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martes, 10 de julio de 2007

¿Por qué angustia que se termine el fin de semana?

Por Andrea Sambuccetti 
Cuando la tarde alcanza al domingo o a los feriados que alargan el descanso, sobrevienen estados de desasosiego, depresivos y de profunda tristeza en algunos casos. ¿Es normal?

La "depre-dominguera" es un clásico repetido que no respeta edades ni experiencias o rubros laborales. El entristecimiento la tarde anterior a retomar la actividad que sostiene la vida de alguien es algo que puede ser compartido por las más diversas personas en las más diversas situaciones.

El mismo domingo o aquel feriado que todos refieren que "parece domingo" cambia el ritmo y la estética de toda una ciudad y son demasiados los que "se bajonean" como para pensar que se trata de una simple casualidad o que podría darse en una jornada cualquiera, no festiva.

¿Es la pérdida de la libertad aquello que provoca el duelo? ¿Lo que angustia es volver a la actividad? ¿Qué resulta tan poderoso para alcanzar el estado anímico de tantos?

"Es un hecho que al 'fin de semana' se lo unifica en una nueva palabra: 'finde'. La pregunta es ¿'fin-de' qué? Lo que muestra que lo que está faltando es un corte, el impasse. Es que justamente no se puede 'parar' durante el 'finde' y en lugar del ocio, aparece la depresión", opinó la Lic. Esther Any Krieger, psicóloga, coordinadora del Capítulo de Psicoanálisis y Patologías Actuales de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

"Lo que cambió es la relación del sujeto con el trabajo. Con la globalización el trabajo no es lo mismo que antes, ya no se trabaja en el mismo lugar toda la vida y hay incertidumbre con respeto al futuro. Este 'finde' condensaría una imposibilidad de corte entre el viernes y el lunes por el mismo temor a la pérdida de trabajo. La gente sigue enganchada al trabajo y se promete a sí misma que el próximo 'finde' sí lo va a disfrutar", explicó.

¿Cuál es la razón de la angustia? "Todo eso", respondió Krieger, quien apuntó que "el mandato bíblico indica que el séptimo día es el día del descanso de Dios. ¿Qué nos pasa a los humanos? Este mandato que nos ordena descansar, en esta sociedad de consumo basada en el trabajo, nos produce culpa, la que a su vez nos conduce a la búsqueda de castigo, que es la depresión".

En la era industrial, el mundo en el que una persona vivía podía controlarse: se sabía qué ocurriría cada día y cómo terminaría y la empresa donde cada cual se desempeñaba servía para planificar no sólo toda una carrera sino la vida misma. El placer resultaba pospuesto para el futuro: se debía ahorrar para disfrutar más adelante. Por eso, el lunes no implicaba un riesgo sino retomar lo rutinario.

En los tiempos contemporáneos, post-industriales, en la llamada "Sociedad de la Información" por la aceleración de las comunicaciones, el fenómeno de lo global y los adelantos tecnológicos, ocurre que nada es previsible, el cambio es permanente, el mundo poco controlable y el día es tan dinámico que no puede adivinarse. El consumo es inmediatista aunque siempre insatisfecho y predispuesto a realizarse en un futuro, también inmediato.

"Antes el trabajo implicaba una relación de por vida, la persona podía jubilarse en ese mismo trabajo y se podía descansar. El 'sabbath' tenía que ver con la reclusión y la introspección, y servía para saber algo de uno mismo: esto se perdió no hay más tiempo de reunirse con amigos, con la familia, inclusive a veces se trabaja el fin de semana también, para no perder el trabajo o porque el trabajo no alcanza. La relación del sujeto con el trabajo hoy es muy distinta a la que existía antes, cuando la depresión podía ser por el encuentro con uno mismo, con estados irresueltos", añadió la psicóloga.

Ahora, ¿por qué esto mismo lo viven los niños, que no trabajan? Porque este estado angustioso del adulto encuentra sus raíces en la más profunda infancia. Cuando un chico llora porque va al colegio y se separa de su madre, sabe el día anterior -cuando está con ella, o sea, el domingo- que esto le ocurrirá el lunes y se anticipa a esa sensación

En la actualidad "estamos bajo el imperio de la ley de la no pertenencia y de la incertidumbre. A modo de conclusión: el 'finde' es la tristeza por la pérdida. El domingo se construía con reuniones familiares. Hoy se relaciona con el alejarse del lugar de producción, hay una ansiedad de volver el lunes para verificar que no se perdió el lugar. Cuando esto ocurre, entonces, uno se da cuenta de que perdió el disfrute del fin de semana y se forma la ilusión de que hubo cosas que no se pudieron hacer y que se disfrutará el próximo".

El "disfrute" aparece entonces como un efecto "après coup". "Hay sujetos que lo padecen más que otros porque tienen dificultades con la separación", dijo.

El domingo, que no es "el día", sino lo que implica ese día, tiene la capacidad de transformarse en otro día cualquiera de la semana, por ejemplo hoy, que es feriado y es lunes. Y si bien no hay estadísticas que así lo digan, es ciertamente alarmante la gran cantidad de gente que "lo odia".
Tomado de www.infobaecom

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