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viernes, 6 de julio de 2007

¿Sexo antes del Matrimonio?

Por mucho tiempo, a las mujeres nos han educado para que el primer hombre con el que tengamos relaciones sexuales sea nuestro marido.


Aquí hay tres problemas. Por un lado ¿quién dice que una mujer debe casarse necesariamente? Por otro, ¿debe encontrarnos nuestro compañero como si fuéramos niñitas inocentes o ya con cierta experiencia? Y por último, ¿es acaso que el deseo sexual aparece en la vida de una mujer hasta que se casa (lo cual nunca sucede a una edad definida)?

Una cuestión importante que no podemos pasar por alto es que los hombres, por su parte, son educados para todo lo contrario, mientras más sexo tengan, mejor. Como en toda nuestra cultura, la desigualdad salta a la vista. Pero el asunto es si ellos deben ser vírgenes o nosotras ser como ellos.

Tal vez no deberíamos llegar a esos extremos. Primero, hoy son cada vez más comunes las mujeres solteras e independientes, que les gusta su condición. Estas mujeres, ya adultas, se han decidido por un estilo de vida que las obliga a replantear el asunto de la virginidad. Por el simple hecho de que no se quieren casar ¿deben llevar una vida de castidad y nunca tener la experiencia sexual, o más bien deben ignorar toda la educación que han recibido y llevar una vida sexual activa?

Desde otro punto de vista, nos preguntamos si es sano que el compañero llegue al matrimonio con una gran experiencia y ella llegue a terreno totalmente desconocido. Más aún, ¿es recomendable que nos casemos sin conocer el comportamiento sexual de nuestro compañero? Muchos divorcios se dan porque no hay entendimiento sexual. Además, las mujeres tenemos derecho a conocer, así sabremos lo que queremos, y a la vez, seremos más capaces de brindar y sostener una relación sexual plena con un compañero.

Claro es innegable que la moral aquí juega un papel muy importante. De ella depende el hecho de que una mujer sea o no promiscua. Si lo es por escogencia no hay ningún problema, cada quien tiene derecho a decidir cómo vive. Por otro lado, una cosa es ser promiscuo y otra cosa no ser virgen. Pero no confundamos, ni cometamos el mismo error de miles que juzgan sin antes conocer las circunstancias. A veces un juicio moral detiene nuestro comportamiento más acertado y topamos con problemas.
Tomado de www.derf.com.ar

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