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martes, 2 de octubre de 2007

Qué angustia: mi hijo es gay

Qué angustia: mi hijo es gay (Se habla de sexo)

Tener el pensamiento amplio y el sentir de avanzada no son condiciones suficientes para enfrentar con tranquilidad un tema que, a pesar de lo que se diga, sigue siendo tabú, como lo es la homosexualidad. Mucho más si el asunto toca a personas cercanas y qué no decir cuando ellas son familiares.

No me voy a referir a la pareja y menos a referenciar historias de sorpresitas in fraganti del marido en la cama con otro hombre o de la señora bien pillada en esas con una amiga íntima conocida desde el colegio. No. ¿Qué tal abordar algo tan delicado desde la posición de una madre?

Pues eso justamente, representado en una carta, es lo que me motiva a enfocarlo con esta mirada. Resulta que una lectora está al borde del colapso y siente que su mundo no tiene otra salida que el desespero porque descubrió, de manera accidental, que la pareja de su único hijo varón de 19 años es un señor entrado en los 40.

Nunca consideró anormal que su hijo desde pequeño no se relacionara con niñas, y lejos de pensar que esto fuera razón suficiente para preocuparse por algo que ella siempre consideró lejano: la homosexualidad en su familia. Tanto que incluso ahora se niega a aceptarlo, se siente frustrada, confundida y hasta engañada, porque su hijo no se lo contó a pesar de la confianza con la que lo crió.

Lo peor: está avergonzada, no sabe cómo tratarlo y mucho menos cómo hablar de eso con él.

No voy a posar de sabionda, pero me atrevo a tocar el tema poniéndome en sus zapatos. Para empezar, de manera enfática y respetuosa la invito a que levante la frente, su hijo no es menos ni es otra persona que la que siempre ha querido. No tiene por qué exponerle el tema de manera directa si no se siente preparada (deje eso en manos de un experto) y tenga presente que seguro su hijo está más angustiado que usted.

Es el momento de demostrar respeto y, por encima de todo, amor pero nunca convertido en tolerancia a regañadientes sino en aceptación plena sobre la premisa de que la inclinación sexual, sea cual sea, no representa nada anormal. Lo escandaloso lo imponen restricciones atávicas que usted está en la obligación de remontar.

Quienes tenemos que salir del clóset somos los pacatos que conformamos una sociedad no incluyente que cualifica el valor de la gente por el género de las personas con las que se acuestan y no por lo que son.

Señora, su hijo la necesita pero sin duda usted va a aprender más de él. No deje esto en manos de amigas ni de vecinas. Una asesoría profesional a la que asistan los dos les va a abrir un camino que transitarán con la tranquilidad que hasta hoy ninguno ha tenido. Al diablo la mojigatería: el amor sincero no tiene sexo. Hasta luego.

ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
estherbalac@yahoo.es

Tomado de www.eltiempo.com

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