06/07/2007 14:25:52 Bilbao, mayo de 2007.- El riesgo que tiene una persona a lo largo de su vida a padecer un episodio depresivo grave oscila entre el 5 y el 17% de probabilidades y, además, es doblemente frecuente en las mujeres. Así lo explicó Lourdes Fañanás, profesora de la Universidad de Barcelona y Honorary Senior Lecturer en el Instituto de Psiquiatría de Londres, durante su conferencia "Factores de riesgo en depresión: aspectos genéticos de interés en el curso y respuesta al tratamiento farmacológico". Tal y como señala la experta, "los aspectos genéticos, junto a factores ambientales, hacen que una persona sea más vulnerable a padecer una depresión y explican también la forma en que alguien responde a los tratamientos farmacológicos. La depresión es una enfermedad genéticamente compleja", asegura, "donde intervienen experiencias vitales que interactúan con factores biológicos y genéticos de vulnerabilidad". "Las experiencias tempranas de la infancia pueden modificar aspectos biológicos de relevancia para responder al estrés, como el número de receptores neuronales del cerebro en zonas como el hipocampo, y cuando el adulto se enfrenta a una situación similar es cuando se manifiesta esa vulnerabilidad", explica. Así, "la comprensión de cualquier característica compleja del ser humano no será posible sin considerar simultáneamente el efecto de genes y ambiente, entendiendo este último en su sentido más amplio". Aunque los estudios genéticos todavía no han permitido esclarecer las bases moleculares de la depresión, la experta afirma que existe cierto grado de variabilidad genética en genes del sistema serotoninérgico que parecen contribuir al riesgo para esta enfermedad. "Los factores genéticos moleculares que empiezan a conocerse están relacionados con la capacidad y plasticidad de reacción del sistema serotoninérgico", apunta Lourdes Fañanás. Un factor ambiental, es decir, cambios o experiencias vitales que suponen una pérdida para la persona -por ejemplo, una ruptura amorosa, un cambio de domicilio, perder el trabajo o incluso la jubilación- pueden desencadenar un episodio depresivo grave. "Se trata de vivencias que afectan a personas vulnerables y que provocan un cuadro biológico de tristeza acompañados de pensamientos de culpabilidad y desesperanza", apunta Fañanás. Además, estos síntomas van acompañados de cambios biológicos, como insomnio, pérdida del apetito, cansancio o alteraciones motoras. "Una persona que atraviesa un episodio depresivo grave no tiene fuerzas ni para levantarse de la cama", apunta la experta. "En esos momentos debe intervenirse médicamente y posteriormente, cuando su estado se lo permita, acompañarla en la recuperación de lo que era, hasta el momento de la depresión, su estilo de vida habitual". Para identificar una depresión los síntomas que presenta la persona deben ser permanentes en el tiempo, un mínimo de dos semanas, y que en ese periodo no remitan las alteraciones. "Alguien que atraviesa una depresión no es capaz de disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como estar en compañía de sus amigos, ya que el impulso vital desaparece", explica Fañanás. Y es que, en un episodio depresivo cualquier pequeño acontecimiento de la vida o simplemente la rutina habitual de asearse y realizar las tareas cotidianas se pueden convertir en una fuente brutal de sufrimiento. Ante una situación de este tipo, la experta recomienda acudir al médico de Atención Primaria, un profesional "perfectamente capacitado" para identificar, diagnosticar y tratar un episodio depresivo. "Es muy importante que los familiares detecten la enfermedad y lleven a la persona al médico, ya que el paciente en ocasiones no es capaz de reconocer su estado", insiste. Acerca del tratamiento, Fañanás apunta que la medicina dispone de nuevos fármacos antidepresivos eficaces para la depresión y que causan pocos efectos secundarios. "Estos fármacos deben tomarse siempre bajo prescripción médica, en una dosis y un durante un tiempo suficientes". "Para que empiecen a desaparecer los síntomas depresivos hace falta un mínimo de entre cuatro y seis semanas". En este sentido, Lourdes Fañanás apunta que "los factores genéticos individuales explican una pequeña parte de la respuesta que tiene cada persona al tratamiento farmacológico, ya que no todas las personas responden exactamente igual a ningún fármaco que actúa sobre el sistema nervioso central; esto es debido a características genéticas individuales que pueden afectar al funcionamiento de algunos receptores neuronales sobre los que actúan dichos fármacos". Simultáneamente al tratamiento farmacológico, la experta hace hincapié en la importancia de llevar a cabo un tratamiento psicoterapéutico que permita a la persona reconocerse en su forma de ver y vivir la realidad para poder modificar los aspectos esenciales y reconstruir su relación con él mismo y con el mundo. |
Tomado de www.buscasalud.com


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