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martes, 10 de julio de 2007

Usted me incomoda

 

Un tres por ciento de las trabajadoras de la Unión Europea sufre acoso sexual. Esta cifra aparentemente exigua afecta a casi dos millones de mujeres en las que genera insatisfacción laboral, absentimo, menor productividad y desmotivación.

Muchas veces se confunde la frontera entre ligar y acosar. La diferencia principal está en cómo lo vive el destinatario: en cuanto aparece la sensación de desagrado o no se tolera el contacto, físico o verbal, se entra en el terreno del acoso sexual. A veces, no se le da importancia, pero la acumulación de hechos acaba creando ambientes insoportables. El acoso sexual supone una desviación de la conducta laboral. Aunque no es nada nuevo, a medida que la mujer se ha incorporado al mercado laboral ha ido sucediendo con más frecuencia.

En algunos casos se justifica con razones de índole cultural ("¡Cómo somos los latinos!") y en otras biológico ("Los hombres somos así"). Lo cierto es que en una sociedad avanzada, en la que existen unas reglas para el funcionamiento social y colectivo ampliamente aceptadas, no tienen cabida estas actitudes que nos acercan tanto a los primates. Hace poco, un conocido me contaba que se había encontrado con una demanda judicial por la que una empleada le exigía responsabilidad en un caso flagrante de acoso sexual. Esta compañía, con 45 empleados -dos mujeres-, distribuye mercancías para otras empresas.

El problema empezó cuando se contrató a una joven para hacerse cargo de la recepción de mercancías. Esta empleada, de veintitrés años, fue desde el primer momento objeto de comentarios jocosos por parte de la mayoría de los hombres. En la empresa no estaban acostumbrados a contar con compañía femenina y esto supuso una revolución. Siempre había un componente sexual en la relación profesional con sus compañeros.

El asunto era conocido por todos, incluso por el gerente, mi amigo. Pero no le daban mayor importancia. De los comentarios ofensivos, se pasó a los mensajes obscenos por correo electrónico y en algunos casos a un contacto físico sutil. La empleada, siguiendo los consejos del gerente (al que había expuesto su malestar en una ocasión), optó por aguantar un poco más. Necesitaba el trabajo y no quería perderlo.

Resistió con estoicismo hasta que un día, al abrir su correo electrónico, se encontró con un mensaje enviado a varios compañeros que por error le había llegado a ella. Se escandalizó al observar atónita un montaje fotográfico de índole pornográfico en donde habían puesto su cara a una de las chicas que aparecían en la foto. Entonces fue cuando recogió sus cosas, abandonó el lugar de trabajo y se fue directamente a interponer una demanda por acoso sexual que acusaba a su gerente de connivencia con el delito.

Lo primero que hay que analizar en este caso es la cultura de la compañía. No basta con echar la culpa a los protagonistas. Es sabido que las organizaciones con un ambiente eminentemente masculino son más proclives a sufrir situaciones de acoso sexual. Sin embargo, esto no puede justificar tales comportamientos. Es más, debería ser estímulo para poner en marcha los mecanismos adecuados y evitar que ocurra. El impacto que este tipo de acoso tiene sobre la organización va más allá de lo judicial. Genera insatisfacción laboral, falta de implicación, absentismo, menor productividad y falta de motivación.

Queda claro que la mejor manera de evitar estas situaciones es a través de la prevención. Para ello, es fundamental:

-Una declaración de la compañía en la que ponga de manifiesto su compromiso para que no se den este tipo de comportamientos.

-Comunicar de forma clara y efectiva la política de la empresa a este respecto.

-Definir de manera explícita e inteligible qué significa acoso.

-Establecer procedimientos sobre qué pasos se deben seguir en caso de que ocurra.

-Poner en marcha mecanismos de protección para la víctima, para evitar posibles represalias tras la denuncia.

-Designar una persona para que ofrezca consejo y ayuda a las profesionales acosadas.

-Mecanismos de investigación que garanticen el respeto a los implicados.

-Seguramente, mi amigo no tendrá más remedio que afrontar un juicio y abonar una indemnización a todas luces merecida.

 

Tomado de www.expansionyempleo.com

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