados?. Si lo hay, ¿que es eso que dice?. ¿Hay algo quizás no dicho ya por los pensadores criminológicos que Víctor Frankl pueda aportar?.

Antes de entrar a hacer un rastreo bibliográfico sobre lo escrito por Víktor Frankl que acerquen respuestas a estos interrogantes, sin entrar en profundizaciones, tentativa por demás imposible, enunciaremos algunas corrientes de pensadores que trataron estas cuestiones, y que nos permitan ubicar y delimitar -por oposición y semejanza- el pensamiento frankliano.

Hobbes - Klein - T. Huxley: Una de las principales hipótesis de la génesis de la conducta agresiva sostiene que el hombre es agresivo por naturaleza. Podrá decirse que esta visión hace a la agresión como a una parte constitutiva del ser del hombre. Freud al sostener la existencia de una pulsión agresiva (thanatos) adhiere a esta hipótesis. Konrad Lorenz y los etólogos consideran lo mismo que Freud al favorecer la supervivencia y la evolución de las especies biológicas, incluída su creatividad. En todo caso esta explicación pueden entenderse por extensión del concepto biológico de adaptación. Freud, en su carta a Einstein, reflejaba un sentimiento pesimista de la vida relacionado con la supresión de la agresión. Le decía:

"No es probable que nosotros seamos capaces de suprimir las tendencias agresivas de la humanidad".

Bandura - Walters - Ross - Skinner - Philips: este grupo de autores, interesados en la observación metódica de la conducta, aseguran que el aprendizaje es el determinante principal de la conducta agresiva, una se las consecuencias de esta hipótesis es la de que si la conducta agresiva es reprimida, se asegura la agresión como un referente. Mencionan que existen por lo menos tres formas de fijación de la conducta agresiva: el refuerzo, entendiendo que la atención sobre cualquier conducta puede reforzarla; esto es si se recompensa la conducta agresiva, el resultado es sin lugar a dudas mas conducta agresiva, pero si se la castiga, por los mismos postulados, también el resultado es un incremento de la violencia. El recuerdo del castigo es entonces la mejor forma de reforzar la conducta agresiva.

Dollard - Beerkowitz - Doob - Miller - Mowrer - Sears: una de las hipótesis mas atractiva es la que dice que la frustración genera agresión. El impulso agresivo es proporcional al monto de la frustración, de este modo el número de intenciones bloqueadas es también una medida de la agresión. Desde esta perspectiva el impulso es concebido a modo de un combustible que de alguna manera debe ser extinguido, denominándose catarsis a su descarga.

Dollard revisó los supuestos y modificó el enunciado original: cuando ocurre una agresión, siempre puede presuponerse una frustración. La frustración produce instigaciones a cierto número de diferentes acciones, entre ellas puede aparecer la conducta agresiva.

Miller, sostiene que existe frustración "cuando se daña una esperanza" y Feyerabend es un estudio sobre las revoluciones, al descubrir que los miembros de la sociedad no tenían al momento de producirse esta, ni exagerada desnutrición, ni analfabetismo demasiado elevado, llega a la conclusión de que "la esperanza camina mas aprisa que la realidad".

Toch, postula una hipótesis sobre la forma en que una agresión puede ser incrementada, ha tomado en cuenta principalmente la situación social del agresor, y postula que la traslación al acto de los impulsos agresivos, muchas veces requiere de la interacción con otras personas; a través de observaciones llega a la conclusión de que los actos de violencia tienen una serie de patrones, una secuencia que se repite. Primero una provocación, luego una escalada de violencia hasta llegar a una confrontación. Diríamos que en este modelo la violencia es un potencial que se va construyendo a través de los intercambios entre las personas. Esta versión, un tanto simple de los actos agresivos, no explica su génesis, pero permite tener un parámetro de comparación.

Wolfgag - Ferracutti - Sutherland: una de las perspectivas más completas la dan los estudios sobre las subculturas. Por su medio se interpreta que las personas incorporan valores, actitudes y normas con las que va circunscribiendo su conducta en directa relación con su grupo de pertenencia. Algunos de estos conforman comunidades en cuyo seno se valorizan las conductas agresivas, existen en ellas códigos de honor generalmente no escritos. La violencia es valiosa, da prestigio y se ejerce de acuerdo con dicho código, existiendo inclusive sanciones para quienes no adoptan estas conductas violentas.

Worchel - Wolfgag: sostiene que la conducta agresiva es el resultado de la disminución de la fuerza de la restricción. Un derivado de esta enunciación es que una forma de facilitación estaría dada por la disminución del establecimiento de la responsabilidad del individuo y por tal de posibilidades de ser castigado.

Víktor Frankl: lejos de ser un espectador que observa cómodamente desde su butaca o un intelectual que desde la distancia catedrática y desde la comodidad académica teoriza la problemática objeto de este ensayo, ha vivido la violencia en nombre propio, y a sido víctima de la misma, seguramente de uno de los hechos mas violentos que la historia de la humanidad recuerde y registre, el genocidio del partido nacionalista alemán nazi.

¿Qué es el hombre? Hemos aprendido como ninguna otra generación lo hiciera antes. Hemos aprendido a conocer al hombre en los campos de concentración, donde se le arrancó todo lo esencial, donde todo cuanto poseía una persona -dinero, poder, fama, suerte- desapareció: mientras que sólo quedaba, no lo que el hombre "tiene" sino lo que "es". Lo que quedaba era el hombre mismo, que en el calor abrasador del sufrimiento y del dolor se fundía en lo esencial, en lo humano en sí.13

Comencemos entonces pues, a preguntarnos que aporta la teoría logoterapéutica, desde su visión humanista-existencial a la cuestión de la violencia en general y al fenómeno del delito como desencadenante de esta.

En primer término Frankl lejos de abolir cualquier justificativo posible -sea este social, psicológico o biológico- de la conducta violenta -aunque no deja de reconocer los condicionantes de estos-, ubica en el mismo seno de lo humano, de su naturaleza, el fenómeno de la agresividad, en tanto ésta no lo desliga de la responsabilidad que como ser humano le compete, dado que somos antes que nada seres dotados de libertad.

Tanto el concepto de agresión de base psicológica, en el sentido del psicoanálisis de Sigmund Freud, como el de base biológica en el sentido de la investigación comparada del comportamiento de Konrad Lorenz, carecen de un elemento, a saber, del análisis de la intencionalidad, que es la que caracteriza el impulso vital del hombre en cuanto tal, en cuanto ser humano. En la dimensión de los fenómenos humanos no existe, sencillamente, la agresión que esté ahí, en una cantidad determinada, que presione por salir al exterior y me empuje a mí "como a su víctima desvalida" a dirigir la mirada a unos concretos objetos en los que al fin, descargar la agresión. Por mucho que la agresión tenga una performación biológica y un sustrato psicológico, a nivel humano puedo dejarla de lado, puedo hacer que se disuelva por saturación en otra cosa totalmente diferente: a nivel humano yo odio.14

Frankl sostiene que este odio que él enuncia, en oposición a la agresión, está intencionalmente dirigido a algo, a saber, a lo que se odie. Este odio al igual que el amor, son intencionales, y como tales están apoyados en una razón sobre la cual el ser humano actúa y no solo de una causa ya sea psicológica o biológica que lo cosifica como ser únicamente respondiente que actúa a decir de Frankl "a sus espaldas, por encima de su cabeza".

Mientras la investigación de la paz se limite a interpretar la agresividad como fenómeno subhumano y no extienda su análisis al fenómeno humano del odio, estará condenada a la esterilidad. El hombre no dejará de odiar sólo porque se le explique y se le convenza de que está dominado por impulsos y mecanismos. Este fatalismo ignora por completo que, cuando soy agresivo, no cuentan los mecanismos y los impulsos que hay en mi, que pueda haber en mi ello, sino que soy yo el que odio y que para esto no hay disculpas, sino responsabilidad.15

Frankl sostiene que hay un tabú para hablar de la vida como algo dotado del más mínimo sentido. Esto es cinismo y el cinismo es una enfermedad infecciosa. En lugar de inmunizar contra esta enfermedad, contra el nihilismo, en la actualidad se adoctrina a la juventud en términos de cinismo, biologismo y psicologismo, dentro del fatalismo de los genes y la educación. Borrando así la condición de ser humano libre y responsable. La libertad es sólo un aspecto del fenómeno total, y el otro aspecto es la responsabilidad.. Al respecto el mismo Frankl nos relata su experiencia con los internos de San Quintín.

También tuve el honor, el placer y la experiencia de conocer diversos casos de criminalidad en San Quintín. Allí nadie quería escuchar a un psicólogo o a un psicoanalista. "Todos los meses viene alguien de Los Angeles o San Francisco" -me dijeron- "pero no nos interesa escucharlo. Siempre vienen con la misma historia, diciéndonos que somos víctimas de la educación, de nuestros padres y nuestros genes, que realmente no somos responsables de nuestro destino". "No" -les dije- "ustedes son seres humanos, como yo, y como tales son libres y han tenido libertad para cometer un crimen. Son libres como cualquier ser humano; pero también responsables, como todo ser humano. Tienen que asumir esto: es decir, de aquí en adelante tienen la responsabilidad de cambiar para mejorar, y eso también es posible. No crean que yo estoy hablando desde una torre de marfil".16

La frustración de la voluntad de sentido suele compensarse mediante una voluntad de poder, en la que cabe su expresión mas primitiva la voluntad de tener dinero, pudiendo sobrevenir el delito para cubrir esta falta. Parece que la posición de Frankl respecto al fenómeno de la violencia es bastante clara y elocuente, pero hasta ahora nada sabemos acerca de sus posibles causales etiológicas. Sigamos avanzando en el tema. Frankl cita un estudio realizado por dos autores neocelandeses Black y Gregson, según los cuales los criminales, es decir, los agentes del delito, muestran índices de frustración existencial considerablemente superiores a los de la media de la población; en tanto que también cita a Robert Jay Lifton, estudioso y experto en este campo quien afirma "Los hombres se sienten inclinados a matar sobre todo cuando se hallan en un vacío de sentido"17.

Es este vacío de sentido y esta frustración existencial de los que habla Frankl los que junto a otros condicionantes, ya sean psicológicos, biológivos y sociológicos, actúan como con-causales18 del hecho delictual, así como de trastornos psicológicos.

Impacto perjudicial de lo que nosotros llamamos "vacío existencial" del hombre, es decir, el fruto de la frustración de la ya mencionada". La sensación de una falta de sentido total y definitiva de la propia vida (...) La capacidad específicamente humana de querer permanece vacía en la medida en que no se ha complementado todavía con su contrapartida objetiva, la de querer lo que yo debo. Lo que debo es sin embargo, es la actualización de valores, la realización de sentido concreto de mi existencia personal. El mundo del sentido y de los valores puede ser llamado con razón logos. Por tanto, el logos es el correlato objetivo del fenómeno subjetivo llamado existencia humana. El hombre es libre de ser responsable, pero el es el responsable de la realización del sentido de su vida, del logos de su existencia.19

Queda desnudada así la ontología moral de este sentido, donde el bien y el mal no se definirán en el sentido de algo que debemos o respectivamente no debemos hacer; el bien se reduce a lo que fomente al cumplimiento del sentido del ser, y consideraremos malo lo que impide este cumplimiento.

Frankl da un paso mas en la temática y aporta su consideración de una psicología preventiva al sostener esta búsqueda de sentido como generador de felicidad y por ende como preventiva de cualquier fenómeno delictual.

Si hemos encontrado el sentido, procuramos, por supuesto, sentirnos responsables por realizarlo. Esto constituye un factor básico de motivación existencial.

El sentido no sólo debe sino que también puede encontrarse, y a su búsqueda guía al hombre la conciencia. En una palabra, la conciencia es un órgano de sentido. Podría definírsela como la capacidad de rastrear el sentido único y singular oculto en cada situación(....) Sentido es, por lo tanto, el sentido concreto en una situación determinada. Es siempre el requerimiento del momento. Pero este requerimiento está a la vez siempre dirigido a una persona concreta. Y del mismo exacto modo que cada situación concreta es singular, de este mismo modo es también singular cada persona concreta.20

Podemos dar un paso mas hacia delante afirmando que la prosecuación de la felicidad, anhelo de todo ser humano, encierra una autocontradicción: cuanto mas nos esforzamos por la felicidad, menos la conseguimos, esta debe constituirse como un efecto secundario, es decir que deviene como añadidura cuando se ha hallado el sentido, sencillamente la felicidad ha de ser consecuencia de una buena acción o de una relación amorosa satisfactoria.

Estas son algunas reflexiones que Víctor Frankl nos ha dejado y que sin duda aportan una mirada que complementa a las anteriores, y que lejos de dejar al ser humano inherte frente a los condicionantes tanto internos como externos, le devuelve la libertad de poder sobrevolarlos (psicología de las alturas) y la responsabilidad de responder frente a sus acciones.

Creo que esta conclusión poco tendrá que ver con un cierre del tema, sino es más bien mi deseo que devenga en su opuesto.

Como de alguna forma lo imaginé cuando aún lo rumiaba en mi mente, el tema no es de fácil abordaje, y de hecho me resultó complejo el poder volcarlo en letras, seguramente debido a la gran cantidad de variables que en el hecho de la violencia se juegan y que en este trabajo intenté poner de manifiesto, aunque es factible de crítica, por ejemplo la elección de las variables que intervienen, el trato que se les dio a las mismas, la ausencia de otras variables importantes que guardan relación con el tema y que no fueron abordadas, entre sólo algunas críticas que imagino al trabajo.

En primer lugar, es necesario un punto de partida para comprender al individuo, un posicionamiento antropológico desde donde poder pensar al hombre, y es allí donde a mi entender la logoterapia genera un discurso diferente, donde los demás modelos cosifican el quehacer humano, ella le devuelve lo propiamente humano, su órgano de conciencia; donde los demás lo determinan, ella sin desconocer los condicionantes, le devuelve la libertad al hombre; y donde los demás colocan al hombre como un eslabón de cadenas de estímulos y respuestas condicionadas o producto de la resolución de una conflictiva inconciente, sexual, infantil y reprimida, la logoterapia le readjudica la responsabilidad de sus acciones.

Las verdades universales son incompatibles en la ciencia tal y como lo expresan los epistemólogos, y menos aún cuando el objeto y sujeto de estudio es el mismo hombre, pues en última instancia el hombre es un ser singular que sólo es accesible parcialmente a la ciencia y a sus métodos y de ahí que el dogma -como verdad que no se cuestiona- nada tiene que hacer en este terreno.

Técnicas y corpus teóricos poseen todos los modelos psicoterapéuticos, donde mas aún se evidencian un marcado "allegiance effect" (Luborsky 1996), ya que existe una fuerte tendencia por parte de los investigadores a encontrar evidencia a favor de la terapia que practican, generándose por esta vía hechos consistentes con la teoría, aunque de hechos tengan poco, y menos de solidez científica. El lugar logoterapéutico integra los conocimientos ya sean biológicos, psicológicos y sociológicos, de estos modelos pero a la vez eleva al ser humano a un estrato superior el espiritual-existencial (persona estratificada-mundo triple) otorgándole un estatus antropológico de elevación (psicología de las alturas). Y a decir de Frankl " el hombre es libre de responder a las cuestiones que le plantea la vida. Pero esta libertad no debe ser confundida con arbitrariedad. Debe ser interpretada en términos de responsabilidad. El hombre es responsable de dar la correcta respuesta a la pregunta, de encontrar el verdadero sentido de cada situación".

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