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martes, 2 de octubre de 2007

No somos tan libres como nos creemos

Francisco José Arnaiz S.J. - 8/25/2007
 

Nos ufanamos de ser capaces de hacer lo que nos da la gana, pero ¿somos tan libres como nos creemos?.

La realidad es que el ejercicio de nuestra cacareada libertad está subordinado a una serie de condicionamientos internos y externos que limitan notablemente, aunque no la eliminen, esa capacidad humana.

Hemos dicho condicionamientos internos en primer lugar.

En el ser humano se producen, al margen de la conciencia, ciertas situaciones fisiológicas y diversos impulsos psicológicos que afectan  fuertemente la libertad. Ambas pertenecen al mundo del inconsciente y del subconsciente.

En general llamamos inconsciente al conjunto de actividades que se realizan en el ser humano sin que éste tenga conciencia de ello. Es el caso de las funciones fisiológicas de todo el sistema glandular y nervioso que, sin llegar a las zonas conscientes del espíritu, actúan continuamente en la vida psíquica provocando alteraciones de tipo afectivo y sentimental que repercuten seriamente en el estado de ánimo del ser humano y originan situaciones imprevistas de exaltación o de depresión.

Todos admitimos que estas situaciones influyen en el dominio de nosotros mismos, que es a lo que, en última instancia, se reduce la libertad considerada como autodeterminación de la voluntad.

El conocimiento del subconsciente se lo debemos a Freud. Se trata de una zona psíquica en la que, al margen de la conciencia, se acomodan ciertos acontecimientos, ideas y sentimientos que actúan después sobre el ser humano. Unas veces este fenómeno se produce espontánea e inconscientemente y otras por rechazo o represión consciente. Ante algo que es o se le antoja desagradable, indeseable y reprochable, el individuo no lo acepta, lo quiere olvidar, destruirlo. y queriéndolo o sin querer lo envía al subconsciente, donde permanecerá activo al margen de la voluntad.

Están también las llamadas "imágenes subliminales" que son introducidas en la subconciencia por agentes externos, extraños al propio individuo.

En ciertas películas, cortos publicitarios, programas televisivos y vida ordinaria se introducen  en nosotros ciertas imágenes de tan corta duración que no son percibidas por la conciencia, pero que, no obstante, entran en la zona de la subconsciencia y desde ella ejercen un indiscutible influjo sobre la voluntad del individuo, inclinando o moviendo su capacidad decisoria con mayor fuerza frecuentemente que las imágenes conscientes, por no estar sometidas, por subconscientes, a su discernimiento.

Todas estas energías subconscientes condicionan efectivamente la actuación de la libertad humana, orientando e incluso forzando la elección.

Pero hay más. El conocimiento del fin, como factor imprescindible del acto libre, manifiesta la relevancia del condicionamiento de la conciencia en el ejercicio de la autodeterminación. No hay verdadera libertad humana si no hay conocimiento.

Y por esta razón crece la libertad en el individuo a medida que crece en él la conciencia con la ampliación de sus conocimientos y con la formación de su propio criterio personal que le permite enjuiciar rectamente cosas y personas, palabras y acciones. En consonancia con esto pesa mucho en el ejercicio de la libertad la educación recibida, la capacitación adquirida, el historial de la propia vida y el cúmulo de experiencias positivas y negativas que acarrea el diario vivir.

En última instancia, la vida de la libertad se nutre de los conocimientos del sujeto, de sus experiencias vividas y del desarrollo de su conciencia. Por esto, la ignorancia y la irreflexión constituyen el máximo impedimento para ser uno realmente libre.

Se entiende así el interés que han manifestado siempre los regímenes opresivos por mantener en la ignorancia e irreflexión a las grandes masas, o por dirigir y orientar sus conocimientos y reflexiones de modo que inclinen las decisiones de las voluntades de sus súbditos hacia la actitud conformista y a la aceptación ciega de cuanto se les diga y se les imponga.

Además de estos condicionamientos internos existen también condicionamientos externos de la libertad humana.

El ejercicio de la libertad solamente es posible dentro de los marcos sociales que impone la sociedad concreta en la que se inserta e integra el individuo. La sociedad actúa principalmente sobre la libertad de los individuos de dos maneras.

La primera manera es poniendo condicionamientos precisos para que el ser humano pueda obrar libremente.

Como esos condicionamientos, sin embargo, varían de una a otra sociedad, resulta que los miembros de una sociedad cuentan con más libertad que los miembros de otras sociedades.  

La segunda manera es estableciendo límites y obstáculos a la libertad. De acuerdo con esto, la sociedad hace posible y al mismo tiempo limita el ejercicio de la libertad.

Es importante resaltar que los condicionamientos sociales afectan tanto a la libertad de coacción como a la libertad de necesidad.

El carácter coactivo del derecho crea necesariamente el condicionamiento social de la libertad de coacción o libertad externa. Su ejercicio queda reducido a los límites que impone la ley y está en todo momento sujeto a ellos.

Dentro de un Estado de Derecho, la determinación de esos límites es precisamente la que hace posible la convivencia social. En este sentido, la intervención de los poderes ejecutivo y judicial (para que un abuso de la libertad no traspase los límites establecidos) entra de lleno en todo ordenamiento jurídico.

Surge, sin embargo, un grave problema a la hora de fijar concretamente los límites legales en los que debe desenvolverse la libertad humana. Están por medio los derechos fundamentales del ser humano que deben respetar siempre tanto el poder público como la sociedad, cosa que no siempre sucede.

Respecto a la libertad de necesidad, el grado de civilización y cultura alcanzado impide hoy, en el primer mundo y en buena parte del tercero, el despliegue descarado de fuerzas coercitivas que limiten o impidan el ejercicio de la libertad externa del ser humano. Esto no obstante, el poder público y los poderes sociales sobre todo, se sirven sutilmente de ciertas tácticas suasorias que lo que buscan  es forzar la decisión o la elección de la libertad interna del ser humano. Entre estos métodos suasorios hay que destacar la moda, la publicidad, los medios de comunicación social y los medios de información.

La moda no sólo afecta el modo de vestir sino también el modo de pensar, el modo de sentir, el modo de actuar y el modo de desenvolverse en la sociedad. La moda es un instrumento eficaz para imponer la personalidad propia a los otros, y constituye hoy la más evidente manifestación del comportamiento gregario. Los cambios de moda, en la actual cultura del consumismo, no son espontáneos sino bien pensados y dirigidos con el fin de obtener los mayores beneficios económicos.

El medio formidable para impulsar los cambios en la moda es la publicidad. Su importancia es tal que puede asegurarse que, ante ella, el público o la masa de ciudadanos se encuentra bastante indefensa. Valiéndose de todos los recursos técnicos, psicológicos y sociológicos modernos; la publicidad posee tal fuerza persuasiva que casi acaba por anular la libertad interna del ser humano en muchos aspectos de su vida.

El Concilio Vaticano II, para evitar el mal que los medios de comunicación pudieran ocasionar a la comunidad política recomienda que la información sea verdadera e íntegra, proponiéndose formar y extender una recta opinión pública.

Sucede, sin embargo, no pocas veces que los medios de información y comunicación, controlados por los grupos de presión o de poder público o económico son manipulados para servicio de  fines particulares, no siempre honestos.

De este modo, en vez de formar una opinión pública la deforman y en vez de una información verdadera e íntegra la dan parcial o falseada. En esta situación de control y manipulación, la libertad humana interna sufre todo el rigor de los condicionamientos y limitaciones que en la actualidad impone un aparato tan poderoso como es el de los medios de información y comunicación.

 
Tomado de www.listindiario.com.do

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