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El hombre, animal mamífero, vertebrado, multicelular, originado humildemente en el primigenio del hidrocarburo, es indiscutiblemente un ser contradictorio. Esa contradicción le permitió construir civilizaciones deslumbrantes que demandaron milenios de esfuerzos que no vaciló en destruir en meses o días. Herencias culturales como la de los Hititas, cretenses, aztecas, incas etc. han dejado apenas sus leyendas; la realidad cultural de estos pueblos desapareció barrida por el odio o los intereses de otros pueblos.
Al decir de Silvia Drei, el pasado histórico de la humanidad atestigua al hombre como especie constructiva-destructiva. ¿Por qué destruye el hombre? Guerras, homicidios, drogadicción, atentados terroristas, secuestros, una y mil caras de la violencia ¿es necesaria a la evolución humana? ¿a la adaptación de la especie? Nuestra época que algunos la llaman "Edad de la ansiedad" no es ajena a esta constante humana: dos paralelas alarmantes nos colocan en la reiterada disyuntiva: por un lado el gran adelanto técnico-científico nos proyecta a los umbrales cósmicos, por otro un índice elevadísimo de delincuencia, crimen, reacciones acompañadas de destrucción nos sumergen en el interior caótico del hombre. Sobre estas dos paralelas aletea sombría, una siempre posible guerra o atentado en algún punto de nuestro planeta.
En nuestro país, donde abunda lo bueno y lo malo, hace tiempo que se proclaman medidas preventivas y curativas para enfermedades o estados originados en la "edad evolutiva", es decir desde el nacimiento hasta los l8 o 19 años aproximadamente. Sin embargo la violencia no solamente continúa sino que crece cada día.
Lo que está ocurriendo últimamente en las canchas de fútbol y fuera de ellas -citando solamente un ejemplo- no tiene nombre. ¿A qué se debe? ¿Qué elementos influyen para que prosperen a pasos agigantados el furor, el arrebato, la agresividad y no puedan ser contenidos? ¿A caso el problema tenga sus orígenes en el seno familiar donde prácticamente ya no existe el diálogo? ¿Influencias de la televisión donde cotidianamente la violencia se instala en millones de hogares y las expresiones de horror y crueldad son consumidas por niños y adolescentes? ¿Leyes que estando no se cumplen? ¿Crisis de autoridad? ¿Extremo de permisividad y dejar hacer? ¿Intereses creados? Sociólogos, políticos y autoridades aportan y contribuyen con posibles soluciones disímiles, pero coinciden en buscar la clave del proceso en esferas próximas a factores sociales, ideológicos y económicos.
Lo enunciado tiene una causal inesperada el exceso de adrenalina colectiva, la necesidad de aliviar esa carga mediante una multitudinaria iracundia al aire libre. Sirve además para rotular un malestar imposible de definir adecuadamente las tensiones en las gentes de hoy, una mezcla de ansiedad, desequilibrio y enajenación que viaja al dorso del término "Stress". Este puede generar reacciones extrañas y la amenaza de un peligro puede producir más que miedo, y descarga "algo" que no paraliza a la persona , sino que la exalta y la predispone a mayores riesgos, a canalizar por otras vías, todos los frutos cosechados en su corrosivo estado de tensión. Pero la civilización regla su conducta, reprime ese desahogo y la violencia inicial transforma al vehemente en una víctima de su propio organismo. Proclamamos la paz, la cooperación, la justicia, el amor, la tolerancia, el respeto al prójimo pero caemos en la absurda contradicción de ofrecer a niños y jóvenes, dosis masivas de brutalidad, malos ejemplos y hechos de la vida diaria que acostumbran al espectáculo de las ruindades humanas y ostentan el trágico mérito de llevar el incendio a la casa de cada uno, preparando a niños y jóvenes inclusive a adultos para las llamaradas de la violencia.
En tanto los científicos trabajan y se invierten millones de dólares en investigar el espacio para que, en un futuro el ser humano pueda habitar otros mundos y mejorar el medio de vida de futuras generaciones, también el hombre ha volcado a los medios las guerras interplanetarias, tanto como para no extrañar allá lo que nos sucede aquí. Nuestra llamada "edad de la ansiedad" es época de conocimientos, de adelantos científicos, pero de poco nos servirá el intrincado mundo cósmico si hacemos de nuestros niños y jóvenes de hoy, lamentables crónicas policiales de mañana. |
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