Dr. César Alvarez Pacheco / cesar_ap@hotmail.com
La consideración social de la obesidad ha provocado que las personas marquen a los individuos obesos con diversos prejuicios que carecen de fundamentos racionales. Afortunadamente, el personal de salud prioriza la atención a estas personas cuando asisten a consulta a la institución o bien al consultorio particular, permitiendo que se acelere así el diagnóstico de algunas enfermedades, entre ellas: diabetes mellitus, hipertensión arterial, así como diversos tipos de cánceres.
La obesidad no es un fenómeno reciente; desde el paleolítico se le consideró como símbolo de la abundancia. La obra más conocida de esa era, «la Venus de Willendorf», representa una mujer obesa, lo que corresponde a un culto a la fertilidad y a la abundancia.
A través de la historia, la obesidad se ha considerado como símbolo de salud y prosperidad. Sin embargo, en la Grecia antigua, Hipócrates reconoció que la obesidad se acompañaba de otras enfermedades como la gota, por lo que sugirió que lo más recomendable era que las personas se alimentaran con moderación.
La obesidad se ha definido como un aumento en la proporción de tejido adiposo corporal; esta definición es simplista, ya que no explica las alteraciones metabólicas ni define la repercusión económica y social de las complicaciones que la acompañan. Existen grupos de investigación en México que se han preocupado por discernir las causas y tratamiento adecuado de la obesidad en contrapeso a grupos que desde hace varias décadas han lucrado con este problema.
Los anuncios comerciales en los medios de comunicación han difundido la idea errónea de que con bajar de peso la obesidad se resuelve, lo que da pie a la preferencia de las personas a utilizar tratamientos rápidos y sin esfuerzos para la disminución de su peso.
Aunque la obesidad es fácil de identificar, es sumamente difícil de definir en el aspecto psicológico. Esto nos puede llevar a una inevitable controversia, ya que supone enfrentar y asumir el hecho de que no existe una definición única, sino múltiples definiciones, que a su vez responden a la existencia de muy diversas teorías etiológicas (causales) de la obesidad, como son la teoría energética (ojo, no reforma energética), la neuroquimica, la genética, la celular, la endócrina y finalmente las psicológicas. Queda claro entonces que, cuando intentamos definir esta enfermedad, no basta centrarse en el organismo como sistema biológico, sino que es indispensable analizar los aspectos psicológicos, sociales y culturales que implica.
Durante muchos años se ha mantenido la teoría de que los obesos eran personas que tenían problemas de personalidad que aliviaban mediante la conducta de comer. Kaplan y Kaplan proponían que la sobreingesta es una conducta aprendida, utilizada por el sujeto obeso como mecanismo para reducir la ansiedad, pero es interesante saber que todavía no es clara la relación entre la obesidad y algún síndrome psicológico o conductual de características propias; por lo que ésta ha sido excluida de la clasificación de la American Psychiatric Association en el DSM-IV y por la OMS. Sin embargo, hay evidencia de alteración en la percepción y en la conducta de los sujetos obesos, por lo que se deben redefinir los problemas a los que se enfrenta un sujeto con exceso de peso importante.
En una muestra de personas de la población mexicana, se encuentra una clara relación entre obesidad y conducta alimentaría compulsiva en mujeres; además encontraron un factor común en hombres y mujeres que involucra variables que miden la preocupación por el peso y la comida, lo cual se conecta con la distorsión de la imagen corporal y el desarrollo de prácticas riesgosas asociadas a trastornos del comer; también se ha señalado que es más común encontrar alteraciones de la personalidad y problemas psiquiátricos en personas obesas que en las de peso normal. Entre las alteraciones referidas se encuentran la agorafobia, depresión mayor, fobia simple, bulimia y dependencia del tabaco. Así mismo, se han apreciado desórdenes de personalidad relacionados con conductas excéntricas, dramáticas, una elevada ansiedad, conductas de evasión y agresión.
Desde principios de este siglo se observó un incremento progresivo en el peso del individuo promedio. Las compañías diseñadoras de los aviones Boeing calculan un aumento de 9 Kg. por individuo, comparado con el de los primeros modelos construidos; diseñadores de vestidos, muebles y automóviles, tienen conocimiento de este incremento, por lo que modifican la estructura de los materiales que fabrican. Sin embargo, hasta el momento resulta imposible determinar si la obesidad provoca alteraciones específicas en la personalidad o son estas las que desencadenan la obesidad. La calidad de vida es un concepto que se ha reconocido desde 1960, sin embargo, en esa época había serios problemas metodológicos, por lo que los estudios realizados fueron anecdóticos. Definir y operar la calidad de vida es difícil; la variable es multidimensional, subjetiva y está relacionada a un constructor hipotético de lo que es calidad. Debido a la prevalencia mundial de esta enfermedad se le considera actualmente como una pandemia.
La obesidad es una enfermedad poco comprendida cuyas causas son complejas ya que involucra un sustrato genético y una influencia no despreciable del medio ambiente, y al igual que otras enfermedades crónicas, las estrategias de tratamiento deben de ser a largo plazo. Sin duda es deseable que expertos de cada país sugieran políticas adecuadas en el área de la salud, ya que afectan a todos los grupos de edad en donde varios sectores son involucrados, la responsabilidad implica desmitificar las creencias populares que pueden ser dañinas para el tratamiento. Así pues, el tratamiento con nuevos fármacos continuará como coadyuvante al plan de alimentación, la perspectiva podrá modificarse a medida que los estudios en genética cambien el paradigma actual, que aún es muy pobre.
La obesidad no es un fenómeno reciente; desde el paleolítico se le consideró como símbolo de la abundancia. La obra más conocida de esa era, «la Venus de Willendorf», representa una mujer obesa, lo que corresponde a un culto a la fertilidad y a la abundancia.
A través de la historia, la obesidad se ha considerado como símbolo de salud y prosperidad. Sin embargo, en la Grecia antigua, Hipócrates reconoció que la obesidad se acompañaba de otras enfermedades como la gota, por lo que sugirió que lo más recomendable era que las personas se alimentaran con moderación.
La obesidad se ha definido como un aumento en la proporción de tejido adiposo corporal; esta definición es simplista, ya que no explica las alteraciones metabólicas ni define la repercusión económica y social de las complicaciones que la acompañan. Existen grupos de investigación en México que se han preocupado por discernir las causas y tratamiento adecuado de la obesidad en contrapeso a grupos que desde hace varias décadas han lucrado con este problema.
Los anuncios comerciales en los medios de comunicación han difundido la idea errónea de que con bajar de peso la obesidad se resuelve, lo que da pie a la preferencia de las personas a utilizar tratamientos rápidos y sin esfuerzos para la disminución de su peso.
Aunque la obesidad es fácil de identificar, es sumamente difícil de definir en el aspecto psicológico. Esto nos puede llevar a una inevitable controversia, ya que supone enfrentar y asumir el hecho de que no existe una definición única, sino múltiples definiciones, que a su vez responden a la existencia de muy diversas teorías etiológicas (causales) de la obesidad, como son la teoría energética (ojo, no reforma energética), la neuroquimica, la genética, la celular, la endócrina y finalmente las psicológicas. Queda claro entonces que, cuando intentamos definir esta enfermedad, no basta centrarse en el organismo como sistema biológico, sino que es indispensable analizar los aspectos psicológicos, sociales y culturales que implica.
Durante muchos años se ha mantenido la teoría de que los obesos eran personas que tenían problemas de personalidad que aliviaban mediante la conducta de comer. Kaplan y Kaplan proponían que la sobreingesta es una conducta aprendida, utilizada por el sujeto obeso como mecanismo para reducir la ansiedad, pero es interesante saber que todavía no es clara la relación entre la obesidad y algún síndrome psicológico o conductual de características propias; por lo que ésta ha sido excluida de la clasificación de la American Psychiatric Association en el DSM-IV y por la OMS. Sin embargo, hay evidencia de alteración en la percepción y en la conducta de los sujetos obesos, por lo que se deben redefinir los problemas a los que se enfrenta un sujeto con exceso de peso importante.
En una muestra de personas de la población mexicana, se encuentra una clara relación entre obesidad y conducta alimentaría compulsiva en mujeres; además encontraron un factor común en hombres y mujeres que involucra variables que miden la preocupación por el peso y la comida, lo cual se conecta con la distorsión de la imagen corporal y el desarrollo de prácticas riesgosas asociadas a trastornos del comer; también se ha señalado que es más común encontrar alteraciones de la personalidad y problemas psiquiátricos en personas obesas que en las de peso normal. Entre las alteraciones referidas se encuentran la agorafobia, depresión mayor, fobia simple, bulimia y dependencia del tabaco. Así mismo, se han apreciado desórdenes de personalidad relacionados con conductas excéntricas, dramáticas, una elevada ansiedad, conductas de evasión y agresión.
Desde principios de este siglo se observó un incremento progresivo en el peso del individuo promedio. Las compañías diseñadoras de los aviones Boeing calculan un aumento de 9 Kg. por individuo, comparado con el de los primeros modelos construidos; diseñadores de vestidos, muebles y automóviles, tienen conocimiento de este incremento, por lo que modifican la estructura de los materiales que fabrican. Sin embargo, hasta el momento resulta imposible determinar si la obesidad provoca alteraciones específicas en la personalidad o son estas las que desencadenan la obesidad. La calidad de vida es un concepto que se ha reconocido desde 1960, sin embargo, en esa época había serios problemas metodológicos, por lo que los estudios realizados fueron anecdóticos. Definir y operar la calidad de vida es difícil; la variable es multidimensional, subjetiva y está relacionada a un constructor hipotético de lo que es calidad. Debido a la prevalencia mundial de esta enfermedad se le considera actualmente como una pandemia.
La obesidad es una enfermedad poco comprendida cuyas causas son complejas ya que involucra un sustrato genético y una influencia no despreciable del medio ambiente, y al igual que otras enfermedades crónicas, las estrategias de tratamiento deben de ser a largo plazo. Sin duda es deseable que expertos de cada país sugieran políticas adecuadas en el área de la salud, ya que afectan a todos los grupos de edad en donde varios sectores son involucrados, la responsabilidad implica desmitificar las creencias populares que pueden ser dañinas para el tratamiento. Así pues, el tratamiento con nuevos fármacos continuará como coadyuvante al plan de alimentación, la perspectiva podrá modificarse a medida que los estudios en genética cambien el paradigma actual, que aún es muy pobre.
Tomado de www.termometroenlinea.com.mx


No hay comentarios.:
Publicar un comentario