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martes, 2 de octubre de 2007

El suicidio, un problema ético y moral, espejo de la desintegración social

Actualidad


 
 
2-10-2007 - (08:02) (Especial - Por Alejandro Escuredo *) -
 
Lamentablemente el fin de semana pasado nos enteramos que falleció un adolescente por suicidio en nuestra provincia. No es este el único caso que se ha dado, y la problemática va tomando cada vez más características parecidas a una epidemia, en particular durante ciertos períodos del año.

    En los países latinoamericanos aún no hay estudios epidemiológicos que aborden el tema del suicidio, como sí los hay otros países.

    Esto conlleva que no podemos extrapolar conclusiones de otras culturas a las propias ya que el fenómeno no es sólo de orden psicológico sino que la sociedad tiene mucha incidencia en el tema.

    El suicidio tiene relación en la forma de sentir, de percibir la realidad, de creer y de vivir la desintegración social, lo cual es propio de determinada comunidad, ya sea país o región. Como ejemplo podemos citar el caso ocurrido la semana pasada sobre la comunidad aborigen guaraní que mediante sus caciques han decidido una cuarentena de contacto con la cultura del hombre blanco, al suicidarse tres adolescentes de su comunidad.

    El suicidio nace de estados extremos en los cuales el individuo deja de apreciar los vínculos que lo unen con la vida.

    Es importantísimo destacar que se observa el factor de contagio o imitación en estas conductas. La imitación, según la entiende Durkheim -sociólogo que se dedicó a estudiar el tema desde lo social- se da cuando un acto tiene como antecedente inmediato la representación de otro acto semejante, anteriormente realizado por otro, sin que entre esta representación y la ejecución se intercale ninguna operación intelectual implícita o explícita que se relacione con los caracteres intrínsecos de los actos reproducidos.

    Dentro de los factores a tener en cuenta se encuentran: el grado de contención familiar o social, que las personas se sepan tenidas en cuenta por otros significativos para ellos y no que deben serlo después de fallecidos.

    El suicidio varía en razón inversa al grado de desintegración de los grupos sociales de los cuales forman parte los individuos -desde una pareja hasta una institución-.

    Es importante mencionar que en todas las sociedades se observan muertes voluntarias y que la cantidad de las mismas no varía hasta tanto con cambie el estado de la sociedad.

    Obviamente el fenómeno del suicidio constituye un problema moral y ético tanto para la sociedad en la cual se produce como para las personas allegadas a la víctima y la víctima misma.

    El medio para paliar este fenómeno sería la educación, que si bien no crea la moral, es un reflejo de la misma. Se debe enseñar a los ciudadanos que cualquiera de nosotros puede aportar una escucha desde su lugar propio, poner una palabra, actuar como freno, acompañar esencialmente y ayudar a pedir ayuda.

    Es decir, intentar dar más consistencia a los grupos sociales, los que actualmente han perdido la forma de antaño, en lo que respecta al a grado de sanción, de parámetro conductual y componente moral, grado de contención. Factores todos que hace casi imposible que las personas se encuentren en un vacío incomprensible que empuje al suicidio.

    A modo de reflexión final, podría entenderse el suicidio como expresión de la miseria moral que reina en la sociedad actual -consumismo, individualismo, liberalismo, competitividad-.

    Pero también debe rescatarse que las personas aún no perdemos nuestro grado de autonomía y autodeterminación, y por lo tanto podemos rescatar valores como la solidaridad, dignidad, reconocimiento, etc. Y somos capaces y responsables de no bajar los brazos ante este problema o simplemente verlo pasar como un paisaje transitorio ajeno.

    * Psicólogo Hospital Regional Ushuaia
Tomado de www.botellaalmar.com.ar

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